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La energía de Deep Purple en el Velódromo

Ritual pagano y la música antes que nada

Leo Flamia

Nadie lo ve, no está tocando su bajo porque solo la batería acompaña en ese momento al conmovedor solo que está tocando Steve Morse, pero Glover mira al cielo y goza de los sonidos de la guitarra de Steve, y creo que ese es uno de los secretos de esta banda. Ellos en el escenario disfrutan de tocar para nosotros como nosotros disfrutamos de escucharlos, la comunión es perfecta.
El primer tema que escuché de Deep Purple fue “Child in Time”. Tres acordes, Sol mayor, La menor, Fa Mayor, John Lord llenando con su teclado los espacios y Gillan que dibuja, con una de las mayores voces de la historia del rock, una poderosa melodía encima, hasta que todo explota, la base rítmica se convierte en una locomotora y Ritchie Blackmore hace con su guitarra todo lo que uno imaginaba que no se podía hacer con ese instrumento. Después me enteré que ya conocía a Deep Purple, claro eran los de “Smoke on the Water”, ese tema que se apoya en “El” riff de guitarra de rock. Ya no están ni Blackmore, que se ha dedicado con su bella esposa ha registrar melodías medievales con un sonido pop, ni John Lord, aquel que escribiera por el ‘69 un concierto para grupo y orquesta.
Pero ante nosotros estuvo Ian Gillan, sin la capacidad vocal estremecedora de antes pero aún con la habilidad para cantar, con toda la presencia de un tipo que es “el rock”, lo mismo que Glover y Pice, son el rock. Ellos tienen la culpa de que esto no guste de esta manera, de que nos de vergüenza y bronca un reclame de Pepsi televisivo, porque lo que nos enseñaron era la capacidad para comunicar que tiene la música. La noche del 23 de Noviembre en el Velódromo fue un verdadero ritual, en donde algo, llamémosle energía pero puede tener el nombre que ustedes quieran, se encapsuló en canciones, en solos, en sonidos, y nos atravesó a todos.
El espíritu dionisiaco se apoderó de todos los que estábamos allí compartiendo nuestra energía con los músicos. Uno se preguntaba como harían estos tipos para no aburrirse de tocar algunas canciones más de treinta años después. Pues bien, las canciones empiezan como zapadas, improvisando, insinuando que tema es pero divirtiéndose ellos y nosotros en la improvisación musical, haciendo que alguien grite desaforado “Higway Star” hasta que empieza el tema y el éxtasis es casi total, al menos eso era lo que pasaba allí, al lado del escenario.
Me acuerdo de las palabras de Johnny Deep interpretando a Hunter Thompson en “Miedo y Asco en las Vegas”, cuando mira por una ventana del desierto de Las Vegas hacia California y dice que hay días que se puede ver el punto exacto en donde la ola rompió y empezó a retroceder. Ya no más querer cambiar al mundo, pero en realidad ya lo habían cambiado. Gracias a ellos la música se liberó, el rock fue y es el vehículo musical más importante de los últimos 50 años. Y el rock es Deep Purple.

 

 

Fotos de Alvaro Odella

 

 

 

 

 

 

 

Deep Purple en una noche púrpura profunda

por Jorge Bonelli

Nunca me imaginé que 38 años después de fundada la banda Deep Purple (*) los fuera a ver y escuchar en vivo y mucho menos en Uruguay.
Aún hoy, una semana después de realizado el recital en el Velódromo, resuenan los ecos en mis oídos de lo que fue esa noche color púrpura. Fue sencillamente maravilloso, muy emocionante, se ve que se notaba porque mi esposa lo percibió y me lo comentó, realmente me conmovió.
A pesar de los años y de la vejentud de sus integrantes, fíjense que de los históricos como Ian Gillan, Roger Glover están en los 61 e Ian Paice en los 58  al igual que Don Airey y el más joven Steve Morse con 52, los veo muy bien, con vitalidad, manteniendo aquella fuerza que los caracterizó, lógicamente que la voz de Gillan no es la misma y no llega a los aullidos increíbles de los ’70, pero es fantástico, con una cancha terrible en el escenario y se apreciaba que disfrutaban el show con un profesionalismo pocas veces visto. Son realmente unos músicos del carajo, de la vieja escuela, y qué escuela, de la mejor, con un show que recorrió los grandes éxitos como “Highway Star”, “Space Truckin”, “Lazy”, con un solo de guitarra preparatorio para lo que fue y será uno de los himnos del rock pesado como “Smoke on the water” donde Steve Morse se lució con introducciones de temas como “Roundabout” de Yes, “Little Wind” de Jimi Hendrix, “Sweet Child on mind” de Guns n’ Roses y “Stairway to heaven” de Led Zeppelín, y continuaron las canciones, vino el turno de “Fireball”, “Into the Fire”, “Perfect Strangers” , temas del nuevo álbum “Rapture of the Deep”.
Cada uno tuvo su momento en el concierto, Glover demostrando su capacidad como un gran bajista, Paice con un solo de batería con el bombo que te despeinaba para enganchar con el tema “Pictures of home” y vino Airey en teclados, un virtuoso en el instrumento, logrando algo insólito, que un puñado de jóvenes pogeara al ritmo de Bach.
El velódromo estuvo de fiesta, a pesar de que minutos antes del comienzo del show lloviera muchísimo, concurrieron unas ocho mil personas, muchos veteranos como yo y jóvenes de 16 en adelante, lo único que no me gustó y que no tuvo que ver con la banda, es en lo que le atañe a la organización o producción del evento, creo que aquellos que pagaron sus $200 pesos y que infamemente estuvieron en la tribuna, muy alejados del escenario, merecían al menos una pantalla gigante y lo otro las espantosas tablas que separaron a ese público del resto, siempre se está a tiempo de mejorar, de todas formas aplaudo a quienes hicieron posible la venida de Deep Purple a Montevideo.
Después de ver a estos monstruos que nos deleitaron con los mejores temas de una época que marcó mucho nuestro gusto por el rock y en especial el pesado, conjuntamente con otras bandas como Led Zeppelín o Black Sabbath, y que nos transportaron a un viaje en el tiempo, es difícil hoy, encontrar exponentes en el género que nos deslumbraran tanto como lo hicieran estas bandas.
Estimados, Deep Purple pasó por la ruta a las estrellas en una noche púrpura pofunda,
nos regaló un formidable concierto, que para despedirse, en sus bises nos dejó por y para siempre en nuestras retinas y oídos, “Hush” y el arrasador “Black Nigth”.

 

(*) Su primera presentación fue en Dinamarca en 1968 aún con el nombre de “Roundabout”

Recomendación: se consigue en DVD el recital “Deep Purple Machine Head Live 1972”

 

 

 

 

 

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