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Carla Bruni
Las modelos…
¿siempre tontas?


Pulga Pavlovich

Si hace algunos años me hablaban de modelos – sí, esas señoritas que desfilan ropa o menos que eso en las pasarelas – puestas a cantar, venían a mi cabeza bodrios como Nicole Neumann, Luciana Salazar o los propios esfuerzos de la actriz Leticia Brédice.

Pero, tal vez cumpliendo con el viejo dicho, apareció Carla Bruni para situarse como excepción para confirmar la regla.
   


Mochila cargada

Nacida en Turín en los últimos días de un año recordado y hasta añorado por el romanticismo y las revueltas imperantes – 1968 – la Bruni ha venido respirando la música en casa desde su niñez. Desde los cinco años pasó a vivir entre Francia y Suiza. Podemos recordar además que nació en un hogar adinerado, ya que su abuelo, Virginio Bruni Tedeschi, fue el fundador de Ceat, un importante emporio industrial dedicado a la fabricación de caucho. Aunque Ceat siempre estuvo a la sombra de Pirelli, al papá de Carla le dio para vender la empresa y dedicarse sin ningún sobresalto económico a lo que más le gustaba: componer. Don Alberto Bruni decidió continuar su vida como compositor de música dodecafónica (algo así como música muy compleja, el sentido de que los doce tonos habituales pierden parentesco y preeminencia, dando lugar a la desaparición de las funcionales tonales). En tanto, como el tipo se había unido a una pianista clásica, Carla empezó a acariciar las cuerdas de una guitarra antes de cumplir los diez años y parece que intercalaba Chopin, Mahler, Mozart o Schubert con su descubrimiento de los sonidos de Serge Gainsbourg (Bruni participará más adelante en el disco homenaje a Gainsbourg: “Monsieur Gainsbourg Revisited”), Georges Brassens, Barbara y también  la cultura  sajona en las voces de The Beatles, The Clash, Bob Dylan, Joni Mitchell, Leonard Cohen, Ella Fitzgerald, The Rolling Stones o Velvet Underground.
   


Bagaje en varieté, si es que los hay…

¿Qué tienen en común Donald Trump, Eric Clapton y Mick Jagger?

La niña estudiaba arquitectura hasta que se hartó y se dedicó a las pasarelas desde los 19 años. Parece que desfiló para las marcas más importantes de Europa y estuvo entre las veinte modelos mejor pagadas del mundo. Pero en 1997 se hartó también de ello y abandonó el mundo de la moda.

Otra referencia que podemos tener para conocerla, es su relación con Mick Jagger. Y la mano vino de escándalo en ese momento, ya que parece que acusaron a nuestra niña de ser una de las razones por las que Jerry Hall terminó dejando al vocalista de los Rolling Stones. Pero nuestra niña no se quedó allí, ya que parece que estuvo enredada también con el millonario Donald Trump y con nuestro estimadísimo Eric Clapton (mucho más admirado desde que nos enteramos de este dato).

Carla Bruni quiso probar entonces cómo le iba si se ponía a cantar. La respuesta volvió a ser la misma, ya que no le fue nada mal. Sus primeros pasos los dio participando en el disco “Si J’étais Elle” de Julián Clero, a quién Bruni le cedió seis canciones.

   


¿Estás seguro de editar a una modelo que además produce escándalos?

Su primer disco, “Quelqu'un m'a dit”,  fue editado en 2002 sin campaña de promoción, pues la compañía discográfica francesa decidió no levantar mucho la perdiz. Los tipos tenían sus motivos: al  trascender los primeros rumores de que Carla Bruni iba a sacar un disco, los periodistas se lo tomaron en broma. ¿Quién iba a creer que una modelo top que ya se había metido en líos y que es  sumamente atractiva – tal vez demasiado – podía además cantar bien? Creer o reventar.

Con la producción del francés Luis Bertignac, resultó un disco suave, que nos arropa si queremos ir a dormir en invierno y nos puede refrescar en algún veranillo. La mayoría de las canciones están francés y hay alguna en italiano. Diez de las doce canciones del disco están firmadas por Carla, a excepción de La noyée, compuesto por Serge Gainsbourg y Le ciel dans une chambre, que compuso en italiano Gino Paoli. Bruni se mueve entre un pop delicado y la veterana chanson francesa. Ha llegado a vender dos millones de copias alrededor del mundo, de las cuales casi la mitad fueron vendidas en Francia (Sorry, no hay edición local, es decir, argentina). Parece que la música para Carla Bruni era algo más que un capricho y el disco trascendía el ser una tontería para consentir a una modelo.
   


Ooops! She did it again!
(pero en otro idioma)

Tuvieron que pasar cuatro largos años para que la tanita se largara con nuevo material al mundo de la música.  Lejos de ser una improvisada, demoraba por no encontrar la lírica adecuada a un conjunto de músicas ya compuestas hacía tiempo. Nada en sus lenguas maternas parecía encajar. El resultado de esto es un disco homenaje a la literatura de lengua inglesa del siglo XX. A ritmo de folk, blues y pop, pero siempre dentro de un marco entre bello, tristón y melancólico, Bruni musicaliza poesías de gente como William Butler Yeats, Wystan Hugh Auden, Emily Dickinson, Christina Rossetti (de su poema Promises like pie-crust es que surge el nombre del disco: “No Promises”), gente a la cual no tuve el gusto de leer, pero con la voz de Bruni queda más que bien y le da un contenido de amplia coherencia al disco.

La producción fue nuevamente de Luis Bertignac y esta vez contó con la ayuda de Marianne Faithfull (¿otra chica Jagger?) como asesora literaria y musical.

Si hay que elegir, me quedo con Those dancing days are gone, que abre el disco y At last the secret is out. Pero esos son caprichos míos. La recomendación es el disco completo. Dicen que en Argentina editan los dos discos este año. Si no, a importar o a bajar…

 

   

 

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