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El Complot del Teatro, entrevista con Gabriel Calderón.
Leo Flamia
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Con solo 23 años Gabriel Calderón se ha convertido en una especie de Enfant Terrible del teatro nacional. Dirige, junto a Martín Inthamoussú la compañía Complot, que, más allá de las nominaciones a los premios Florencio, y de haber obtenido varios con “Morir” en el 2005, pone en escena obras que rompieron un esquema y, aunque sea como un revulsivo, ya han dejado una marca. El espectáculo estrenado este año de Calderón se llama “Las nenas de Pepe” y sirvió de excusa para conversar con Gabriel de esta obra en particular y de teatro en general.
La vocación teatral de Calderón se despierta de forma fortuita, en talleres de teatro a los que se acercó casi como un hobby.
“Lo que pasa que yo había empezado a estudiar teatro en un taller” nos cuenta “iba a la Sagrada Familia y ahí se ofrecían talleres extracurriculares. Yo iba al liceo de mañana y después tenía gimnasia y me quedaban dos horas libres más o menos y habían talleres para ocupar el tiempo y ahí empezar ha hacer teatro. Eso fue a los 12 años. Después seguí año a año haciendo teatro. Un año me enteré de teatro joven, ponele que a los 16, y dije, bueno, vamos a juntar a algunos amigos para presentarnos”. No nos presentamos ese año pero si al siguiente. A los 17 años termino la Sagrada Familia, me presento en el Teatro Circular, yo había ido a los 16 a estudiar al Circular, y ahí entro ha hacer Biología en la Facultad de Ciencias. Ahí es donde uno empieza a ver que es lo que va ha hacer, medicina ya no me copaba, biología tampoco y además la de Ciencias era una facultad preciosa, a diferencia de las otras con sus problemas, en la Facultad de Ciencias tenías todo para estudiar, una biblioteca divina y sin embargo a mi no me copaba nada. Y pasaban los meses y yo no me decidía. Y bueno, ahí gano un premio del teatro joven a mejor espectáculo y mejor texto y miro para atrás y me doy cuenta que lo único que había hecho de forma constante con gusto a través de los años era teatro y ahí sí decido a los 18, 19 que voy a dedicarme al teatro. Me presento y entro a la EMAD y ahí ya no paro. Iba a la Escuela de noche y llegaba a mi casa a las 12 de la noche. Ahí me quedaba escribiendo o mirando tele hasta las 3 de la mañana. Después me levantaba al mediodía, escribía, ensayaba de tarde y las 5 iba a la escuela.”
Así que a partir de ese momento te empezaste a dedicar a full al teatro, dejo de ser una actividad extra para ser la principal.
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G.C.: A los 18, 19 fue a full, o sea me levantaba y me acostaba haciendo actividades vinculadas al teatro.
Estamos hablando de hace 5 años más o menos. ¿El primer espectáculo que tuviste en el circuito montevideano fue “Las buenas muertes”?
G.C.: Fue el primero que se conoció más o menos masivamente. El primer espectáculo que hice fuera de teatro joven fue “Taurus”, era en Arteatro. Hice 10 funciones nomás, no iba nadie. Pero fueron unos críticos y me nominaron al Florencio Revelación. No gané, pero por esa nominación del circular me llaman y me dicen, como yo había tomado clases ahí, “¿que estas haciendo?” y eso. Yo había presentado una obra que tenía en un concurso, la obra gana una mención y deciden que la van ha hacer, era “Las buenas muertes”. La iban ha hacer con otro director pero yo me presento para ver si podía dirigirla, tuvimos una reunión, les gustó la propuesta que yo tenía y dirijo la obra.
¿Que te gusta mas dirigir o escribir, o te gustan las dos cosas?
G.C.: A mi lo que más me gusta es actuar, que es lo que menos hago. Después lo que mas libertad tiene y que es lo más lindo desde el punto de vista creativo es escribir. Porque no hay límite, yo escribo sobre lo que quiero, como quiero y cuando quiero. Y lo más lindo de lo teatral me parece que es la dirección porque es lo más comunitario, es en donde conocés más gente, conoces gente de teatro. Yo a través de la dirección trabajé con gente que admiré, la dirección me permitió trabajar con ellos. También he trabajado con gente que no me llevo para nada y que sin embargo los llamo para que trabajen en un espectáculo mío. Eso es lo que me gusta del teatro, que a través de él puedo trabajar con gente que no comparto nada, si no fuera por el teatro, que piensa diferente, que no me gusta lo que hacen, pero sin embargo en el teatro podemos “acordar” una obra y trabajar juntos.
