El teatro es la libertad posible
Marianella Morena
En un momento donde las sociedades se preocupan por la higiene de sus ciudadanos, una calidad de vida que se reduce a algunos criterios. Estos criterios engruesan las agendas políticas.
En un tiempo histórico donde la contaminación ambiental y la intoxicación por diferentes vías se hace presente y avanza de manera pesada y desordenada.
Pensar la supervivencia de la escena en un país sin políticas culturales, sin la mirada necesaria para los artistas, es un acto de resistencia.
Pensar la palabra desde el documento (texto) para el actor, la suciedad, el espacio, es un acto de resistencia.
Querer eliminar el racismo en los lenguajes escénicos, apostar a una convivencia tolerante de los lenguajes, es un acto de resistencia frente a las estéticas impuestas por el mercado, por la TV, por la cultura de masas.
La experiencia teatral como sistema de desintoxicación del individuo, del individuo que necesita proteger y potenciar su sensibilidad.
Es un acto de resistencia.
El teatro desintoxica.
El teatro libera toxinas, entrena los sitios abandonados y divididos de nuestro cuerpo.
Conecta la cadena de las neuronas con la libido, con los sentidos, con la experiencia íntima, a pesar que sea colectiva, y no es una orgía sexual, pero puede serlo en otro campo de experimentación.
El teatro no es simulacro, apariencia o simulación.
El teatro es la ciencia que crea los comportamientos humanos que son reprimidos en ámbitos sociales.
La realidad es inabarcable, inalcanzable e insoportable.
Nunca podría ponerse en escena, eso es falso, el teatro crea universos, desde ahí se elabora la posibilidad.
Uno se pasa la vida soñando, con utopías estampadas, con delirios, amando imposibles,
y hay cosas que están ahí y ofrecen la posibilidad de concretarse.
El teatro es una libertad posible. |