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Carnaval en Fuga
Guzmán Ramos
Noche de fallos. Nueve y media de la noche. El inefable José Cozzo asoma
una fea hearing debajo de la camisa. Una asistente vuelca agua sobre la
mesa. Hay nerviosismo. Limpian. La secretaria del jurado se pasó de rosca
con el maquillaje, pero pasa desapercibida; todos tenemos muy presente la
imagen de Miguel Villalba con una nariz de payaso y lentes en plena
actuación de Nazarenos. Una mosca se posa sobre la urna. Todos miran. Se
viene lo mejor de la noche. Se viene lo peor.
NOCHE DE FALLOS: ILUSION, DECEPCION FETICHISMO
Los fallos son el momento más intrascendente de carnaval. Sin embargo
tienen una fuerza simbólica increíble. Los resultados a la larga, marcan la
pauta de lo que es correcto hacer, de lo que apreciamos como bueno, o sea
del parámetro de calidad artística que existe gran parte de nuestra
sociedad.
En carnaval se pueden plantear los conceptos mas lúcidos, las tramas
más atrapantes, los personajes más extravagantes, ingenio y poesía
conjugados en 45 minutos de actuación. Sin embargo hay quienes recurren a la
lírica para darle un toque "fino" a la propuesta, independientemente de su
temática. Declamaciones escolares, representan climas "elevados", gimnasia
por kinesis, acrobacia por proxemia. Un triste lenguaje detrás del cual
corren actores, espectadores, periodistas con un fin casi único; alimentar
la gran ilusión del concurso.
La noche de fallos es una perfecta síntesis de esa ilusión fetiche.
Emilia Díaz abraza-empuja-resiste a la súper estrella carnavalera en un
festejo irracional, nunca tan dionisiaco, esta vez con una escenografía más
voyeur: dos gordos mamados lloran y se abrazan, botellas de cerveza, pizza,
torta de fiambre, chorizos.
La miscelánea kistch no desagrada, seduce. Nelson hace las preguntas
estúpidas ahora desde otro primer premio. Irrumpe la estampa límpida de
Cozzo, solemne, seria, burlada por chispazos "jocosos" de Coco Echagüe.
Cozzo se ríe y cancherea, entre la fea música de coeficientes, sumas,
restas, divisiones, menciones especiales. No sabe que el jurado de voces
romperá símbolo de diafanía tan difícil de construir.
Gana Asaltantes con
Patente, son dos y media de la mañana. La mosca se voló de la urna.
EL ASCO
Aparece William con una calavera en la mano; desde la platea ataca Cacho, su oponente, reivindicando el lugar del carnavalero. Cacho es lumpen,
ordinario, ignorante. Felizmente no es puto. No hay ningún indicio de ello
en su texto, tampoco lo sugieren sus gestos. Respiramos aliviados. La
revista Deja Vu no se mete con nuestra condición sexual, tal vez la única
reflexión posible entre tanto mal gusto junto.
Carambola, la ganadora propone diversas sátiras sobre la
prostitución. El doble sentido cae bien porque los actores se encargan de
ser cómplices, más que enemigos de los espectadores. Baile, música, punchi
punchi, color y "muchos" ¿? cambios de vestuario recrean un espectáculo bien
logrado. El orgasmo carambolero llego hasta el punto de ser considerado por
el jurado como uno de los tres mejores del carnaval.
Los humoristas fueron muy criticados. Algunos con razón. Se salva Sociedad Anónima, con una estructura de espectáculo muy lograda aunque
repetida. Los personajes buscan el lado rosa de la uruguayez: la bondad, la
ingenuidad, los indefensos u otros valores más universales como la justicia
o la felicidad. El resultado es correcto porque a la vez que se critica con humor, se logran disparar un sinfín de ideas positivas.
La curiosidad más grande fue el pasaje a la liguilla de los Choby´s, un grupo con apenas 3 años en carnaval que logró generar una
corriente positiva tan grande que por momentos hizo pensar que simpatía es
sinónimo de calidad artística. Los mismos que aplaudieron al principio reaccionaron tan violentamente que denostaron su última actuación al final. Pese a las carencias de producción de espectáculo, los Choby`s con Leonardo Pacella lograron introducir un humor autoreferencial, poco explorado en carnaval, pero muy vivo en el imaginario uruguayo.