Después de “Las buenas muertes” la primera obra que viene es “Mi muñequita” ¿no? La primera que tiene gran suceso. La primera vez que escuché hablar de Gabriel Calderón fue en una entrevista a Tabaré Rivero en que te nombraba a vos como un caso destacado en ese momento.
G.C.: El “Taba” fue a ver Mi Muñequita y quedó fascinado, yo no lo conocía. Después fue a ver Las Buenas Muertes y yo estaba en el camarín y entro preguntando “¿Quién es Calderón? ¿Quién es Calderón? y me vio y me abrazó y me dijo que se reconciliaba con el teatro… y yo no hice teatro para reconciliar a nadie. Eso se dio un poco por suerte y un poco por lo que yo se hacer. Y hay mucha gente que vio que lo que yo hacía no se estaba haciendo y que era fantástico. Para mi es algo natural porque yo soy de una generación que no estaba representada. Ahora hay más gente de mi generación trabajando.
Si, además el público de teatro es el mismo en todos lados y sin embargo las obras tuyas llevan gente joven que no es habitué del teatro. Jóvenes que no ves en otras salas y esto termina siendo bueno para el teatro porque hay gente que se da cuenta que hay un lenguaje teatral que sí le interesa, que si le gusta y terminan yendo a ver otras cosas.
G.C.: En el Circular me decían que pila de gente joven que se acercó a ver los espectáculos míos ahora se quedaron a ver los espectáculos de ellos. “Nunca estuviste tan adorable”, “Familia”, ellos están teniendo publico joven que no tenia. Y está bien, me parece bárbaro. Va mas allá de lo que yo quería hacer, yo en realidad quería hacer teatro, digamos que me salio bien.
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Tus espectáculos en general tratan sobre esa “falsedad de las relaciones entre las personas” como lo decís en algún programa explícitamente. Los personajes que armas a veces parece que cuando se dirigen al otro más que ver a los demás ven los reflejos de sí mismos en los demás. Y a partir de eso una de las instituciones que más sale golpeada es la familia. Una institución en donde hay relaciones impuestas y terminan siendo bastante hipócritas porque en realidad lo único que se pretende es como mantener un orden. Eso me parece que es una constante en tus textos y espectáculos.
G.C.: La familia es uno de los pocos temas que trabajo. Porque justamente no me gusta trabajar temas, me gusta trabajar historias, sin embargo la familia es un tema que a mi me gusta trabajar. Y me gusta aceptar que lo trabajo. A mi no me gusta, porque no es verdad, decir que trabajo sobre la muerte o el sexo. Son temas que están ahí. Pero la familia sí es un tema que yo agarro y me gusta atacar la familia convencional, porque me divierte mucho. Porque me parece que en Uruguay todavía se mantiene esa idea de ver a la familia como el objetivo, casarse… El divorcio se ve como un fracaso... y yo no lo vivo así. A mi me gusta mucho entonces mostrar familias descompuestas, yo no digo que la vida sea así. Simplemente me gusta agarrarlos como material para mis obras. Me parece muy jugoso que personas que lógicamente no tendrían que estar juntas lo estén, le llamamos familia pero en cualquier lugar personas que se sometan a estar juntas cuando no tienen que estarlo me parece genial y es motor de cualquier obra de teatro. La familia, que es la célula política mas chica, de la sociedad tiene como elementos a personas que se someten por convenciones tradicionales a estar juntas, a quererse, a cuidarse, a ser buenas. Siempre recuerdo al personaje de Madame Bovary que tiene una hija y no la quiere. Lo maravilloso de no querer a un hijo, y no lo quiere. Nosotros tenemos en la cabeza que a los hijos hay que quererlos, protegerlos, estar juntos, lo que pasa en la familia se queda en la familia...
Si, la familia es el único tema que realmente me divierte, me gusta trabajar.
En “Mi muñequita” no se trabaja a los personajes de forma naturalista. O sea, no estás atacando individualidades porque los personajes están cerca de lo arquetípico, o de estar formados a partir de un esquema y no como individuos.
