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Lo irracional en el teatro

Entrevista al equipo de“La Tercera parte del mar”

Leo Flamia

     
       

“La Tercera parte del mar” es el nombre de una obra de Alejandro Tantanián que el joven director Gerardo Begérez decidió montar este año en la Sala Cero de El Galpón. Los dos actores elegidos, Soledad Frugone y Pablo Pípolo, también tienen cerca de 30 años.

 Es un espectáculo innovador por varias razones, por la apuesta a lo sensorial, a la comunicación teatral que comienza desde la puesta en escena, desde las luces y el sonido.

Una obra que apunta a que se manifiesten sensaciones en los espectadores, que sientan cosas a partir del movimiento de los actores en el escenario, pero no a que se “entienda” algo. En ese sentido está mucho más cerca de la experiencia poética que de la narrativa, entendiendo esto bajo parámetros decimonónicos.

Y justamente además del éxito de público que está teniendo esta puesta, está contribuyendo a romper una monotonía que aparecía demasiado cristalizada en la escena teatral. No solo existe el teatro naturalista y testimonial. Y además, el que se extiendan nuevos lenguajes no implican que se sustituyan los anteriores. Simplemente que hay otras maneras de hacer teatro, tan válidas como las anteriores. Y un espectáculo no se debe juzgar por si nos gusta o no, sino que se debe tratar de entender lo que el director y los actores quisieron hacer, y ver si eligieron los elementos correctos para esto, si lograron el objetivo trazado a priori, si lograron comunicarse que de eso se trata.

El camino lo iniciaron algunos elencos y directores jóvenes y aunque no se sabe a donde se va, al menos se va. Falta que muchos actores, directores y ¿críticos? se den cuenta de que viven al menos medio siglo atrás, pero parece que gracias a gente como Soledad Frugone, Pablo Pípolo y Gerardo Begérez, se empezó a caminar. A continuación se publica una charla con ellos tres sobre este espectáculo para 45RPM.

   
       

En los comunicados se habla de que ustedes conforman un grupo que realizó un taller experimental, que tiene “La tercera parte del mar” como primer espectáculo.

G.: Nosotros somos de la generación más nueva de El Galpón, y nos conocemos mucho, estuvimos muy cerca los 5 años de la escuela, y confiamos entre nosotros también. Empezamos desde ahí, desde la confianza, la que yo tenía en ellos y la que ellos tenían en mi, esa fue la base del trabajo. Tuvimos que abandonar un par de espectáculos que habíamos empezado a ensayar por razones bastante complicadas. Y leyendo teatro, a mi me interesa mucho este tipo de teatro, con obras de los argentinos “posmodernos”, y me encontré con este texto y cuando leí la obra dije “ta, es esto”. Nunca me había pasado de visualizar tanto una obra, no como actor haciendo el texto, imaginándome como un personaje, sino visualizándola desde otro lugar, cosa que nunca en la vida leyendo teatro me había pasado, esta energía, esa fuerza me hicieron pensar que había que hacer algo. Ahí fue que se la di a Soledad y ella piró, yo le conozco la cabeza y sabía que le iba a interesar mucho el texto y me dijo “bueno, ¿cuando empezamos?”. Luego le pasé el material a Pípolo, le dije que a mi me interesaría mucho que indagáramos un poco en este texto, que es un texto que nosotros en la escuela y en los primeros años de trabajo en El Galpón no hemos frecuentado y capaz que podía ser un desafío importantísimo como actor joven, que empieza una carrera y también le copó la idea. Entonces nos reunimos los tres todas las mañanas durante 8 meses, sin ningún tipo de presión. Cuando vos montás un espectáculo en una institución como esta en general corrés contra el tiempo. Pero nosotros dijimos “bueno vamos ha hacer todo lo contrario a lo que se hace en general, vamos a trabajar sin ningún tipo de apuro cuando nosotros realmente pensemos que el espectáculo esté pronto ahí recién lo vamos a mostrar al mundo, cuando los tres estemos de acuerdo.” Lo cuidamos mucho al espectáculo. Capaz que no salía, pero empezamos a trabajar sobre él y cuando íbamos tres meses ya sabíamos que habíamos llegado a un espectáculo y estábamos muy contentos, muy compenetrados con la historia...

   
       

A mi me resultó muy interesante el carácter solipsista al revés de la obra. Un personaje como Victoria que no tiene seguridad de su existencia y por eso busqué el texto y lo encontré en la página del CELCIT. Y noté que hay variaciones en el texto. Además de que no hay referencias sobre el como montar el espectáculo. Y me llamó la atención el como llenan desde el punto de vista de la puesta en escena la obra.

