Los discos del abuelo
JETHRO TULL Aqualung (1971)
Jorge Bonelli
“Aqualung” es el cuarto álbum de Jethro Tull y en el se produce un punto de cambio
en su música abriendo caminos entre el folk al rock progresivo, el propio Ian Anderson diría hace pocos años: “Nosotros estábamos en la periferia de la música rock” y así sería en los gloriosos ’70.
Este álbum comienza con el tema Aqualung con el característico y clásico riff de guitarra, con la única letra compartida con su esposa Jennie contándonos la historia de un mendigo alcohólico y pedófilo que ha perdido la razón, la canción varía en sus intensidades, con momentos furiosos con el bajo y la batería, y en otros más calmos con los suaves rasgueos de la guitarra acústica y un maravilloso piano que acompaña perfectamente a la voz de Anderson y sin olvidarnos del impecable solo de guitarra de Martin Barre. En Cross-Eyed Mary nos narra los sinsabores en la vida de una prostituta menor de edad y la apertura está a cargo de la flauta, instrumento inteligentemente introducido en el rock por parte de Anderson, que le valdría hasta el día de hoy como su característica más sobresaliente e inconfundible en Jethro Tull y lo acompaña el bajo bien sincronizado de Jeffrey Hammond-Hammond de forma extraordinaria.
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Las historias se suceden a lo largo del álbum, las letras de Anderson se caracterizan por sus personajes marginales, descarriados, la vida callejera con fuerte contenido social y los temas de carácter religioso filosófico. “Puedo hacer que sientas, pero no que pienses” nos lo dice Ian Anderson y así es como debe ser la obra de un artista, no te lo da masticado, te lo sugiere y sacarás tus conclusiones.
“Aqualung”tiene además pasajes con temas acústicos, suaves y melódicos como en Cheap Day Return, Wond’ring Aloud y Slipstream o momentos más festivos con estilos medievales en Mother Goose para llegar a climas sombríos en My God con una fuerte
crítica a la iglesia como institución religiosa que sería uno de los temas recurrentes en la obra de Jethro Tull, se destaca además la genial composición de divertimento sonoro entre el solo de flauta y la voz.
Hymn 43 se convierte en el primer hit de la banda llegando a entrar en los primeros puestos de los rankings en Estados Unidos, ya un clásico con su característico riff manteniendo la tónica general del álbum. Ahora le llega el turno a otro gran tema como Locomotive Breath con su larga y magnífica introducción instrumental de un minuto veinte segundos entre el piano y la guitarra para dar paso a la voz de Anderson y el resto de la banda logrando uno de los puntos más altos de “Aqualung” para cerrar con Wind Up nuevamente haciendo mención a la imagen de Dios. "En el comienzo, el hombre creó a Dios, y le dio poder sobre todas las cosas" frase que acompaña la cubierta y que mejor ejemplo para esta gran creación artística de Jethro Tull de la mano del gran hombre de la banda.
“Aqualung” es un álbum imprescindible, necesario para entender una época y sentir como músicos inteligentes estaban permanentemente en la búsqueda de nuevos horizontes sonoros y aquí encontrarás un gran ejemplo.