G.C.: Claro, ahí ya estamos en la etapa de dirección. Yo siempre separo bien lo que es la etapa de dramaturgo y lo que es la etapa de dirección. Y en ese caso hacía tiempo que había escrito “Mi muñequita”. La había escrito a los 17 y la montamos cuando ya tenía 20. Había bastante distancia. Y en realidad la decide montar el grupo, no yo. La obra esta escrita como una cadena de crueldades, no pautaba que tenía que ser hecha en tono de burla, ni tenía que ser una farsa, eran papá y mamá y podían ser papá y mamá normales. Pero cuando la vamos a hacer decido que tratáramos de reírnos de las crueldades de la obra. Y en realidad terminó siendo mucho más cruel. Mucha gente no se reía para nada. Con ese tema hay un corte generacional claro, la gente de mi generación, hasta los 30 que iba los sábados convertía la función en una fiesta. Y había funciones que eran un embole. Me acuerdo cuando hacíamos funciones los domingos, no había ni una risa, eran personas adultas y muchas muy salían trastocadas. Se vivía totalmente diferente y a mi me parece bárbaro.
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Genera rechazo en determinadas generaciones, supongo que la razón es la misma que hace que genere rechazo “Esperando la carroza”, por ejemplo, o cualquier cosa de Jacobo Langsner, la identificación con un personaje. No de la misma forma porque Langsner trabaja a los personajes de otro modo pero es lo mismo.
G.C.: El rechazo es fantástico, a mi me cuesta. Ahora con “Las nenas” creo que mucha gente está sintiendo rechazo por suerte. Y me parece bien porque sino después se genera como una especie de fanatismo y la gente va a ver “la obra de Calderón” sin pensar, y es muy difícil producir rechazo y es bueno producirlo también.
¿Te has planteado producir rechazo concientemente o simplemente lo disfrutás cuando pasa?
G.C.: No, es muy difícil, no me lo planteo, me gustaba cuando pasaba. En “Las buenas muertes” pasaba y en “Mi muñequita” pasaba. En “Uz” ya no pasaba tanto y en “Morir” no pasó casi nunca.
Morir tuvo cierto consenso universal
G.C.: Y claro, me generó una alerta... está bien que guste, a quien no le gusta que guste un espectáculo de uno, pero está bien también que divida aguas, que a uno le parezca fantástico y otros digan esto es una bosta, es una cagada. Ahora con Las nenas está pasando un poco. Hay gente que se va maravillada y otra que dice ¿que es esto?
¿Qué te parece que pasó con “Los restos de Ana”?. Yo la vi en la ACJ el día que se cortó la luz y vos te molestaste mucho, la gente aplaudía y vos decías que no aplaudieran, que esto justamente es lo que no querían que pase más. Después también la ví en Central, y me impresionó. Me generó una terrible sensación de vacío, pero no tuvo mayor repercusión.
G.C.: En realidad yo a “Los restos de Ana” no quería hacerla. Fue un trabajo que hicimos con Martín para hacer cuatro funciones nada más, mostrando lo que era un trabajo conjunto. Ya habíamos hablado con Martín de que no íbamos ha hacer temporada. Era una investigación que tenía un punto final que era un espectáculo de 50 minutos una hora y era eso. Cuando vinimos acá no pudimos hacer nada de lo que realmente queríamos porque la sala no funcionaba bien, no estaba siempre pronta había pila de cosas que no permitía que vos llegaras, además en ese lugar tenías que encajonarte mucho para verla. Mi idea era hacer solo 4 funciones y terminamos haciendo como 8 porque la gente quería. Y ahora, hoy por hoy, la siguen pidiendo. Estamos por hacer un taller con Martín, el complot en escena, sobre como confluir diferentes elementos para que la escena funcione, el espectáculo escénico, más allá del gusto de los espectadores. Y ese era el resultado, teníamos invitaciones para ir a Venezuela y a España a presentar un espectáculo y a dar un taller. Por razones personales mías no fuimos a ninguno de los dos lados y lo pasamos para este año. Este año vamos a ir a México a dar dos funciones del espectáculo y a dar el taller, que era lo que queríamos. En realidad lo habíamos armado para la compañía en ese sentido. Después uno propone y las cosas pasan como pasan.
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A mi me había dado la impresión de que era un espectáculo redondo en todo sentido, porque lo que hacen es tomar varias técnicas para armar una historia, que además esa historia en si misma se fragmenta en la subjetiva de Ana, en los personajes que hablan de ella en la proyección, los personajes que hablan de ella en la escena, que además no son actores en el caso de ustedes encarnando a los personajes, sino que están recitando. Como que juegan con varias técnicas para armar la historia.
