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Réquiem para la cultura del disco  

 

 
Pablo Martín Cerone (desde Mar del Plata)      
       

En este mismo número de 45 R.P.M. se reproducen un par de notas que yo escribiera para la encarnación anterior de esta revista virtual, LadoB..., allá por 2002. En esas notas se citaba a David Bowie, afirmando que "una absoluta transformación de todo lo que conocimos acerca de la música tendrá lugar de acá a 10 años, y nada será capaz de detenerla". En este 2007 que ya entra a salir ha quedado por demás claro que el Duque Blanco estaba en lo cierto. Aquí siguen unas líneas acerca de los estertores de la idea de música como contenido de un disco, y algunas ideas sobre lo que puede venir después.

   

 

   
     
PISTA 1      
       

Antes de los afanes precursores de Thomas Alva Edison a fines del siglo XIX, antes de la aparición de la industria discográfica unas décadas después, el negocio de la música giraba exclusivamente alrededor de las actuaciones en vivo de los artistas. Después de Edison, los artistas no dejaron de presentarse ante público a cambio de una contraprestación, pero apareció una nueva forma de ganarse la vida: a través de la venta de grabaciones de sus interpretaciones. Al principio, esto era costoso y no estaba al alcance de cualquiera, así que el artista debía firmar un contrato con una compañía a tales efectos. Dado ese costo y esa complejidad técnica, las compañías estaban generalmente en posición de fuerza, a menos que el intérprete fuera lo suficientemente popular como para emparejar la pulseada.

Hasta hace menos de una década, el aspecto industrial de las grabaciones musicales giraba alrededor de un sistema de dos artefactos complementarios. Uno era el soporte material de la música, fuere éste cilindro de cera, disco de pasta, disco de vinilo, magazine, casete, CD, DVD. El otro era el correspondiente aparato reproductor, fabricado en concordancia con dicho soporte. Cada evolución de un sistema a otro presentó mejoras indudables para el melómano (1), a la vez que grandes ganancias para las compañías editoras: por ejemplo, al dejar de fabricarse tocadiscos a escala masiva, aquellos que tenían una colección de vinilos se vieron en la disyuntiva de volver a armarla desde cero, a partir de la compra de CDs, o correr el riesgo de perderla por completo cuando no pudieran remplazar un repuesto.

Pero más allá de lo antedicho, las bases del negocio no cambiaron en casi un siglo: la música se editaba en un soporte material que se vendía masivamente. Hasta que...
   
       

PISTA 2

Con el formato MP3, aparecido a fines de la década del '90, se pudo almacenar sonidos de aceptable calidad en archivos de un tamaño razonable. Eso permitió compartirlos en Internet, a través de programas como el precursor y nunca olvidado Napster, el también finado Audiogalaxy, etc. El oligopolio mundial de los grandes sellos tuyo pocos reflejos: cuando reaccionó, sólo fue para emprender acciones de retirada, como enjuiciar a los responsables de los programas que permiten compartir archivos y a sus usuarios. Una lucha imposible de ganar: los usuarios se cuentan por millones y están en todo el mundo, de Nueva York a El Cairo y de Kuala Lumpur a Gualeguaychú.

Todo esto también representó un cambio de paradigma, dado que se pasó de los sistemas de dos artefactos que mencionábamos más arriba a otro de uno solo: el soporte y el reproductor son uno, ya sea una PC, un MP3 o un celular. Más aún: la capacidad de almacenamiento de estos ingenios es por lo general muy superior a los 700 Mb de un CD. Si en un MP3 que cabe en la palma de la mano se puede almacenar la misma información que en 500 discos, no hace falta agregar más: al CD, incluso al CD virgen, le ha llegado la hora.
   
       

PISTA 3

No somos conscientes de cantidad de implicancias artísticas que tuvieron las limitaciones estrictamente técnicas de los sucesivos soportes de la música. Aquí van algunas:
1) La duración de los temas: hasta el desarrollo de los vinilos de larga duración, el espacio de un disco no alcanzaba para temas demasiado largos.

