No sé si te ha pasado, vas a contar lo tuyo y zácate! tu interlocutora te sale con otra cosa que acaba de recordar a raíz de una palabra que dijiste… te quedás con la boca abierta, mirando al infinito del otro ser y viviendo la experiencia del diálogo truncado, el vacío de interés en lo tuyo, la multiplicidad de coincidencias que terminan logrando que ningún tema interese, excepto el de cada uno para cada cual. Pero esto no es todo, también está el caso de Ferminia que va sacando ramas del árbol de su anécdota y jamás termina y siempre queda en un ¿a qué iba esto…? Ferminia te dirá por ejemplo: “Ayer fui a comprar zapatos, bah, comprar es un decir porque yo siempre miro bastante y fijate que hay oportunidades diferentes y a veces por no mirar pagás más te digo en Tabbaco las blusas estaban en liquidación a $ 200 y en Chicalinda la misma misma a $ 500; una blusa sencilla como aquella que usaba Rita, que parecía que tenía solamente una y eran como seis porque ellas compraban en lo de Aguirre, te acordás? que estaba frente a la plaza, allá donde íbamos con Julieta y las primas que dicho sea de paso, Carmiña la más chica está muy mal con cáncer…muy feo, sí; bueno ellas pobres siempre con enfermedades terribles encima, bué y qué te cuento que en Pattuzzo las sandalias estaban de liquidación, me atendió una gorda, bah, gorda digo yo pero era un poco gruesita y no le quedaba mal, fijate que ahora con lo de los estereotipos hasta una se vuelve crítica, como yo digo, quién dijo que ser flaca es mérito cuando lo que más se ha conseguido es bulimia y anorexia como Patricia, qué cosa! ayer la vi……” y bueno, para qué seguir narrando lo que vosotras también ya habéis experimentado porque siempre hay una Ferminia en nuestras vidas (incluso en la de Ferminia misma)
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También está el síndrome interrumpo-y- cuento- lo- mío y si retomás, vuelvo a interrumpir ya sea para contar lo mío, ya sea para comparar con otros casos similares que conozco. Yo creía que era cosa de viejas, pero luego he visto que esto es casi una manera de ser de la comunicación actual y decir que “ya nadie escucha” está mal, yo prefiero “todos escuchan a su cabeza”. Lo que alguien va a narrar solamente importa en función de su propia información, como si se asumiera que no hay datos nuevos que alguien pueda aportar… vos decís, perdí las llaves! y cuando vas a contar la experiencia existencial que te tradujo ese hecho fortuito, ya la otra está colgada contando diferentes historias de llaves perdidas… Delia Psico me dice que las mujeres siempre hablaron así y yo le insisto en que no, que ese es otro barullo machista similar al de que las mujeres manejan mal. En fin, Delia dice que yo también hago disgresiones y la suma total me da que- y es otra forma de disgregar el diálogo- Delia no coincide conmigo porque está predispuesta a corregirme en todo lo que yo diga… la verdad amigos lectores es que todo el asunto me produce un sentimiento como de estar flotando en un caos de blabladuría en el que el monólogo es la serpiente que se come la cola. |
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