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Tierra Baldia: El sometimiento impasible

Guillermo Baltar

Entonces navegar se hace preciso / en barcos que se estrellan en la nada / vivir atormentado de sentido / creo que esta, sí, es la parte más pesada (Al lado del camino. Fito Páez)

     


Perdido por el sueño no encontrado, por el cansancio del hastío, retomo la voluntad del discernimiento. El vapor cuaja una humedad de bruma y deshiela los ojos de los perros. Esos, que en sus aleatorias cagadas, aún atestiguan un signo de vida exterior. La Plaza de Cagancha atesora cosmogonías de extraños habitantes circunspectos. Niebla y calor en la sudoración del alcohol correoso.



   

La estéticas de los planchas asciende con un tufo a esperma magra. Nada bueno tampoco desprenden los  animosos macacos de estéticas modernistas. Orates desleídos de las revistas de tendencias, personajes de fábulas a los que tarde o temprano les llegara su hora. En ese cielo de expectativas siniestras, las músicas de las calles ascienden en el aliento de sus propias contradicciones y banalidades. Callar para asumir el beneplácito del patrón. Mantos de silencios y dardos fuera del plato. Agonía de la razón y la cultura. Los fabricantes de tendencias han dibujado un mapa de estupidez radial y lo han fagocitado hacia la vulnerabilidad de la inteligencia. Es fácil atrapar a los ingenuos, dogmatizar a los débiles, someter al discurso de la gangrena dialéctica, a todos los desposeídos de opciones. La gramática y la lengua contra el paredón.


 

Fuente El Clarín

 

Fusiladas ante la impasibilidad de los protagonistas culturales. Es cierto, cabe la posibilidad de orinar sobre la radio. Mandar al diablo el histriónico sopor de una franja comunicativa,  poblada de marchantes y tahúres del tedio mediático. ¿De que ríen esos “esponsores” del simulacro? ¿Del festejo del uno a uno, en esa comunidad de placeres defenestrados? ¿Hay realmente una justicia infinita en esa culpa del ignorante y del ignorado? ¿Del perspicaz y del listillo, que acuña sus mensajes con el culo desdentado por la soberbia que la aldea admite? Silencio en todos los estamentos. Nadie narra las vicisitudes de la comunicación cautiva. Esclavos de las tonterías, admitimos nuestras ignorancias en las ajenas y las festejamos. Es la risa imbécil del idiota. De esos orates de provincia brumosa y cielo aserrado en que nos hemos convertido. Hay un gobierno impasible en políticas culturales.

 

   
Un estamento burocrático petrificado, aletargado en el sueño devenido en miseria. Cuando escucho “Abre” de Páez, certifico la liviandad de nuestros intérpretes. Salvo Cabrera -que no tiene recambio- tendría que rastrear mucho en nuestra historia para encontrar un discurso transgresor. Una palabra verdadera que dijera que nuestras miserias están antes nuestras puertas. Que no sólo es la pobreza o la flaqueza de espíritu. Que no sólo es la estupidez quién nos desangela y nos atiborra con sus  apósitos farandulescos. El discurso de los débiles no existe, por que no hay nadie que retome esas perspectivas. El cadáver de la razón esta allí. Ni los ingenieros de tendencias, ni los sofistas del software podrán jamás disimular este hecho. Las florituras de sus espasmos, son los conspicuos cómplices de este asesinato.  

Anochecidas miserias de Cristian Lobos

 

 

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