G.: Yo leí la obra y me generaba muchas imágenes, y le di mucha cabida a ellos como director. Había muchos espacios libres que yo dejaba a propósito y estuvimos creando todo ese mundo y estamos conformes, muy contentos con lo que logramos, puede gustar o no gustar, hay público para esto y otro que de pronto no le interesa, pero nosotros como equipo estamos conformes con lo que logramos con este producto artístico. Lo que nosotros visualizamos durante esos 8 meses lo logramos hacer.

¿Vieron el espectáculo montado de otra manera?

P: Sabemos que se hizo una vez en el 99 en Buenos Aires pero no, ni fotos vimos, y tampoco queríamos ver nada durante el proceso de creación.

G: Yo tampoco hablé con el autor sobre el texto, le pedí autorización para hacerlo y me dijo “trabajalo con total libertad”.

Ese momento de circularidad que se da en un momento de la obra no está en el texto por ejemplo.

S: Lo que pasa que es muy amplio, cuando vos lo leés el texto te das cuenta de que tiene millones de maneras, de formas, de posibilidades. Y nos pasaba eso que cuando lo leíamos y lo íbamos trabajando, que primero trabajás una escena, después otra, a veces te salteás tres escenas y vas a trabajar el último monólogo y te das cuenta de que queda bien igual. Porque no tienen un orden lineal, porque los personajes no tienen un orden lineal, entonces ahí se nos ocurrió eso por ejemplo, de repetir esa escena al revés. Es como que cuando vos la ves o la leés no sabés cual personaje es cual, si hay uno, son dos, son tres o son 25, no lo sabés. Entonces en ese momento es como mostrarle más de frente al espectador que es exactamente lo que esta pensando, que no sabés cual es cual.

   
       

¿O sea que ustedes mismos no plantean el espectáculo como que haya una sola manera de entender el texto?

P: Claro, no es que hay una verdad que el espectador tiene que llegar a entender sino que cada uno se va a crear su interpretación, es como que cada persona va a terminar de escribir la obra.

S: Y lo que a mi me resulta interesante de eso es lo de mostrarle al publico que cada interpretación es válida, que es como le parece al publico, dar elementos para eso.

¿Y ustedes llegaron puntualmente a tener una interpretación única de la obra?

G: Eso fue difícil (risas) en estos ocho meses tratamos de ponernos de acuerdo. Llegó un momento que exploramos tanto, tratamos de desentrañar tanto todo esto, todo este mundo que empezamos a construir que en un momento como que dijimos “bueno vamos a ponernos de acuerdo” Porque mi visión de este texto era diferente a la de Soledad y a la de Pablo, entonces tuvimos que ponernos de acuerdo. Incluso hay algún punto en que todavía el personaje para mí es una cosa y para ellos otra...

P: A mí me pasa hasta hoy que de repente hay días que me imagino una cosa y hay otros que me imagino otra.
S: Pero llegó un momento que dijimos “bueno, es así”. Porque además en el proceso de investigación hay un momento en que tenés tantas posibles situaciones que no sabés como encararlo, entonces hubo un momento que tuvimos que decir “ta, es así, es un sueño o no es un sueño” y tuvimos que poner una de las interpretaciones para poder trabajarla sino era imposible.

Y en realidad desde el punto de vista estético la obra resulta totalmente homogénea, más allá de las interpretaciones de la historia, tiene una unidad estética.

G: Si le dimos unidad, es un resultado del proceso, pero eso tiene una lógica dentro de esa sinrazón. Nosotros encontramos una lógica pero nunca siendo lógicos y utilizando lo psicológico, dijimos “no lo vamos a razonar” porque los personajes no son psicológicos la obra no podes analizarla con la razón, con la lógica porque sino...

P: Que es lo que le pasa a la gente, que naturalmente sale y tiene como una necesidad de entender y de hacerse una historia y se preguntan “¿Que pasó?” y claro es como que no se puede uno escapar de eso, que esta acostumbrado a la razón, a la lógica…

G: Y nos ha pasado de que nos esperan media hora a que salgamos y nos preguntan “¿Haber esto es así? ¿Ella está viva o está muerta? y se quedan elucubrando, y cada jueves te preguntan y hay una nueva interpretación.

P: Y hay gente que se asusta y te dice “no entendí nada pero me pegué un susto” (risas) y eso de “disfruté, me gustó y no entendí”. Como la razón no es lo único para disfrutar de algo no necesariamente siempre hay que entender algo para que te guste, que uno a veces piensa que si y no siempre.


