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Cerca de la Revolución

     
Pablo Martín Cerone (desde Mar del Plata)      
       
Este artículo fué escrito para LadoB en Setiembre de 2002, a pesar de los 5 años que transcurrieron, el tema tratado por el autor está aún vigente y se vincula con su actual artículo Réquiem para la cultura del disco en la próxima página.
   
       

Hace unas semanas, David Bowie le dio una interesante nota a Jon Pareles, del New York Times ("David Bowie, 21st-Century Entrepreneur", 9 de junio de 2002). Entre otras cosas, dijo que "una absoluta transformación de todo lo que conocimos acerca de la música tendrá lugar de acá a 10 años, y nada será capaz de detenerla. No veo ningún sentido en fingir que no va a pasar. Estoy totalmente convencido de que el copyright, por ejemplo, no existirá más en 10 años". Dijo también que "la música misma va a ser como el agua corriente o la electricidad", y que "entonces aprovechemos estos pocos próximos años porque nada de esto volverá a pasar jamás. Mejor que estés preparado para hacer muchas giras, porque realmente eso será lo único que quedará en pie. Es terriblemente excitante. Pero por otro lado no importa si pensás que es excitante o no: esto es lo que va a pasar".

   
       
El negocio de la música a escala global, desde hace décadas, está en manos de un muy reducido número de compañías discográficas. Las quías tienen el poder suficiente para imponer condiciones a los artistas y al público (y lo usan cada vez que pueden). Pero aparecieron los sampler, las grabadoras de CDs, el formato MP3, Internet, Napster... y parece que se viene el estallido nomás. El tema no se agotaría en libros y libros; espero que esta nota en dos partes no resulte del todo inadecuada como humilde esbozo.
   
     
1 DISCO BABY DISCO – O YO ME PONGO TU UNIFORME Y VOS ME DAS DE MORFAR      
       
Músicos como Frank Zappa, o The Artist ("el artista antes conocido como Prince"), o Andrés Calamaro, libraron grandes batallas contra sus compañías discográficas por causa de las limitaciones que la edición de los discos imponía a su arte. Por caso, Calamaro tenía alrededor de 60 grabaciones (!) listas para "Honestidad brutal" en 1999, y debió contentarse con sacar un CD doble que contenía 37; "El salmón", un año después, trae 103 temas en formato de disco quíntuple (!!!!!). Pero según el propio Andrés, eso es sólo "la punta de su iceberg..."

En general, los discos dobles - ni hablar triples, cuádruples, etc. - son un capricho que las compañías le permiten a sus artistas mimados. No les resultan suficiente negocio. Y - por esotéricas razones de marketing - es muy poco común que se editen dos o más discos de material nuevo de una misma banda en el mismo año (algo que, por cierto, no creo que muchas puedan hacer... Lejanos están los tiempos en los que los Beatles y los Rolling Stones sacaban dos por año; Creedence sacó ¡tres! en 1969...).
   
       

Ya existe - ahora mismo - una forma más razonable de dar a conocer toda esa música, sin necesidad de andar peleando con ejecutivos. ¿Qué mejor que subirla a un sitio de Internet, a medida que se la termina, y que el público la baje? Eso ha hecho Todd Rundgren - el compositor norteamericano de quien Charly García tomó el tema "Influenza" para su nuevo disco - a través de PatroNet. También lo hacen muchas bandas nuevas, deseosas de hacer conocer su material sin intermediarios.

Podría bajarse un tema tras un pago con tarjeta de crédito, u otro sistema similar. Podría haber abonos: tantos pesos por mes me permiten bajarme tantos minutos de sonido - como los servicios de conexión a Internet o ciertas modalidades del servicio telefónico. O como el gas o la electricidad: se paga por lo que uno consume. O incluso gratis - aunque parezca extraño, esto podría ser un buen negocio para el artista, como veremos en la segunda parte de esta nota.
Ah, pero así las compañías discográficas dejarían de ser necesarias... Esas mismas compañías de las que Tom Waits dijo que "ya no están interesadas en mantener, nutrir o respaldar el crecimiento de un artista. Quieren que uno sea una vaca lechera inmediatamente. Y cuando uno deja de dar leche, va a parar al asador" (nota de Jon Pareles para el New York Times, reproducida en la revista dominical del diario La Nación de Buenos Aires, 16 de junio de 2002).

