La “industria” del Rock Uruguayo
Daniel Aguerregoyen
Los más “entrados en años” podrán decirme que olvido en las próximas líneas la existencia del Rock Uruguayo anterior a los tiempos actuales, por lo tanto aclaro que esta reseña refleja más bien la experiencia de un servidor y no pretende ser un trabajo periodístico sobre el tema, sobre todo (y aunque tengo una vaga idea de lo acontecido en los años 70 y primeros 80) por mi ignorancia al respecto…
Muchos olvidan que hace no más de 5 años (incluso basta con mirar 2 años atrás en algunos casos) decir Rock Uruguayo era el equivalente a una mala palabra en el pensamiento masivo de éste país.
Muchos de los que nos hemos aferrado de una manera u otra a este fenómeno llamado Rock Nacional desde hace no menos de 15 años, tuvimos que soportar la degradación y hasta la lástima de quienes nos rodeaban (familiares, amigos, compañeros de trabajo, etc.).
Pero todo esto ha cambiado desde hace “no más de 5 años”, y ha cambiado de forma abrupta y radical, si bien fue parte de un proceso, éste parece haberse sucedido en un abrir y cerrar de ojos visto desde la perspectiva del momento actual.
Parece que hubiese sido “ayer” cuando tuve que sufrir el hecho de que mis compañeros de trabajo (en un shopping) soportaran apenas hasta la segunda canción de algún disco de Los Buitres, para que entonces me pidieran (de forma sincera) que lo cambiara y volviera a poner el de Luis Miguel ya que aquella música les era insoportable…
Hace pocos años, trabajando en un local comercial de la ciudad de Las Piedras, se oía por el parlante agudo de una “publicidad rodante” llevado encima de una bicicleta y amplificado con mala calidad, el aviso que promocionaba que la banda La Vela Puerca tocaba en algún salón de la zona, entonces por deducción, y con la más aparente seguridad, mis compañeros comentaban que se trataba de un grupo de Rock Argentino…, es que en aquella época era inconcebible que una banda uruguaya sonara bien e incluso lograra tener cierto éxito…, esas personas se mostraban incrédulas cuando les revelaba que La Vela era un grupo uruguayo…
Y todo esto pasaba hace muy poco tiempo…
Hace 7 años, los mismos Buitres plantaban la semilla de lo que a la postre sería la resurrección del Rock Uruguayo y que hoy se encuentra en su plenitud. Por aquellos años todos creían que estaban locos al pretender celebrar sus 10 años de vida en el Teatro de Verano “Ramón Collazo” con capacidad para casi 4000 personas, se sabe que esa decisión fue difícil de tomar incluso para los propios integrantes de la banda. No obstante, ese día el teatro se colmó en su capacidad. Era el 16 de octubre de 1999 y a partir de ese día muchas cosas relacionadas al Rock se empezarían a mirar de otra forma. Era el comienzo de un proceso y por aquellos días todos reclamábamos que pasaran música uruguaya en las radios, que los gobiernos dieran auspicio a los artistas, etc., etc.
Quienes gustábamos del Rock nos refugiábamos en la emisora X FM, que sucedía a el El Dorado FM, la única que se animaba a trasmitir esa música; éramos capaces de soportar sentados toda una noche en medio de un cumpleaños de 15 o casamiento, para poder disfrutar de la pequeña dosis de Rock que el discjockey nos daba casi con lástima y que se componía casi siempre de Un poco de amor francés de Los Redonditos de Ricota, Hacelo por mi de Ataque 77, y si había mucha suerte el Bo Cartero de El Cuarteto de Nos.
Pero a pesar de esa situación, y desde el más profundo “under”, los “inadaptados roqueros” nos peleábamos con los dueños de los boliches donde se podía llegar a tocar, que estaban situados en la zona de Pocitos (“El Cielo”, “Marraquesh Café”, etc.). Cuando preguntaban sobre el tipo de música que hacíamos y decíamos que era “punk” inmediatamente lo relacionaban con roturas de vidrios y sillas; vale decir que las dudas eran razonables ya que en esa época habían grupos que se embanderaban con el “punk” y que solo sabían causar desmanes (ellos o sus seguidores). Recuerdo, por ejemplo, el nombre de una banda llamada Aliento Alcohólico, que había logrado la censura del “punk” en la totalidad de los pocos locales disponibles, era típico que nos dijeran: “Yo les creo muchachos, pero…”
Igualmente seguíamos intentando a pesar de lo frustrante que resultaba sentirse identificados con una realidad que nos discriminaba constantemente.