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SIMPLICIDAD, COMPLEJIDAD, SINCRETISMO
En murgas y lubolos se aprecia el fenómeno más apasionante del
carnaval, que es ver la lucha filosófica que muchos vagamente explican en
términos de modernidad y tradicionalismo de las propuestas, pero que en el
fondo se plantea como un problema de estéticas que mucho tiene que ver con
lo generacional. La aparición del fenómeno de murga joven resultó ser el
fenómeno más rupturista desde la salida de la dictadura: las nuevas
generaciones, muy lúcidas, aportaron una originalísima forma de concebir un
espectáculo. La "juventud" desestructurada contradice los principios
intocables de cómo concebir una murga desde el lado conceptual, contando su
forma de ver el mundo sin caer en cursilerías y torpezas semánticas,
mensajes políticos repugnantes; en algunos casos profundidad y sobre todo
con mucho humor, aunque no sea captado por el público masivo. Entender a la
murga joven parece el desafío más grande del nuevo público que ingreso al
carnaval a partir del gran volumen mediático del último tiempo, porque la
guardia más "vieja" no lo aguanta.
Entre los jóvenes, el fenómeno de la MJ es ampliamente aceptado,
pero hay quienes han comenzado a combatirlo sutilmente entre otras cosas
porque también muchas murgas jóvenes se plantan arrogantes. A pesar del
gran valor artístico persisten espectáculos narrados en clave buscando
segmentar deliberadamente a los receptores del mensaje como fórmula
retórica; y en lo poético por momentos un humor demasiado absurdo, desprecio
por la uruguayez como sinónimo de culto por el momento presente, y cierto
aislamiento del folcklore del carnaval, tan ridículo a veces, pero parte de
la necesaria ilusión.
Los lubolos han abandonado felizmente los dramones aburridos y
repetidos por temáticas atrapantes, que mantienen una raíz en lo musical; he
aquí el sincretismo, en el entendido que la base rítmica de los espectáculos
sigue siendo el toque del tambor, pero se han sumado orquestas con fusiones
muy ambiciosas que van desde el jazz, soul, foxtrot, o más recientemente
sonidos electrónicos.
Si repasamos las propuestas más relevantes veremos que en todas
ellas hay una mirada aguda y bastante certera de la sociedad.
Tamborilearte desarrolla un cuento en el que se plantea la evolución de la sociedad a
través del sonido del tambor, desde su propia aparición. En esta cosmogonía
el hombre experimenta un proceso de socialización cuyo eje es el sonido
musical, sobre el cual el hombre se reúne a cantar, a bailar y finalmente a
crear sus naciones, que después descubriremos tienen una significación que
merece la crítica de la propia comparsa.
En Sarabanda existe una reivindicación del barrio y de la casa de
cultura de la propia comparsa como lugar de refugio de la niñez y de los
valores más nobles, también muy arraigados en el imaginario. En
Tamborilearte el refugio era la naturaleza, en Sarabanda los afectos, el
trabajo y la sociedad. Además adosaron en esa historia, una pugna entre las
luces y sombras que le dieron un vuelo figurativo al espectáculo. Más allá
de lo elemental de la cuestión binaria de luz como sinónimo de bien y su
opuesto de oscuridad como representación del mal, el planteo indagó en
hechos históricos como el derrumbe de las instituciones, en un cuadro
cargado de belleza y movimiento que derivo en una metáfora acerca del
renacimiento basado en las raíces. Tal vez el planteo de simplicidad y
complejidad de Edgar Morin se aplique en cuanto a que en su paradigma las
luces y sombras sean complementarias y parte de un todo que explique del
lado ideal el montón de sueños e ilusiones que se conjugan en la estética de
Sarabanda
La ganadora Yambo Kenia, fue pese a su histórico perfil
vanguardista, una comparsa que cuido mucho sus esquemas; este año con mucho
riesgo musical, exuberante realización escénica, pero notorio quietismo
literario. Pecado de hybris con José Leandro Andrade, pereza conceptual, tal
vez el peor pecado para la comparsa más transgresora.
