El erotismo también es marxista. La apropiación de los íconos religiosos, la cadera que marca el ritmo y un mestizaje que amenaza con darnos toda la belleza. El cuerpo integrado en las decisiones, en las rupturas, en el placer de los cambios.
Arepas, cachapas, escuálidos, dios almorzando con el diablo, y la Historia recupera la utopía cuando nadie daba un milagro por el socialismo.
En el trópico a lo García Márquez, se asoma la realidad posible. Socializar y democratizar los bienes, y como si fuera poco la cultura está en el mismo nivel que las necesidades básicas de un ser humano, aclaro, porque en el paisito está después, y después y después, hacia el infinito de los después.
Fuimos a Venezuela a cumplir con una misión: llevar Resiliencia al Festival Internacional de Monólogos. Me relaciono con la ciudad, con el país, como creadora teatral, desde ahí le tomo el pulso, observo el paisaje, absorbo la realidad, soy parte de la experiencia.
Es la misma sensación - desde la soberbia y la vanidad que tenemos los inventores de universos- la de dramaturgizar los elementos: humanos y materiales, y proyectarlos.
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Esa conexión me pasó con Venezuela, concretamente Caracas y Cojedes, que bastantes bromas generó el nombre, una de ellas las que el actor Álvaro Armand Ugón propuso como próximo eslogan bolivariano: Patria, Socialismo o Cojedes. Porque tampoco es cuestión que el socialismo mitigue el sudor. El caribe comparte a mano llena la exuberancia de la pulpa. La que quieras: humana o comestible.
Pero ellos saben, y no corren con el peligro de “la seriedad intelectual”.El cuerpo narra, y eso es conocimiento puro.
El mejor paisaje que me traje es el ordenamiento conceptual y político que están haciendo, la división del gran Ministerio de Educación y Cultura en tres: Educación, Cultura y Deportes. Laboratorios de producción y de ejecución. Órdenes y economías necesarias.
El teatro como herramienta, incluido en los planes sociales y de remodelación del país, de alfabetización e integración.
Resiliencia tuvo algunos honores, hacer función en el RAJATABLA e ir a una comunidad alejada de los centros culturales.
Quizá no esté bien que yo lo diga, pero Uruguay quedó muy bien representado. No pateamos pelotas, ni estamos en la tapa de los diarios, somos ese otro país productivo que también hace para adentro y para afuera.
Después de tantas intensidades, los lazos quedaron abiertos, un lugar que agradeció lo compartido. |
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