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Mucho Deftones y poca gente
12/02/07 The Deftones en el Luna Park
Maxi Aulet
La cita fue el lunes 12 de febrero en el Luna Park de Buenos Aires, y ahí estaba yo solito. Bah, había unos cuantos argentinos más, pero me atrevería a decir que en el acalorado estadio no había otro uruguayo.
El recital estaba anunciado para las 22, así que, suponiendo que habría una buena concurrencia, pensé que convendría estar un par de horas antes en los alrededores del recinto. Llegué al lugar señalado a la hora planeada, provisto de la bebida sin alcohol imprescindible en estos casos (suponía que iba a perder mucho liquido durante el recital, y no me equivoqué). Me llamó la atención lo sencillo que fue acceder al Luna, porque en general cualquier concierto de rock que se realice en la vecina orilla atrae un gran caudal de público. Llegarán más sobre la hora, pensé, falta una hora y media todavía... pero no. No se llenó nunca. ¿No hay tanta gente que escuche a la banda norteamericana? ¿Los precios de las entradas no eran precisamente populares? Tal vez, pero también los Deftones están a medio camino de todo, por así decirlo. Son poco clásicos y no transpiran virtuosismo para que los escuche el metalero de toda la vida, son demasiado sucios para que los escuchen los seguidores del Nü Metal (siendo ellos piedra fundamental e inconsciente en la creación de este género) y son un tanto gritones de más para los seguidores del grunge o del noise. Éramos pocos, sí, pero mi lado adolescente sigue disfrutando mucho cuando me siento parte de una elite, esa elite que gusta de la ruidosa música de Deftones.
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Lo cierto es que, minutos antes de las 9 de la noche, subió al escenario la banda local encargada de abrir el espectáculo, 202. Formada con la base de Santos Inocentes, dio un buen show de cuarenta minutos aproximadamente, pero claro, los allí presentes no fuimos a ver a 202, por lo que hubo respeto pero no mucho movimiento.
A las 21.35 los plomos yanquis comenzaron a ajustar todo. El reloj avanzaba y las ansias crecían. La máquina de ruido no se presentaba en el vecino país desde el 24 de enero del 2001, cuando fueran teloneros de los Red Hot Chili Peppers. Esa larga ausencia se notó en la energía que puso la gente: había hambre por volver a verlos, o en muchos casos, verlos por primera vez.
Puntualmente a las 22, comenzó a sonar una musiquilla que anunciaba la salida al ruedo del plato fuerte. Enseguida Chino Moreno puso su voz al servicio de las notas de Korea, y ni siquiera el hecho de perder mi billetera al segundo acorde evitaría que disfrutara como loco del recital. Tema tras tema fueron confirmando la buena imagen de banda en vivo que me había llevado en el 2001. Sencillamente feroces y crudos; los tipos estaban al 150 %.
Ni a la banda, ni al público, les interesó que no se hubiesen agotado las entradas. Stephen Carpenter no paraba de arrancarle quejidos a su guitarra, mientras que Chi Cheng hacía girar el bajo en todas direcciones. Chi, además de tocar el bajo, es el encargado de meter los furiosos coros en temas como Headup, interpretados en el disco "Around The Fur" por el padrino de la banda, Max Cavalera. Frank Delgado, por su parte, se dedica a lo suyo y nada más: el pincha discos dispara los samplings cuando corresponde y no mira nunca a la gente. Dejé para el final el comentario de mi favorito de la banda, Abe Cunningham; una máquina rítmica. Lo que este tipo deja en el escenario es más que sudor y lágrimas: este sujeto deja la vida. Da gusto ver bateristas así, mezclando técnica y fuerza.
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Acá es cuando se utiliza la trillada frase “repasaron temas de toda su carrera”. Pero ojo, esta vez fue cierto. Más allá de que la excusa para esta gira fue el muy buen álbum “Saturday Night Wrist”, los tipos se encargaron de pasearse por todo el repertorio, tocando desde Bored (de su primer álbum “Adrenaline”) hasta Hole In The Earth, tema que abre su último disco.
En cuanto a los detalles más técnicos del concierto, puedo decir que duró una hora y cuarenta minutos. Que el sonido estaba levemente grave de más (pero solo un poquitín). Que tres fans se rieron de la gente de seguridad y se subieron al escenario para tocar a Chino. Que por suerte (y no me canso de decirlo) en Argentina los recitales son en serio, y no como en Uruguay: los tipos trabajan bien para que todo salga bien, y lo que es mejor, la mayor parte de las veces lo consiguen. Que... en fin, si vamos a lo clásico y tuviera que calificar fríamente este recital, no baja de cuatro estrellas y media.
Ah, me olvidaba, si nadie encuentra mi billetera, no importa. ¡Valió la pena!
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