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BURROUGHS

Marcos Ibarra

     

     


“El virus del poder se manifiesta a sí mismo de muchas maneras. En la construcción de armas nucleares, en prácticamente todos los sistemas existentes que procuran anular la libertad interior, es decir, controlarla. Se manifiesta en la extrema sordidez de la vida diaria en los países occidentales. Se manifiesta en la fealdad y la vulgaridad que vemos en las personas y se manifiesta, por supuesto, en las enfermedades causadas por el virus. Por otra parte, los que resisten están en todas partes, pertenecen a todas las razas y naciones. El que resiste puede ser definido simplemente como un individuo que tiene conciencia del enemigo, de sus métodos operativos, y que está empeñado activamente en combatir a ese enemigo.”


     
       

Estas son parte de las declaraciones de William Seward Burroughs para la BBC radio en 1964, entrevistado por Eric Mottram a raíz de la prohibición de los libros de Burroughs, según recuerda en su nota de Página 12 del 4 de enero de 2004 don Juan Gelman.

Burroughs utilizó frecuentemente la técnica “corto y pego” y en particular en sus diarios. Desde cartas personales, artículos de diarios y revistas, partes de libros, en fin, allí donde hubiera un texto que le disparaba una intención, Burroughs basamenta el Pop Art de manera casi inconsciente a lo que estaba edificando. Según nos narra Gelman, Burroughs leía esos textos-collage mientras los registraba en una cinta de grabación. Escuchaba luego la cinta y copiaba partes que iba eligiendo como en una segunda etapa del mismo método. Aún azaroso no era suficiente, así que finalmente mezclaba las mitades de las páginas escritas y su opinión de este método era “alterar y expandir estados de conciencia en uno mismo y también en los lectores (…) las palabras están vivas como animales y nos desean ser enjauladas; corten las páginas y mantengan a las palabras en libertad”.

En el año 1979 y en una tienda de libros usados, encontré “Cartas del Yagé” con ilustraciones del propio William Burroughs y de Allen Ginsberg. Este libro era una recopilación de cartas del año 1953, cuando Burroughs viajó a la selva amazónica para ser iniciado en la toma del yagé, droga poderosa que usaban los indígenas para buscar cosas perdidas, en particular cuerpos y almas. Con ese libro me inicié yo en la comprensión parcial de esas mentes que para el mundo en que vivía, eran mentes perturbadas… pero la comprensión parcial era suficiente y la instalación de un patrón para ejercer el recurso de pensar parecía más fuerte. Al ser cartas se desnudaba para el lector los puntos de vista, narraciones de experiencias, anécdotas y en fin, la dinámica de vida de estos seres buscadores de acordes perdidos que tanto incidieron en el arte, la opinión política y social de la época y en particular de su sociedad norteamericana que los sufría como un tumor que había que extirpar. No lo lograron, el tumor creció y ya hecho cáncer contaminó las mentes y almas de casi toda una generación hija de los beatniks que se perpetúa aún en esta época que parece tan separada de aquella: el consumo de drogas aumentó pero el consumo de ideas disminuyó. En aquel libro que leí, el consumo de drogas no era tal; se trataba de sustancias que permitieran llegar a estados más abiertos de conciencia y desde ahí anotar aquello que pudiera dar significado real a la vida y sus avatares. ¡Qué pena que falten burroughs para esta blanca palidez de arranque de siglo 21! Esa es mi expresión personal, que con seguridad no será compartida por las minorías mayores.

 

William Seward Burroughs a 10 años de su muerte
Saint Louis, 05.02.1914 – Kansas, 02.08.1997

 

   

 

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