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Tierra Baldía
ENTRE LA NADA Y LA ETERNIDAD
Guillermo Baltar
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¿Por que al ministro Astori le molestaba la posibilidad de plebiscitar la reforma tributaria? ¿Acaso no se plebiscitó la Ley de Caducidad? ¿No se llevo al referéndum público la posible privatización de ANCAP y de OSE? ¿Teme que el pueblo le indique sus temores y certifique que las macroeconomías están muy bien para los gobernantes pero no para los ciudadanos de a pie?
El derecho que los ciudadanos poseen para pronunciarse, no debería molestar a aquellos que dicen legislar para estos. Astori debería esforzarse por esclarecer las argumentaciones a favor de su reforma. Una reforma que el bolsillo del uruguayo medio poco entiende. Suelo escuchar las voces de las calles y la de los taxistas. Las de las oficinas, los supermercados, las panaderías, las farmacias, los campos de fútbol, los cines. Gente de a pie y también de la otra, los que han estacionado sus automóviles y se han bajado, por ejemplo, a realizar sus compras.
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Estoy hablando de los últimos estertores de la clase media nacional. Lo que va quedando de ella. La apreciación es una sola, y no sólo tiene que ver con la política tributaria que piensa realizar este gobierno. También tiene que ver con sus políticas culturales. Estamos siendo rehenes de una pasmosa inmovilidad. Estamos sujetos a directrices de invalidez, donde por más que aparezcan ciertos signos de buenaventurazas o ciertas perspectivas de apoyos a las artes y a sus proyectos (como es el caso de los Fondos Concursables del MEC) el sesgo burocrático y partidista alcanza por momentos irritabilidad y desconfianza. ¿No será que esa estrechez en las políticas culturales está orientada a perpetuar el sesgo de la pobreza? ¿La cultura de la alpargata y el choripan, sabiendo que allí se pueden generar votos cautivos y palpables? ¿A que cambiamos? La reforma tributaria lleva al gobierno a empatar hacia abajo. A agrandar aún más el precipicio que separa a unos de otros. Cuando el Presidente Vázquez habló a la ciudadanía en la Plaza Independencia a comienzos de este año, una sombra papal, gris y aburrida se proyecto desde el estrado. En sus “Uruguayos, Uruguayas”, percibí que no estaba hablando para mí. Su séquito, poblado de gente mayor o en vías de serlo, mostraba un estrado de esperanzas urdidas treinta o cincuenta años atrás.
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Es decir, hace treinta años deberían haber ganado Wilson o quizás ellos. Ahora sabemos, que lo peor que le paso al país fue la irrupción de Sanguinetti. En suma, el candidato de los militares. Tras los Pactos del Club Naval, la estrategia política de la izquierda careció de estrategia cultural. La cultura -hasta el gobierno municipal del arquitecto Arana- permaneció estacionada, olvidada en todo proyecto o iniciativas. Vázquez en su discurso, desnudó su soledad presidencial. A su vez, los partidos tradicionales son incapaces de generar verdaderas voces opositoras. No pueden hacerlo, no han hecho un mea culpa, no han reconocido públicamente todos y cada uno de sus errores y sus horrores. Han perdido credibilidad en una vasta zona de la sociedad. Hay generaciones que surgen bajo un sesgo de despolitización total. La gente quiere vivir mejor. Quiere poder darse un gusto, satisfacer algún deseo, volver a soñar con otro mañana más digno. Eso que los sindicatos se empeñan en no entender cuando una y otra vez comienzas sus marchas y contra marchas contra los TLC.
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Hay una masa social que no esta representada por nadie. Esa masa social fue la que dio la mayoría absoluta al Frente Amplio. Gente que apoyó la posibilidad de un cambio, agotado ya el modelo del bipartidismo tradicional. ¿Y ahora? ¿Esos “Uruguayos y Uruguayas” para los que Vázquez no gobierna adonde irán? Donde llevaran sus votos las próximas elecciones, por que los demás partidos, carente de ideas, de propuestas, atorados, viejos y aún sosteniéndose en más de un cadáver político, tampoco parecen importarles. Hay una masa silenciosa y anónima que camina sola por la ciudad y mastica la rabia de los postergados. Ella esta integrada por personas de todos los estamentos sociales y con múltiples rangos de educación, gente que se ha cansado de esperar, por que el tiempo de las esperas es finito y por que el derecho a la vida, al poder vivirla y disfrutarla, debería ser una atención impostergable. No es así y el país va por donde va. A los tumbos en la política internacional. Caminando por una cornisa gris, esperando otros inviernos y otras primaveras. Si la Línea de Tordesillas, no hubiese delimitado esta geografía por capricho, quizás la historia hubiese sido otra. En tanto, constatamos que el “experimento Ponsomby”, una vez más, continúa fracasando. |
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