   
       

G: Y nosotros una de las premisas que teníamos era no gastar absolutamente nada, hacer un espectáculo con calidad artística y demostrarnos a nosotros mismos que lo podíamos hacer sin invertir ni un solo peso. Este espectáculo nos costó $ 12.50, de unos velcros que compramos para un vestido de soledad, nada más.

P: Y los boletos de ómnibus para venir a ensayar… (risas)

G: Y cualquier idea que se nos ocurría que implicara un gasto de dinero decíamos que no, lo desechábamos. Y después otra cosa que está pasando, que es muy interesante y que no esperábamos es que el 90 por ciento de los espectadores que vienen son jóvenes. Y eso es bueno porque acerca un público que no es el característico de los seguidores de El Galpón.

P: Vos venís los fines de semana acá y la mayoría de la gente no es joven, no es como el Circular en el que ya hace un tiempo uno ve mucho joven.

Si, pero eso fue a partir de Calderón

P: Claro y uno ve en la cola de las obras de Calderón que está lleno de jóvenes y acá en El Galpón no. Y para nosotros es una alegría que hicimos algo que a los jóvenes por lo menos les interesa venir a ver.

Una cosa que parece muy inteligente es hacer una función una vez a la semana y lograr hacerla siempre con sala llena incluso agotando las entradas. Importante para ustedes el hecho de que no haya 5 personas viendo la obra, que sabemos que pasa.

S: No en ese sentido nos ha ido superbién, por la gente que viene y el hecho de que haya mucha  gente que se quede afuera. Y está buenísimo porque no se ha hecho mucha promoción ni nada. Y además uno siente diferente al escuchar la reacción del público y vés los ojos de la gente y te hace bien y cuando hay poca gente como que se cae todo un poco, que no tendría que pasar, pero pasa. Porque la energía está o no está y cuando hay mucha gente que está ahí sentís todo eso y te hace que la función sea mejor y eso esta buenísimo para que el espectáculo sea mejor. Y ellos hablaban de los jóvenes pero también pasa de que vienen viejitas, hace poco vino una con un tapado que tendría 70 años, y bajó y decía “precioso, precioso” y me tiraba besos, y eso esta bueno también. Porque que vengan jóvenes es más lógico, de repente ya tenés otra forma de ver el arte, el mundo, entonces este tipo de obras te caben un  poco más pero que venga esta mujer de 70 años con su tapado de piel y que me salude así cuando se va es increíble también, porque esa gente no está acostumbrada a ver eso.

   
       

Otra cosa que debe haber sido interesante es ver la reacción de los espectadores al terminar la obra, cuando termina la gente queda sin saber que hacer al no haber un momento para el saludo formal.

G: Sí, aplauden y se quedan como dos minutos y la gente no sabe que hacer, eso pasa en todas las funciones, que es lo más gracioso, porque tiene un final tan raro. Nosotros tratamos de romper las convenciones en esta obra, siempre nuestro leitmotiv era “no, esto es convencional,  esto no lo hagamos porque es convencional, no esto no.”

P: Y aparte, más allá de lo convencional, no es que inventamos esto, porque hay otras obras en donde no se saluda al final, sino que consideramos que no era una obra como para salir a saludar, además de lo que dice él. Como que termina y no da, nos pareció que no daba.

Y esos detalles como ese “dejame terminar”, que meten en medio de la obra ¿a qué vienen?

G: (se sonríen) Son como guiñadas (risas totales) si, eso es por el afán de sorprender, que a veces lo logramos y a veces no. Pero no recurrir a lo obvio, a que no sucediera que después de una cosa se supiera que viene era un objetivo. Sorprender todo el tiempo. Fue una experiencia muy buena, yo estoy muy conforme con todo lo que está pasando con la obra también.

De hecho cuando se estrenó la obra iban a ser pocas funciones y ya se ha extendido bastante. En ese sentido ya es todo un éxito.

G: Y mientras venga gente la vamos ha hacer, además nosotros con esto también estamos como inaugurando un espacio acá en El Galpón, en esta sala sobre todo (Sala Cero). El Galpón creó esta sala como un espacio experimental, para hacer cosas que no se hacen en las otras salas, y darle cabida a estas estéticas. En las salas grandes se sabe que hay que hacer espectáculos masivos, musicales, por el tipo de sala, y esto es aparte, para otro tipo de público.

Y de hecho lo que demuestra la obra es que ese público existe. El que quiere salir del clásico espectáculo naturalista, que también tiene que existir pero no exclusivamente.

P: No se tiene que seguir haciendo, y más en un lugar como este con tres salas y un elenco de 40 actores. Pero está bueno que haya estos espectáculos también

 

   

 

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