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De boludo viene la mano...
Luis Dufuur

Cuando asistía a la  escuela, la maestra nos enseñaba con dulce  gestualidad las cualidades que adornaban a  los orientales. Decía que los uruguayos (orientales) eran solidarios, respetuosos, correctos, amables, serviciales, educados e inteligentes. La maestra nos enseñaba el sano espíritu oriental,  nos decía que el himno uruguayo,  después de la Marsellesa era el mejor del mundo.  Yo aprendí lentamente esas cosas, y de a poco  fui viendo en qué  orientales  estaban todas esas categorías mostradas por la señorita maestra (como dice Nasser). Desde esos días hasta hoy  trato de entender y comprender al uruguayo, en todos sus maravillosos actos. Bajo el lema “los otros son unos giles”, el uruguayo cree entender y saber de todo, y sobre cualquier tema. Esto lo hace aparecer como un tipo inteligente, culto, lúcido y hasta  despierto (como decía la maestra,  “una lumbrera”). Pero es difícil ver en el  oriental  esas categorías a la luz de los sucesos que se dan en el ámbito público. La realidad ajusta el lente y aquello que me enseñaron los maestros queda en el deseo y parecer ser que no hay tanto uruguayo con las cualidades que enseñaban.

Siempre se ha dicho en la Universidad de la Calle1 que al Uruguay le faltan bobos, que vivos hay de sobra. Si bien  es difícil probar esta premisa,  lo cierto es que otras categorías del espíritu oriental han germinado con el paso del tiempo. En realidad no sé si han germinado o son más aceptadas por el pueblo uruguayo. Me refiero a la categoría de boludo y de pelotudo. Parecen conceptos similares  pero no lo son. No es lo mismo ser boludo, que pelotudo.  El primero tiene esa cosa de tonto irrecuperable, se lo toma para la chocota,  siendo el  hazmerreír de las fiestas. El pelotudo es distinto, es otra cosa, es más inteligente, la pasa bien, se hace  el gilastro pero no es ningún papa madre.

Me detendré en el boludo.  Es una categoría de individuo que hasta hace  poco tiempo  pasaba desapercibido, salvo en fiestas de cumpleaños familiares, en donde es quien organiza el juego del teléfono descompuesto, o en alguna despedida de fin de año, en las cuales  es el centro de bromas, y cito el caso de colocarle  mucha pimienta a la ensalada rusa. Es inofensivo  por antonomasia, es muy manso, le podés acariciar el lomo y colocarle el cartelito con chicle que dice. -soy puto-, es muy  servicial, lindando con lo alcahuetería; no me imagino a ningún boludo piloteando los aviones que se estrellaron contra la Torres Gemelas, por ejemplo.

Hoy el boludo está de moda, ha conquistado espacio, tiene un lugar privilegiado en la sociedad, se lo premia, es un tipo distinguido. “La tasa de boludos según la Universidad de la Calle se ha incrementado en forma alarmante”, eso lo sostienen los pelotudos que ven amenazado su lugar en la sociedad. Si los  vivos se fueron, los bobos no existen, y el pelotudo se hace el gil (por ahora), tenemos como resultado de esta sencilla ecuación, que el pelotudo cotiza  en alza en la de la bolsa de valores. “Antes te cambiaban ocho boludos por un pelotudo, pero ahora la relación es tres a uno y ese cambio te sale más caro que alimentar  a un burro o a un idiota a galletita Solar.” (Juicios que  pronuncia la gente  en la Universidad de la Calle)

Por lo tanto el boludo es una categoría que va a más. Hoy más que nunca podemos ver una colección de boludos interminable en el programa televisivo Distracciones2.  Es digno ver la destreza y capacidad que tiene el  boludo para desarrollar  tareas que solo él puede hacer, como como chiflar y comer gofio, o chiflar mientras le hacen una morta.  Eso es para el boludos de verdad, tipos duchos en la boludez, que se prepararon día y noche para tales esfuerzos. Después de la tarea el premio, un premio de acuerdo a toda la boludez desplegada,  eso lo alegra, cualquier cosa que le ofrezca le viene bien porque es correcto y dócil y... ¡ah, me olvidaba!, es boludo. Más allá de este  programa televisivo puntual, lo que sí se puede ver es la aceptación del boludo en la sociedad. Ahora son respetados,  parecían en extinción u ocultos detrás de las sombras,  los vemos  sanos  y fuertes  existiendo   en cantidades industriales. El Uruguay debería incentivar el protagonismo social del pelotudo, de esa manera el boludo quedaría  relegado a un segundo lugar, lugar de donde salió por una distracción.

 

1. La universidad de la calle es una Universidad que da dotores a bocha. Ahí uno se recibe de dotor en cualquier tema. Es en ese lugar que se dan máximas del pensamiento uruguayo como ejemplo:
“los argentino son todos chorros”, “vo no te metas”, “si fuera por mí lo hago, pero vos  sabés  cómo es la cosa”, “mirá tengo un negocio bárbaro,  necesitamos 10.000 dólares para empezar”, etc.

2. Nunca mejor puesto el nombre  a un programa de televisión en el que el boludo es la estrella de la noche.

     

 

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