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EL “MONÓLOGO DE LA OLA”
Pablo Martín Cerone (desde Mar del Plata)
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Hunter Stockton Thompson fue un periodista y escritor norteamericano que nació en 1937 y se suicidó de un balazo en la cabeza en 2005. Sus libros y artículos periodísticos, escritos con una prosa torrencial, alucinada por el alcohol y las drogas, desafían crudamente las divisiones entre sujeto y objeto, ficción y no-ficción, objetividad y subjetividad, y son un ejemplo de lo que se dio en llamar Periodismo Gonzo
Thompson trabajó para medios tan diversos como Rolling Stone, San Francisco Examiner, The Nation, ESPN o Playboy, cubriendo desde la campaña presidencial norteamericana de 1972 hasta el Derby de Kentucky, y desde una carrera de motocross hasta la vida de los Hell’s Angels. Muchos de estos trabajos sirvieron de base para sus libros, el más conocido de los cuales es “Miedo y asco en Las Vegas” o “Pánico y locura en Las Vegas” (“Fear and loathing in Las Vegas: a savage journey to the heart of the American dream”, 1972, cuya versión cinematográfica de 1998 fue dirigida por Terry Gilliam y protagonizada por Johnny Depp y Benicio del Toro).
Del capítulo 8 de esta obra extraemos lo que suele llamarse El Monólogo (o Discurso) de la Ola, un texto que Thompson apreciaba especialmente y que, a precisos cuarenta años del Verano del Amor, sirve como excelente testimonio de época. Esperamos que nuestra traducción no sea tan torpe como para estropear su disfrute. |
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“San Francisco a mediados de los ’60: un tiempo y un lugar muy especiales para ser parte de ellos. Tal vez eso significara algo. Tal vez no, a la larga... pero ninguna explicación, ninguna combinación de palabras o de música o de recuerdos puede rozar la sensación de saber que estabas allí, vivo, en ese rincón del tiempo y el mundo. Sea lo que fuera que significase...
“Es difícil hablar de La Historia, por todas las mentiras de mierda, pero incluso sin estar seguros de La Historia, parece enteramente razonable pensar que, cada tanto, la energía de toda una generación se condensa en un largo y magnífico instante, por razones que nadie realmente entiende en su momento – y que nunca explican, en retrospectiva, qué es lo que realmente pasó.
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“Mi recuerdo principal de esa época parece brotar de una o cinco o tal vez cuarenta noches – o madrugadas – cuando salí de Fillmore medio loco y, en lugar de irme a casa, conduje la gran 650 Lightning a través del Bay Bridge a 160 kilómetros por hora, vistiendo pantalones cortos L. L. Bean y una campera de pastor Butte… yendo a fondo por el túnel de La Isla del Tesoro hacia las luces de Oakland y Berkeley y Richmond, sin estar muy seguro de dónde doblar cuando |
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llegara a un retome (siempre quedándome en el peaje, demasiado dado vuelta como para poner punto muerto mientras buscaba cambio…) pero estando absolutamente seguro de que no importaba qué camino tomara, porque siempre llegaría a un lugar donde la gente estaría tan volada y salvaje como yo estaba: no había duda de eso.
“Había locura en todas las direcciones, a cualquier hora. Si no era a través de la Bahía, entonces era Golden Gate arriba o bajando la 101 hasta Los Altos o La Honda... Podías hacer saltar chispas en cualquier parte. Había una fantástica sensación universal de que fuera lo que fuera que estábamos haciendo estaba bien, que estábamos ganando...
“Y eso, creo, era lo principal - esa sensación de victoria inevitable sobre las fuerzas del Mal y de lo Viejo. No en una forma mezquina o militar; no necesitábamos eso. Nuestra energía simplemente prevalecería. No tenía sentido pelear - de nuestro lado o del de ellos. Teníamos todo el impulso; estábamos montados en la cresta de una ola alta y hermosa...
“Y ahora, menos de cinco años después, podés subir a la cima de una colina empinada en Las Vegas y mirar hacia el Oeste, y si sabés mirar casi podrás ver el punto hasta donde llegó el agua - ese lugar en el que la ola finalmente rompió y comenzó a retroceder”. |
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