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Retratos

Sara Mago


   

 Jim Jarmusch
   USA 1953
  

    

Samuel Beckett   
    Ireland 1906  
  

Malcom MacDowell
      England 1943

   


¡La mirada masculina! ¡Padre, Hijo y Espíritu Santo! Diríamos que por orden de ceño fruncido está el Padre en el centro, el Hijo a la izquierda y el Espíritu Santo a la derecha.  Tres jopos blancos peinados por estilistas, tres fotografías de estudio, tres caras de clase media alta y a mi modo de ver, ¡muy parecidas! Dios creó a Jim Jarmusch y a Malcom McDowell a imagen y semejanza uno del otro. Tres angloparlantes, tres genios de géneros vinculados con la actuación, el espectáculo, el show, la puesta en escena para grandes públicos. Tres Padrenuestros intelectuales. Ah! ¡¡¿Qué podríamos hacer nosotras pobres mujercitas frente a tres tipazos como éstos?!! ¡¡Nada de nada!! Sí, ya sé que me van a tirar con Virginia Woolf, Silvia Plath y Angelina Jolie, pero por puras ganas de entrar en una competencia imposible! Hay que admitirlo chicas, ellos son mejores! ¡Miren esos semblantes por favor! ¿Qué mujer nacida y viviendo como tal puede adoptar un gesto de tanta autoridad como el de alguno de estos tres astros? Todas las croquiñolis del mundo no podrían igualar la gracia de la gestualidad capilar de estos señores. Ya sé que tienen madres ya sé, pero… ¿quién las conoce? El Señor trabaja de maneras misteriosas y a muchas Marías les llegó su Espíritu Sa… digo, su Malcom McDowell para alumbrar a un genio. ¿Cómo recordar el proceso de génesis, el óvulo recibiendo al espermatozoide, el sudor de los cuerpos, la preocupación familiar, la menarca demorada, cómo recordar a sus madres cuando el proceso culmina con esos rostros? Si hubieran sido mujeres, estarían sonriendo en la foto. Hasta Margaret Tatcher sonreía en las fotos. La sonrisa en la mujer es el ceño fruncido del hombre, por lo menos en las fotos. ¿Cómo saber por la foto que Samuel Beckett no es el macho prepotente, representante de la clase altamente dominante, ancestralmente dueña de las sociedades? El discurso de la foto de Samuel Beckett está hecho en arreglo a la clase dominante y lo afirmo como que me llamo Sara Mago. No refleja la cara del individuo preocupado por la existencia de las sociedades huérfanas de Dios o engañadas por arribistas. Es la cara del potentado, del coronel, del padre castrador, del veterano prolijo y meticuloso en su aseo personal sin que por ello sea gay, ¡por favor! En fin yo de envidia, lo admito. Cuarenta y tres fotos nos sacamos con mi amiga Delia Psico en un estudio profesional, con el foco acá, allá, acullá, con fondo así, asá, asusá y por más que lo intentamos jamás logramos ese efecto dominante. Nuestras caras de viejas serias hablan de resentimiento; si sonreímos parecemos taradas y si tratamos de borrar todo gesto se reflejaba la patética realidad de los siglos: el mundo ha sido siempre de los Hombres y eso incluye el mundo del foto retrato-discurso dominante.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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