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Thick As A Brick (1972)
Marcos Ibarra
¿Cómo conectar este registro musical con mi vida, tomando “mi vida” en el sentido de “la vida da muchos en determinadas condiciones de tiempo y espacio”? Quiero decir, en Tacuarembó, con la dictadura militar rigiendo el estado, con 14 años y las expectativas propias de esa adolescencia que adolecía de esencia y quería encontrarse una propia. El flaco Porcile se había comprado el “Thick as a Brick” original, el que era el diario completo con sus páginas (no la versión simplificada de tapa doble); nos juntábamos en la casa del Curuya, cerrábamos puertas y ventanas, bajábamos cortinas y cada cual a ocupar un lugar en el sillón, en una actitud de relax, divague personal pero en grupo; en una actitud de asistir a un evento muy importante: escuchar música. Un ritual: escuchar música con cada parte del cuerpo y tratando de abrir el canal auditivo del alma. El sonido de Jethro en ese momento era la música de fondo perfecta; “ese momento”: casi una foto detenida para siempre en la memoria atemporal, casi un planeta virtual en el espacio infinito. Ese momento, ese Jethro Tull, aquel aire más que el vino nos sedujo. Una canción infinita, empezabas a remontar vuelo con ella y no te defraudaba porque el vuelo se mantenía por mucho tiempo: dos caras de un disco. Cuando terminaba el lado A, silenciosa y rápidamente el Curuya daba vuelta el disco: trataba de minimizar el tiempo de interrupción. Había todo: sinfonía, rock, balada, magia. Había solos de flauta, guitarra, batería, teclado. Voces delicadas, ásperas, convincentes. La leyenda de un niño prodigio que habría escrito el texto; la mirada entonces desde un niño. El desgarro del alma que busca entender a Dios o al Hombre, en fin, la cadencia de almas responsables, integradas, universales, la cadencia de la banda en un mundo de gallinas bajo el sol, de motos Honda interrumpiendo la siesta, sin graffitis en los muros y con presos-por-pensar en las cárceles. Todo ese mundo tercero no era al que cantaba Jethro Tull y sin embargo coincidían. Las preocupaciones espirituales e intelectuales de la banda y su disco de un solo tema, eran expresadas en el texto, la melodía, la concepción general… y coincidían con las preocupaciones nuestras, las de los adolescentes en Tacuarembó, con dictadura y la líbido alta. Really don´t mind if you sit this one out, my words but a whisper-your defness a shout.
El Jethro Tull de “Thick as a Brick” estaba conformado por Ian Anderson en flauta, vientos, guitarra acústica, violín y voz; Martin Barre en guitarra eléctrica y laúd; John Evan en teclados; Jeffrey Hammond-Hammond en bajo y voz y Barriemore Barlow en batería y percusión. La fecha de lanzamiento del disco fue el 3 de marzo de 1972 y había sido grabado en diciembre de 1971 en Londres y con el sello Chrysalis con una duración de 43:50 minutos. El texto fue adjudicado al niño prodigio de 8 años Gerald Bostock cuya foto (con aspecto claramente intelectual) aparece en la primera hoja de las 12 que conforman el “The St. Cleve Chronicle”, diario que oficiaba de tapa y que tenía el formato de diario clásico con notas, chistes, juegos, donde se encontraba la extensa letra de la canción y hasta una revisión del álbum que se estaba presentando. Humor, ironía, inteligencia y mucho virtuosismo rodean a este disco desde la tapa hasta el último acorde. Pasajes de lo acústico a lo eléctrico, marcadas síncopas que se disuelven en melodías barrocas, arreglos de violín con criterio sinfónico clásico, son algunas de las características de esta canción larga, opuesta a las canciones de rock con formato de 4 minutos, continuación de marcado contraste con el disco anterior (más rockero) “Acqualung”. Jon Anderson (YES) mantuvo un intercambio de opiniones con Ian Anderson acerca de los impuestos a los artistas que impusiera el gobierno inglés de la época. Las anécdotas las recogía la revista Pelo y recuerdo un episodio en que Ian Anderson defendía la legitimidad de esos impuestos que buscaban nivelar el ingreso de los artistas con el de un albañil-según habría dicho. Jon Anderson habría contestado que no le extrañaba esa idea de Ian Anderson quien escribía-dijo-como un albañil. La respuesta aludía claramente a “Thick as a Brick” por su mención al adoquín o ladrillo, a la extensión de la letra más la postura política adoptada por Ian frente al tema en cuestión que produjera la emigración de muchos músicos desde Inglaterra hacia otros países, E.U.A. particularmente. A los adolescentes de Tacuarembó “Thick as a Brick” nos dio ideas, fuerza y deseos de crear mundos complejos, diversos, lejanos y propios. No importa el resultado de esos deseos, importa que alguien pudo ayudar a crearlos desde un disco. |
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