   
       
SOMOS LOS PIRATAS      
       

El costo de producción de un CD es de unos meros 80 centavos de dólar por unidad (mi fuente es el sitio www.negativland.com). ¿Por qué entonces los CDs se venden al precio que se venden? Pues porque hay un acuerdo entre todos los grandes sellos para hacerlo. (¿Vos también te creíste el cuento de hadas de la competencia y la satisfacción del consumidor? ¿No te llamó la atención que una obra de arte como "Momo Sampler" se vendiera más o menos al mismo precio que cualquier CD con una cubierta hecha así nomás?).

   
       
Hace unos 15 años, el costo de fabricar un CD era alto. Su precio era mayor que el de un vinilo, y la gente se acostumbró a eso. Prefería el vinilo todavía – por precio inferior y calidad superior. Pero a principios de 1989, las grandes distribuidoras decidieron dejar de aceptar devoluciones de vinilos de las tiendas. Con lo que, si una tienda compraba una cantidad de discos que no podía vender, tenía que liquidarlos a precio vil o guardárselos ya saben dónde. ¿Qué pasó entonces? Los vinilos desaparecieron del mercado, y no quedaba otra que comprar el CD... El truco dio resultado: las compañías pudieron bajar los costos de fabricación y mantener los precios, y por ende se llenaron de plata. Hasta que aparecieron las copiadoras de CDs hogareñas...
   
       
Hacia fines de los '90 apareció un formato que permitía comprimir archivos musicales a la razonable tasa de un mega por minuto de sonido, más o menos: el MP3. Ahora, usando unos programitas al alcance de cualquiera, uno puede pasar los temas de un CD de audio a MP3 y guardarlos en el disco rígido de la PC, o en los reproductores de música que pueden leer esos archivos. Uno puede hacerse discos que pueden contener centenares de canciones, dado que el espacio que ocupan los archivos MP3 es muy inferior al de los archivos de audio. O tomar el camino inverso y hacerse un disco de audio a partir de la música que se almacena en la PC.

Ciertos locales de venta de discos tenían políticas de devolución muy liberales: en cualquier Musimundo se podía comprar un disco, cambiarlo por otro bajo el pretexto de que "no me gustó" y aún hacer otro cambio más dentro del mismo mes - o sea que, por el precio de un CD, uno podía copiarse tres.
     
       
TU LABERINTO      
       

Y por si fuera poco, todo este desarrollo es paralelo a la explosión de Internet. En 1999, a un adolescente llamado Shawn Fanning se le ocurrió inventar un software que permitía compartir archivos musicales y lo puso en un sitio llamado Napster. Las compañías percibieron el peligro, pero cuando consiguieron herir de muerte a Napster, apareció Audiogalaxy. Ahora lograron bloquear la posibilidad de bajar una gran cantidad de temas en ese sitio, pero mientras tanto ya existen KaZaA, Grokster y miles de sitios más, y cuando desaparezcan KaZaA y Grokster - están en la mira - surgirán cientos de sitios nuevos... Tiene todo el aspecto de una lucha destinada a perderse.

A las compañías todavía podría quedarles una alternativa: asumir que no pueden continuar con el margen de ganancia actual y bajar el precio de venta de los CDs, u ofrecer algún tipo de contenido que desaliente la piratería. El ejemplo en ese sentido lo dan los discos de Los Redonditos de Ricota - no tan casualmente, gente que trabaja en los márgenes del sistema - y las excelentes cubiertas de sus últimos discos. ¿Ustedes prefieren tener "Luzbelito" o "Último bondi..." o "Momo Sampler" en los maravillosos CDs originales o en un casetito de mierda?

Hay montones de formas de enriquecer el producto CD: desde un arte de tapa original hasta incluir pistas con información sobre el intérprete, pasando por algún tipo de juego interactivo o cupones para obtener entradas con descuento en los conciertos. Todas requieren dejar de pensar que el bolsillo del consumidor es algo que se puede exprimir impunemente. ¿Es mucho pedir?

Pero no nos hagamos ilusiones. Hace poco, Sony incluyó, en el CD "A new day has come", de Celine Dion, ciertas medidas de protección contra la piratería, pomposamente llamadas "tecnología Key2Audio". La idea era impedir que el CD pudiera ser leído por una computadora. Pero los genios de la compañía no se percataron de que estas medidas perjudican notablemente la calidad del sonido, hacen que el lector de CDs saltee algunas pistas y, en algunos casos, dañan el reproductor - lo que le valió a Sony un juicio en California. Y, por si fuera poco, esta supuesta "protección" puede ser burlada simplemente coloreando el borde del CD con un marcador indeleble...

Si el formato de disco, editado por una compañía que cobra lo que cobra por un CD, no satisface a (al menos algunos de) los artistas; si la gente tampoco está satisfecha con un producto caro y sin gran valor propio; si ya existe la tecnología que permitiría confinarlo a las venerables salas de un museo ¿cuánto tiempo de vida le queda? ¿Los diez años de los que habla David Bowie? ¿O aún menos?