G.C.: Era esa justo la idea, el taller que trabajamos es complejo porque trabajamos de lugares muy diferentes Martín y yo, por eso nos complementamos. Martín trabaja desde la composición y yo trabajo desde la teoría dramática y eso confluye en la escena. A veces la gente dice “pero en Mi Muñequita no está eso” y es verdad en un espectáculo no está todo, hay más una cosa u otra, entonces nosotros queríamos tener un espectáculo en donde pudiera estar todo mas allá del espectáculo, nosotros sabíamos que en “Los restos de Ana” lo fundamental no era el espectáculo en sí, era la teoría que estaba puesta adentro, para poder aplicar el taller, era eso lo que queríamos. Después bueno lo hicimos acá y allá y la vida sigue. Pero en realidad a mi cuando se hace un espectáculo no me gusta que sea tan perfecto. Para mi las obras de teatro no tendrían que ser perfectas, las obras de arte, aunque las mías no lo sean, son perfectas por sus imperfecciones. El artista en su cabeza trata de que todo sea perfecto pero la imperfección queda y es finalmente lo que la hace maravilla a la obra. Como espectador esta bueno cuando vez y no te sierra todo, yo he visto películas que me fascinan que la teoría que tienen adentro no me cuadra, pero es lo que sigue haciendo que me sigan generando cosas.
Uno de los alter egos de Enrique Symns decía que Platón era el culpable de eso, que si bien ya no existe la convicción de un mundo de ideas de realidad objetiva sigue existiendo el afán del ideal como algo que preexiste a la obra y al que hay que llegar.
G.C.: Y además el teatro es lo opuesto a la perfección, depende de tantas personas... El escritor, el escultor, el pintor, son artistas individuales, pero en el teatro intervienen tantas personas tanta gente que está creando además, son creadores cada uno de los que interviene que apuntar a la perfección es algo estúpido... Y que además no se si le hace bien, yo he visto obras perfectas, perfectitas y... no me paso mucho... Ahora las otras, las que está llenas de imperfecciones que ves a todos los humanos atrás, los actores tratando de pelearse en el barro para sacar adelante la obra me genera mucho gusto, gente enojada viendo la obra es la esencia del fenómeno teatral.
Evidentemente ves a lo teatral como algo orgánico, como algo vivo, no como algo fijo y estático, y al espectáculo incluyendo a los espectadores.
G.C.: El espectador uruguayo está muy mal acostumbrado, es el espectador consumista, ese que va y se siente y si a las 9 no empezó empieza a aplaudir. Un día voy ha hacer un espectáculo y voy a dejar que la gente aplauda y que demore media hora, que la gente sepa que es parte, que la obra de teatro es mucho mas que ver de afuera. Para mi es maravilloso que, si me pongo a pensar en lo que es el teatro y un montón de cosas, que en “Las nenas de Pepe” estoy con cuarenta personas de las cuales conozco bien a 10, y hay 30 que están apasionadas la igual que yo para un espectáculo en el cual no cobran algunos o cobran muy poco, y después es un espectáculo que estamos haciendo todas las semanas y después la gente viene entra y muchos no lo reciben, se enojan, hablan mal por ahí. Me parece genial todo eso porque además nosotros no nos mueve nada más que correr el riesgo de ser artista, porque al final del mes, ni económicamente es para enloquecerse, ni sos más inteligente por hacer teatro.
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“Las nenas de Pepe” toma al espectador adentro del espectáculo. Además está armado en función del lugar, cosa que decís explícitamente. Tanto que en otro lugar sería casi imposible montar el espectáculo. ¿Cómo fu el proceso de creación?
G.C.: En primer lugar yo primero ví el lugar y después me pasé dos meses escribiendo el texto sin empezar a ensayar, recién en las ultimas semanas ya habíamos empezado a ensayar, pero en realidad arme el texto para el lugar y después empezamos a ensayar y crear el espectáculo más que el texto. Para mi lo que tiene que predominar al final es el espectáculo en el lugar, ni el texto, ni las actuaciones. Hay gente que dice que las actuaciones no trascienden, también mucha gente me dice que el texto es muy Calderón (se ríe) y claro lo escribí yo (risas totales).