2) Los lapsos más o menos prolongados entre la producción de una grabación y la difusión de la misma: los tiempos de los procesos industriales hacían imposible, por ejemplo, sacar a la venta la grabación de la actuación de anoche. Además, el creciente carácter antieconómico de la venta de simples hacía que, para difundir una canción determinada, antes fuera imprescindible terminar un disco entero.

3) El peso de los costos fijos de fabricación y distribución hacía que muchos proyectos noveles o artísticamente arriesgados se enfrentaran a una disyuntiva difícil de resolver al momento de editar la obra: hacer tiradas bajas con precios elevados, o hacer tiradas grandes y arriesgarse al fatal problema de la inmovilización del capital por venta insuficiente. En general se resolvía trabajando a pérdida, en la inteligencia de recuperar el dinero más adelante.
     
     
4) La dependencia del artista del contrato con una corporación que se encargase de la fabricación y venta de los soportes. (Por lo menos hasta que algunos de ellos desarrollaron la idea de los sellos independientes).
     
       
En un mundo en el que el negocio hace rato que ha dejado de pasar por la venta de discos, estas limitaciones sólo se mantienen por inercia. Por ejemplo, nada impide colgar en Internet una actuación en vivo tomada de consola a los pocos minutos de terminada (2), o subir canciones a medida que se terminan, sin necesidad de esperar a completar un disco. (Imagínense, por ejemplo, tener una canción nueva de U2 todos los meses). Tampoco se necesita correr los riesgos derivados de producir grandes volúmenes: por ejemplo, el costo de hacer este EP de Flavio Cianciarullo, el ex bajista de Los Fabulosos Cadillacs, corre por cuenta de quien quiera bajarse los temas haciendo clic aquí y grabarse el disco.

La tecnología actual abre un montón de posibilidades, algunas aprovechadas sólo incipientemente hasta hoy (3). Por dar unos pocos ejemplos:

* Hablamos de subir al sitio de la banda una canción por mes (o semana, o trimestre, el plazo no es importante). Se la podría acompañar con la letra, los comentarios de cada músico, las tablaturas o partituras de guitarra o bajo, un videojuego relacionado, una animación en Flash, un corto video de la grabación del tema (para lo que alcanzaría con un celular no demasiado sofisticado), etc. Un demo lo-fi grabado con un celular y subido a YouTube sería algo así como la cumbre del "hágalo usted mismo".
* Muchos artistas tienen blogs (¿se imaginan lo que hubiera sido leer los diarios de Lennon o McCartney mientras grababan "Sgt. Pepper"?). Tres casos al azar: David Bowie, Andrés Calamaro, Pancho Varona (guitarrista de Joaquín Sabina). Un diario de gira o de sesiones de grabación bien podría ser un desafío interesante para acompañar una canción subida a Internet.

* En la etapa de grabación de un tema, se podrían subir diferentes y sucesivas versiones inacabadas del mismo, lo que en inglés se llama "work in progress": una especie de "Anthology" de los Beatles en versión digital. (Me encantaría que U2 hiciera esto). Bowie ha llegado a subir pistas a su sitio para quien las quiera bajar pudiese hacer versiones remezcladas de algunos de sus temas.

* Los álbumes conceptuales no necesitan si o sí un CD: podrían consistir en un sitio o página especial, con contenido visual tanto como musical, en el que el navegante avance como un participante de un videojuego, a través de los diferentes temas, incluso eligiendo el orden de los mismos. Las posibilidades narrativas son casi infinitas.

* Los ringtones son hoy versiones limitadas en el tiempo de canciones más largas, pero bien podrían ser una especie de género musical por derecho propio: ¿por qué no crear ringtones originales para que se bajen los fans? ¿Por qué no convertir un hecho comercial en arte con todas las letras?
   