Reproducido en la revista virtual uruguaya LadoB..., en su número 20 - segunda quincena de julio de 2002.
   
       

2 DIME QUIÉN ME LO SAMPLEÓ

     
       

En el principio - allá por 1979 - fue el Fairlight CMI: el primer sampler. Un aparato capaz de tomar un sonido cualquiera y reproducirlo en toda la gama de notas. En estas latitudes, el primer disco que contó con sonidos sampleados fue "De La Quiaca a Ushuaia" de León Gieco, en 1985. Otros precursores fueron Luis Alberto Spinetta en "Privé" (sampleando un gol relatado por José María Muñoz o unos bichofeos al amanecer) y Charly García y Pedro Aznar en "Tango". Ambos discos son de 1986.

Recuerdo que Charly declaró entonces que no podían encontrar un sonido de batería que les conformase, y entonces terminaron sampleando el bombo de un tema del disco "90125" de Yes. Un pequeño latrocinio: si Charly no lo hubiera dicho, tal vez nadie se habría dado cuenta. Pero las compañías decidieron protegerse de una eventual demanda judicial, y entonces Beck, Moby o Garbage, para citar algunos casos, ocupan buena parte de los libritos de sus CDs detallando sample tras sample.

Hace unas semanas salió una nota, en el diario porteño Clarín, acerca de la moda del "mash-up" en Inglaterra: samplear dos o más temas - en general de estilos radicalmente diferentes - y hacer uno mezclándolos. Cuanto más escandalosa la combinación, mejor: uno de los éxitos recientes de esta movida es "Smells like teen booty" (¡Destiny's Child mezclado con Nirvana!). Dicho sea de paso: la nota "sampleó" abundantemente otra de Dom Phillips, del diario inglés Guardian ("Smells like teen booty", 27 de febrero de 2002).

Ninguna fiesta está completa, en el Londres de estos días, si el DJ no pasa estos mash-ups. Hasta hay un programa de radio ("Remix show" por XFM) dedicado a este tipo de centauros musicales. Este boom no sólo enloquece a los DJs: el programa a veces recibe mash-ups de chicos de 10 años; el software necesario está al alcance de cualquiera.

Obra de chicos o de DJs, lo cierto es que estos híbridos violan todas las actuales leyes de derechos de autor e intérprete. La industria discográfica está con los pelos de punta: Matt Phillips, miembro del British Phonographic Institute, dice en la nota del Guardian que "cuando uno compra un CD, compra los derechos para escucharlo, no para cambiarlo en ningún sentido".

   
       
TODAS LAS HOJAS SON DEL VIENTO      
       
¿Por qué hay tantos temas folklóricos de autor anónimo? Pues porque esas canciones fueron escritas y reescritas a lo largo de décadas - o siglos - por varios bardos anónimos. Ninguno sintió que estaba robándole a otro: simplemente introducían una modificación que les parecía que embellecía o agregaba un nuevo sentido. Si el cambio empobrecía la interpretación, se olvidaba; si la enriquecía, se lo incorporaba en forma permanente. Lo mismo sucede con las tradiciones populares: a este proceso, repetido innumerables veces, debemos apenas "La Ilíada", "La Odisea", "Las Mil y Una Noches"...

Una gran cantidad de obras de la música culta se compusieron a partir de melodías populares. Por ejemplo, Igor Stravinski tomó el tema de la obertura de "La consagración de la primavera" de la melodía de una canción pastoril de los Cárpatos.

Esto no es un elogio de la copia. Lo que quiero decir es que, a lo largo de los siglos, siempre fue perfectamente lícito tomar elementos de una creación anterior para desarrollar una nueva. Algunos de los dramas de Shakespeare son reescrituras de obras anteriores - muy inferiores, por cierto. Si las leyes de derechos de autor hubieran estado vigentes en aquella época, nos hubiéramos quedado con las pobres versiones originales.

Un auténtico talento deja su huella en sus creaciones, aún si emplea ideas ajenas; el mediocre puede tomar motivos que no son propios, pero no es capaz de reelaborarlos de un modo personal, único e inimitable. Ya que estamos con Stravinski: el compositor ruso decía que "el gran compositor roba; el mediocre, toma prestado".
     
       

TODAVÍA NO ENCONTRÉ EL SAMPLE QUE ESTOY BUSCANDO

Los Negativland llevan más de veinte años haciendo shows nocturnos semanales por una estación de radio de Berkeley, California: la KPFA. Experimentan en vivo a partir de gente como Devo, Brian Eno y David Byrne, John Cage, Einsturzende Neubauten, los Beatles o Frank Zappa. Los programas son recopilados y circulan en CDs bajo el título de "Over the edge".