Capás que alguna gente fue pensando que iba a ver una versión de “La casa de Bernarda Alba”, y vos jugas con algunos elementos, pero en realidad no es eso.
G.C.: Yo me preocupe mucho en aclarar que la gente no viniera a ver Bernarda Alba, primero porque no es, y segundo porque yo no había tratado de reescribir la casa de Bernarda Alba, había tratado de crear algo nuevo y de alguna manera la reivindica, porque la gente que se opone por ejemplo, defiende a Bernarda Alba y eso esta bueno, hay gente que tiene que buscar un motivo para decir “lo tuyo es una bosta y lo de Lorca es fantástico”, bien por Lorca, fantástico.
Igual a mi me parece que el contraste entre la actitud de tu Alba y de la Bernarda de Lorca es lo mismo pero al revés. Que en realidad es en lo que más se nota que partís de Lorca. En vez de exigir castidad, Alba sigue siendo una madre autoritaria que exige a sus hijas que se desvirguen, y también las trata como su propiedad.
G.C.: Y a mi me divierte muchísimo, es por eso que hago teatro, porque me divierte, trabajo con gente que me gusta trabajar.
En tu caso hay un trabajo de reflexión teórica que aplicás, que se nota que te interesa mucho y que no es tan común. Me parece que hay mucha gente que se acerca al teatro más por el brillo que por interés teatral.
G.C.: Si, a mi me preocupa mucho que la gente vea nuestro espectáculo, por eso tenemos una compañía y tenemos una pagina Web y armamos un calendario. Le metemos mucha cabeza a la compañía porque creemos en la producción de las cosas escénicas. Ahora todo eso está sustentado en una forma de vida que es el teatro, es como yo se vivir, en lo que se pensar, veo y escribo teatro... Y creo que es eso, porque por ejemplo yo odio hacer psicología en mis espectáculos…
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Si, eso se nota en que tus personajes son más bien arquetípicos no individuales, al menos es lo que parece que hacés ahora y lo que te interesa, no sabemos más adelante.
G.C.: Es como muchas dudas todo el tiempo, y saber que las dudas son el camino, un director ecuatoriano decía “el teatro es para la gente que no sabe hacerlo, tenemos que hacerlo los que no sabemos, porque somos los que buscamos, aquellos que lo encuentren no tienen que hacerlo, tienen que ser críticos o teóricos”. Y a mi me pasa siempre, yo hago un espectáculo y cada vez que me gusta un movimiento escénico que va ahí con sus imperfecciones o perfecciones, me pongo a buscar otra cosa, me gusta cambiar... Ahora ya paré de escribir textos, hace siete mese que no estoy escribiendo nada y me voy a tomar algunos meses más, porque estoy muy dedicado a la escena. Ahora vamos a empezar a dirigir un espectáculo de cuarenta personas, cuarenta actores. Me apasiona porque no tengo ni idea de como se hace eso, vamos a codirigir con Martín para La Gaviota una obra que se llama “Antes y después” de un alemán, Ronald Schimelphenig.... o sea, es como lo desconocido. Tenemos nociones, pero tenemos la certeza de que es inabarcable cuarenta personas.
¿Y cómo te acercas, como director, a un texto de otra persona? ¿Desde el lugar que la otra persona indica para abordar el texto o tratas de armar el texto como a vos te parece?
G.C.: Con mucha libertad, y depende de para que funcione, hay veces que necesito ir y ver si el autor me esta dando alguna pista y estoy perdido y hay veces que dejo mas creatividad. Para eso necesito autores que me paso con Belbel y con Schimelphenig que son muy abiertos, que te permiten que encares pensando “el texto es este pero podes hacer una obra de teatro nueva”. Y eso es bueno, porque lo necesitas, porque la escena te va pidiendo cosas y tenés que cambiar y variar.
Y más allá de que hace un tiempo que no escribís ¿Tenés algo ya escrito para trabajar más adelante?
G.C.: Para el año que viene tengo una ya escrita “Mi pequeño mundo porno” que es la última que escribí. Además creo que con las nenas de Pepe doy por concluida una etapa de escritura, una etapa verborrágica de malas palabras, creo que ahora todo eso se va a mantener, pero con una reflexión más teórica.
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Se nota que a veces las malas palabras están utilizadas sin necesidad, en Uz por ejemplo, hay muchas que podían no estar pero de alguna manera forman un todo con la obra que le dan una estética al conjunto definida.