Pero el tiempo ha pasado!
Y como decía antes, hoy la realidad es mucho más amable con nosotros.
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Hoy pasan Rock Uruguayo en todas las radios, en los informativos de la tele, hablan de Música Uruguaya en los diarios (uruguayos y hasta argentinos), hay cientos de bandas y año tras año se editan decenas de discos. En Montevideo abren locales para 50 personas y hasta para 1500 donde las bandas, de acuerdo a su popularidad pueden tocar. En el interior del país las discotecas contratan a los grupos para animar las noches ya que el género está posicionado de forma tal que las bandas dan prestigio a los locales. Además se realizan numerosos festivales a lo largo del año que reúnen decenas de miles de espectadores.
Han aparecido nuevas profesiones dentro del género que lo hacen (justamente) más profesional, estamos hablando de los managers, sonidistas, iluminadores,
asistentes, encargados de prensa, etc.
Como en todos los rubros, y como en todas las actividades de la vida, coincidimos en el camino con gente que sabe hacer su trabajo y gente que no, profesionales con los cuales compartimos los procedimientos y otros con los que no, y obviamente nos encontramos con personas y personajes que tienen buenas intenciones, son decentes y honestos, y gente que no… Pero esto es y será así en todos los ámbitos de la vida donde deban confluir diferentes versiones del género “humano”.
Lo cierto es que toda esta revolución corporativa le ha dado al Rock Uruguayo más frutos positivos que negativos a mi entender.
Pero siempre hay, y siempre habrá, gente desconforme, que se queja constantemente y por diferentes razones, léase celos, envidia, o simple y sistemática mala onda…
Para muchos, por ejemplo, el trabajo del manager (ocupación que me atañe directamente) es vista con desprecio, como algo que constantemente roza lo inmoral, lo inhumano, lo bajo y lo vil.
No digo que no existan los managers que cumplan completamente con la descripción antedicha, pero nadie puede discutir que se tiende a generalizar en este aspecto, incluso hay músicos (y esto si es increíble) que quieren tener un representante cuanto más carente de ética mejor, para hacer el trabajo sucio.
Muchos creen que este rol está protagonizado por personajes cuya única motivación es el dinero, de hecho, incluso se tiende a catalogar a las bandas que trabajan con manager como meramente comerciales.
Pero la verdad está siempre implícita en la realidad que florece de las personas cuando se las conoce personalmente, y es ahí cuando muchos mitos se desmoronan. De esta manera muchos descubrirían que la gran mayoría de las personas que ocupan este “cargo”, sean buenas o malas, lindas o feas, están relacionadas al Rock hace mucho más tiempo que el que hace que éste género aparezca “comercialmente atractivo”, y que en aquellos momentos quienes se dedicaban a estos menesteres no eran catalogados como “inteligentes para los negocios” precisamente, ya que estar en el Rock estaba lejos de significar estar en medio de un negocio próspero.
Hay otros que critican hasta el cansancio (al menos mi cansancio) a los productores que “acaparan” la mayor cantidad de bandas o espectáculos a su cargo como si esto no significara trabajo y eficiencia, y como si esto no fuera más que el fruto de 20 años de arduo y mal remunerado trabajo.
Quisiera saber cuantas de estas quejumbrosas personas han hecho méritos para competir, y que harían si tuvieran tal responsabilidad sobre sus espaldas…
En el caso de los artistas sucede algo parecido, nunca faltan los “punkies de escaparate” que cuestionan a los músicos si tocan en tal y cual festival, si cobran caras las entradas, si tocan tal y cual canción, si viajan en auto, en ómnibus o en bicicleta.