En 1992 editaron un EP en el que parodiaban "I still haven't found what I'm looking for" de U2, a partir de samples de dos versiones de la canción y puteadas que no salían al aire entre tema y tema, incluyendo un "This is BULLSHIT!" [¡esto es una bosta!]. A los irlandeses la cosa no les gustó, y su sello inició un juicio. Los Negativland perdieron.

   
       

La primera idea que surge es que Island - la compañía de los U2 - tenía razón. Bono y compañía se rompieron el culo para hacer ese temazo, y de golpe vienen unos freaks de California y buscan hacerse un nombre robándoles la canción.

Dándole una vuelta más al asunto, uno descubre que, si se tiene una mínima cultura rockera, es imposible no notar de dónde se sacaron esas partes que los Negativland están usando. Si la parodia es mala, será olvidada y quedará en pie la versión original. Y si es buena, siempre quedará presente de dónde se partió.

Podría objetarse que este es una caso especial, porque se trata de una canción conocida. ¿Pero qué pasaría si se samplea una canción desconocida por el gran público? El hurto no resultaría tan obvio. Respuesta: para que la parodia funcione, es imprescindible que todo el mundo sepa qué se está parodiando. Y después de todo ¿en qué se perjudicaría la estatura artística de Kurt Cobain si alguien usase la característica frase de guitarra de "Smells like teen spirit"? A lo sumo se diría: "otro que afana a Nirvana". (Dicho sea de paso, inspirada en Pixies...).

El abogado del diablo que hace todas las preguntas molestas - y necesarias - volvería a la carga y diría que no se perjudica la estatura artística de Cobain, pero sí las cuentas bancarias de Courtney Love, Grohl y Novoselic... Momento. Habría que ver quién es el principal beneficiario de los derechos de reproducción de los temas de Nirvana. Y resulta que es... Adivinen quién... ¡Claro que sí: la compañía grabadora! (Courtney Love dijo una vez "soy una camarera; vivo de propinas").
   
       
¿SON POR ACASO USTEDES HOY UN PÚBLICO RESPETABLE?      
       
John Perry Barlow cita un ejemplo interesante en un artículo de la revista Wired de octubre de 2000 ("The next economy of ideas"). Las miríadas de copias piratas existentes de los conciertos de los Grateful Dead nunca fueron obstáculo para la venta de los discos "oficiales" de la banda; incluso, ayudaron a granjearles una multitud de fans tal que hizo que siempre llenaran los lugares donde se presentaban a actuar.
Una de las razones colaterales del enorme éxito del disco "Play", de Moby, fue la astuta decisión del músico de no cobrar derechos sobre el uso de sus temas para avisos comerciales. Usó las propagandas para su propia propaganda.

Cuando más se piratea un software, mayor es su difusión y, aunque parezca increíble, mayores terminan siendo los ingresos de la compañía creadora. ¿Por qué? Porque una enorme cantidad de copias piratas ayuda a convertir a un programa en estándar. Una vez que uno ve que ese programa es no sólo útil sino necesario, probablemente buscará comprar una copia legal para gozar del servicio de soporte técnico, de las actualizaciones periódicas y de otras ventajas similares, que no podrá usufructuar con una copia pirata. (Piensen en el daño que la piratería parece haberle hecho a la fortuna de Bill Gates...).

La principal fuente de ingresos de la abrumadora mayoría de los artistas de todo el mundo reside en las giras. Si de un día para el otro desaparecieran las leyes de propiedad intelectual, como anunciara David Bowie en el copete de esta nota, los principales perjudicados no serían los artistas: serían las trasnacionales que son dueñas de los derechos de edición de sus obras. Un músico estaría protegido, dice Barlow en el artículo arriba citado, por una relación similar a la que un médico o un contador o un abogado tienen con sus clientes. Véanlo por este lado: ¿quién no ha sentido que el rock and roll en vivo es más rock and roll que nunca? ¿Preferirías ver en vivo a tu banda preferida o quedarte a escuchar sus discos en tu casa?
     
       

Como dijo Bowie: la actuación en vivo "será lo único que quedará en pie. Es terriblemente excitante. Pero por otro lado no importa si pensás que es excitante o no: esto es lo que va a pasar".

Las cartas están echadas. Sólo será cuestión de esperar unos añitos.

Reproducido en la revista virtual uruguaya LadoB..., en su número 21 - setiembre de 2002.

 

   

 

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