G.C.: La otra vez me dijeron que yo uso las malas palabras para lograr un efecto que ya no produce, que tendría que cambiarlas. Y yo no escribo con malas palabras para surgir un efecto, escribo con malas palabras porque me gusta, porque no tengo otra forma. Una vez me puse a escribir una obra sin malas palabras, como ejercicio y nunca voy a poner en escena esa obra porque no es mía. Lo otro es natural yo escribo así y esta bien a la gente puede no gustarle y ta, tendrán que dejar de ver mis obras. Pero otra cosa es que es algo que es natural en mí y yo no lo tenía teorizado, y ahora estoy tratando de bajarlo y de ver a que corresponde. En “Mi pequeño mundo porno” trabajo sobre la obscenidad y sobre las malas palabras y sobre lo pornográfico y todo eso está en la obra, es la obra, pero está muy pensado. Por ejemplo “Las nenas de Pepe” la escribí y la retoco en escena, pero “Mi pequeño mundo porno”, como me paso con “Las buenas muertes” o “Uz”, las retoqué, y vuelvo y cambio, o sea trabajo como dramaturgo en ellas. Trato de dejarlas compactas antes de ensayarla. En cambio “Las nenas de Pepe” es un texto que casi no lo doy, creo que para el que la lee es casi un mamarracho.
Es un espectáculo visual más que nada.
Otra cosa que me parece que genera rechazo y que trabajas concientemente es el sexo y la insatisfacción sexual. Daba mucha gracia el personaje de Tabaré Rivero en Uz yéndose a trabajar con esa familia perfecta con todo el amor pero que en realidad contaba los días para tener relaciones con su mujer. Me parecía brillante. Las nenas tiene eso también y es un elemento que genera rechazo en alguna gente y en otra en realidad capás que le da más importancia que vos incluso.
G.C.: Claro, lo que pasa que si no manejamos sobre la idea de que yo hago teatro para divertirme, ¿no?, a mi hay cosas que me divierten, hay cosas de la vida que me divierten y me gusta decirlas en un espectáculo. A mi que haya gente que defiende o deja de defender la virginidad como un tema de valor humano me divierte. Yo tengo que ponerlo en un espectáculo. Yo me tengo que bancar en la vida cotidiana, como ciudadano, que la iglesia y el Opus Dei y los anarquistas, yo que se, todos salgan y me grafiteen y me digan en la tele sus ideas y que las defiendan. Y gratuitamente, porque a veces yo voy por la calle y me dan los papeles y miro la tele y aparecen las cosas ¿no? Porque yo no voy a poder decir lo que yo pienso en mis espectáculos cuando la gente además ya sabe quien soy y me conoce, yo no vendo ñoquis y después doy churrascos, el que quiere ver una obra clásica, bien contada, no me viene a ver a mi. Uz yo la quise hacer para reírme de la religión, porque hay muchas cosas como el Opus Dei que me causan mucha gracia.
En Calderón se nota que más allá de lo que ponga en el teatro, no existe ese ánimo de trascender a priori que arruina al arte, se nota que no le preocupa eso sino que te interesa divertirte, sobre nos dice:
Porque me parece que no depende de uno, uno tiene que preocuparse de lo que puede manejar, Yo creo que hoy estoy en el teatro porque a mucha gente se le ocurrió y me dijo dale y hubo un boca a boca y yo hice lo que se hacer. Ahora capas que la gente empieza a decir que lo que hago es una bosta, esto no lo vayas a ver, y me sacan. No hago teatro para un puñadito de gente, sin dudas que uno tiene que dar notas y salir en la tele porque está en este mundo y para que la gente venga y se acerque y para que uno sea más conocido y venga más gente que a uno le interesa. Y a Las nenas de Pepe a venido gente que no tiene ni idea de lo que viene a ver y están habiendo enojos genuinos. Porque hay gente que viene ya enojada, pero hay gente que a venido sin saber que se iba a encontrar y salen calientes y eso es fantástico, que el teatro genere eso es genial, un teatro que se está muriendo desde que nació que está en crisis desde los griegos. Que en este mundo donde la gente está cada vez más separada, en que la gente se muere de soledad, que el teatro siga conglomerando gente y produciéndole cosas es buenísimo. La gente viene, no se porque pero la gente viene.
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