Sin embargo los pecados propiamente fueron los que le
correspondieron a C1080. Los mejores libretos de la categoría con un elenco
que se encargo de destruírlos casi en su totalidad. La Divina Comedia se
transformó en una Divina Comparsa, donde a través de los tres universos de
Dante, se trazaron con gran densidad poética por parte de Carlos Soto, Jorge
Pino y Eduardo Rigaud, una cantidad de paralelismos con nuestra sociedad, en
el infierno arrancan los hombres primitivos, donde el diablo no sólo posee a
la lujuriosa vedette sino que opera sobre el mundo de las finanzas, la
globalización; en el purgatorio asoma la memoria con la pureza blanca de
mama viejas y gramilleros y en el presente, la comparsa delimita un "Paraíso
Center" donde se critica a la sociedad del consumo, las modas, el culto a lo
fugaz con imágenes como "culto a las estampitas y merchandising" o "siluetas moldeadas a yogur". Gran belleza...
ANTES DEL ASCO
La semióloga Hilia Moreira en su libro Antes del Asco se propuso indagar en la literatura ciertos lugares muy marginales para ver como en cada sociedad se tiene un valor diferente respecto de lo vergonzante. Lo simbólico de lo vergonzante esta instalado en varias sociedades a través del lugar más repulsivo: el excremento.
Las murgas no se han metido con el excremento en sí mismo, pero sin dudas han comenzado un camino muy referible, y analizable desde la semiótica: resignificar el signo.
Las murgas del 2007 han elegido redimensionar varios lugares muy marginales. Veamos algunos ejemplos.
La épica del relato histórico en el Uruguay esta construido por lo que en el carnaval La Mojigata denominó en su momento “los Queyala”. Esta idea esta marcada a fuego en el imaginario. La Bohemia en este caso, decidió un viraje que atacó simbólicamente esa idea: en el otro extremo de los “queyala” están los niños: o sea el símbolo de la ingenuidad. Un buen acto de resignificación, porque en este caso la historia no la cuentan los ganadores.
Curtidores de Hongos plantean una segunda etapa, porque además al decir del semiólogo Fernando Andacht, un acto de resignificación se compone además de su definición, del embellecimiento del mismo: en este caso la oscuridad es la más clara expresión de lucidez. En el culpé del encandilador aparecen las miradas más conscientes acerca de nuestra sociedad. El tránsito es más morineano que nunca ahora. Orden y caos son tan complementarios como la luz y la oscuridad.
Asaltantes con Patente generó otra construcción simbólica a partir de la destrucción de otro aparato de significación: en este caso la Fuga. En el imaginario posiblemente fugarse se limite a un hecho policial propiamente. La poesía lo puede definir como un estado de ánimo desde el cual el mismo orden y caos, éxtasis y agonía se confunden por que no en las Flores del Mal de Baudelaire. En esta fuga aparece la falta de lo que decir con el filósofo griego interpretado por Marcel Keroglian, o como se escapan las ilusiones que depositó gran parte de la sociedad en la política en el culpé “del presidente” que interpretó Alejandro Balbis. Tal vez la fuga más profunda sea aquella dónde se escapen los afectos, los abrazos, las voces.
Agarrate Catalina probablemente haya sido la mejor propuesta del carnaval. Al margen de sus muchísimos méritos hay una química establecida con el público que hacen de cada actuación un acto de fe. El espectador se siente seguro ante cada una de sus propuestas. Tal vez por ello, se propusieron criticarla. El espectáculo de la Catalina es, ante todo, una crítica a la fe, y por transitiva, a nosotros mismos desde el lugar del nosotros mismos. Los contenidos se dividen sutilmente en 5 partes: definición antropológica del “corso del ser humano”, donde con una retórica directa se plantean las definiciones mas pesimistas del hombre destructor de sí mismo en el devenir histórico; la visión del hombre como ser social, a través de uno de los pilares del relacionamiento de este como es la educación, representada con una notable sátira sobre las maestras; la fe religiosa con un diálogo con dios, y la fe política a través del cuplé de las banderas, mostrando al ser humano preso de su propia segmentación, humillado por las ideologías y los muros que los separan. Tal vez por eso, en su retirada se hable de ecumenismo, de diversidad, del hombre hacedor de sí mismo, de su destino, de partir para volver a empezar... |
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