       

* Las posibilidades de difusión que ofrecen sitios como MySpace, YouTube, y en general, la propia red. De hecho, gracias a Internet, el absolutamente recomendable programa de TV “Los Videos de Peter Capusotto” tiene legiones de fans aún donde no llega el canal por el que se lo emite (lunes, 23 horas de Buenos Aires, por Canal 7, que es, dicho sea de paso, el canal estatal).

Paradójicamente, esta adaptación al siglo XXI hará que los músicos vuelvan a la situación que era la norma hasta bien entrado el siglo XX: vivirán de los ingresos que les suministren sus actuaciones en vivo. ¿Y la piratería, o las descargas ilegales? Tal vez sea nomás como dijera Luis Eduardo Aute: estoy agradecido con la piratería en cierta forma, pues ellos empezaron a darme a conocer en México cuando mi compañía argumentaba no distribuirme porque mis canciones eran complejas. Luego se demostró que no era para tanto”.  

   

PISTA 4

A pesar de todo lo dicho en esta nota, los CDs todavía tienen una posibilidad de supervivencia: como objeto artístico en sí. Basta pensar en el arte de "Luzbelito", "Último bondi a Finisterre" y "Momo Sampler" de Patricio Rey y Sus Redonditos de Ricota, o "Talismán" de Skay Beilinson, o el reciente "Civilización" de Los Piojos, para entender que un disco rígido o un MP3, muchas veces, puede no dar lo mismo que tener un disco en las manos.

Pero claro, para eso hace falta talento, coraje, ambición. Eso todavía no se descarga con el Emule.
   
       

PARA PROFUNDIZAR

* "Quién teme al lobo feroz". David Bravo Bueno, Rebelión.org, 2 de agosto de 2003.

* "Executives can see problems beyond file sharing". Neil Strauss, New York Times, 9 de setiembre de 2003 (en inglés).

* "Fighting the idea that all the Internet is free". Steve Lohr, New York Times, 9 de setiembre de 2003 (en inglés).

* "File-sharing battle leaves musicians caught in middle". Neil Strauss, New York Times, 14 de setiembre de 2003 (en inglés).

* “Bufones en la corte”. Eduardo Fabregat, Pan y Circo, 7 de noviembre de 2005.

* “Las discográficas, cada vez más cerca de ofrecer música gratis por Internet”. Victoria Shannon. Clarín, 3 de febrero de 2007.

* “El auge del MP va terminando con las disquerías”. Natalie Kantt. La Nación, 4 de marzo de 2007.

* “Spinning into oblivion”. Tony Sachs y Sal Nunziato. New York Times, 5 de abril de 2007 (en inglés).

* “Plunge in CD sales shakes up big labels”. Jeff Leeds. New York Times, 28 de mayo de 2007  (en inglés).

* "The once and new Prince". Jon Pareles, New York Times, 22 de julio de 2007 (en inglés).

* “The music man”. Entrevista de Lynn Hirschberg a Rick Rubin. New York Times, 2 de setiembre de 2007 (en inglés).

* Historia del almacenamiento de sonido en Wikipedia (en inglés).

NOTAS
(1) Los oídos cultivados detectaron una pérdida de calidad sonora en el paso de disco de vinilo a CD, aunque esto no resultó tan evidente para el gran público.

(2) Un compilado de clásicos remasterizados de Soda Stereo, "Me verás volver (Hits & +)" incluye un código que permitirá bajarse de www.sodastereo.com la grabación mezclada y masterizada de los shows de River. Según se promete, estará disponible apenas horas después de las actuaciones...

(3) Un ejemplo de adaptación que es apenas un cambio de soporte: conmemorando el trigésimo aniversario de la edición del disco "Exodus" de Bob Marley, éste será reeditado en formato CD y, simultáneamente, en USB Memory Stick y Micro SD Memory, una minúscula tarjeta de memoria que puede ser utilizada tanto en celulares como en procesadores de audio portátiles y PCs.

   

 

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