Critican porque es fácil hacerlo y porque es ejemplo de la idiosincrasia uruguaya creer que se esta capacitado para opinar de todo, más aún si son “rebeldes” con una cama, un techo, y unas milanesas recién fritadas por mamá en la mesa de cada mediodía…
Éstos rebeldes le faltan el respeto a artistas que hacen Rock hace 20 o 25 años, cuando todavía no eran nacidos muchos de ellos, simplemente porque sus músicas han evolucionado hacia lugares que difieren de sus gustos, o sus letras dejaron de decir lo que decían cuando se componían en la juventud, o sencillamente porque malinterpretan las canciones. Y todo esto está bien, no quiero decir que se deba ser fiel a un artista por lo que fue antes si no se comparte el arte actual, pero tampoco se puede decir con total impunidad que alguien es un vendido de mierda o que se le llenó el culo de papelitos sin tener el conocimiento y la edad para emitir semejantes juicios, y sin conocer a las personas que hay tras el artista…
Yo mismo siento rechazo por algunos exponentes del Rock, por sus músicas y hasta a veces por sus personalidades, pero no puedo contar la cantidad de veces que he escuchado la tontería de que hay roqueros que están en esto por “la fama, las chicas y el dinero”, y es cierto que estas 3 cosas pueden resultar importantes para muchos, pero no me cierra que hayan estudiado música y formado una banda para estos fines en particular, más si tenemos en cuenta que casi todas los grupos que hoy gozan de cierto reconocimiento cargan en sus espaldas con más de 10 años de fundadas, y que por esas épocas no estaba previsto que uno ganara ni fama, ni chicas, ni mucho menos dinero con esto.
Está claro que en este aspecto colaboran muy poco las campañas publicitarias que la compañía “Pepsi” utilizó para promocionar su concurso de bandas nuevas…
Pero también han aparecido en estos tiempos una generación de periodistas “especializados” que se encargan de “comunicar” al público todo lo referente al género. Ésta es una novedad que a veces tiene connotaciones negativas, ya que algunos de éstos “periodistas” están empeñados en hacer del Rock Uruguayo un circo mediático y farandulero, y se disputan el puesto que ocuparía un “Jorge Rial del Rock”, aportando cizaña y desenmascarando situaciones que no deberían ser del interés de la gente, a costa de lograr protagonismo.
Esta es, justamente, otra de las características de nuestra idiosincrasia, querer “figurar” siempre más allá de lo debido, los jueces quieren generar más noticia que los futbolistas, el público quiere subir a hacer payasadas a un escenario, y los periodistas quieren el protagónico de sus historias.
En cuanto a lo comercial del asunto, muchas veces, y debido a todo lo dicho más arriba, uno se encuentra cuestionándose sobre la moralidad o no de ganar dinero con el Rock.
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Entonces hay que decir, en primerísimo lugar, que no siempre que se ve un recital colmado de público se está ganando plata ya que, en medio de lo que significa el profesionalismo que por suerte rodea al Rock Uruguayo actual, casi siempre el costo que tiene llevar adelante un espectáculo de características decentes en cuanto a sonido (fundamentalmente), luces, infraestructura, prensa, etc., alcanza la totalidad de las recaudaciones.
La solución de esto sería cobrar las entradas más caras pero ni el público puede pagarlas (en su mayoría, no todos claro está) ni los artistas quieren incrementar el precio (y dentro de los artistas cuento a los managers).
Pero si todo esto fuera diferente (que en algunos casos lo es), y siempre se recaudaran buenas sumas de dinero, yo me pregunto:
¿Donde está lo inmoral de todo esto?
¿Cuál es el problema con ganar dinero por trabajar?
¿Quién tiene en cuenta, además, lo que se ha gastado durante años en insumos y otras yerbas?
¿Como puede ser que cierta gente deje de tener respeto por determinado artista por el mero hecho de que ha logrado ganar dinero y vivir de su arte?
¿Como puede ser que cierta gente deje de gustar de determinado arte, porque éste arte le ha empezado a gustar a más gente de la que conoce?
¿Quién puede y cree merecer el derecho de responderme estas interrogantes?
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