Muchas personas, en su mayoría hombres ya que las mujeres para esto son mucho más inteligentes y discretas, hacen alarde de su autoproclamado titulo de “piratas de la noche”. Quien no ha puesto el parche y la pata de palo en la mochila del fútbol y le dijo a su mujer: “Hoy tengo partido y después vamos a tomar algo con los muchachos” o “Me quede sin batería en el celular pero quedate tranquila que no hicimos nada”, para luego en la primer reunión de amigos intentar ser el centro de atención con los cuentos y anécdotas de cosas que nos pasaron.
Bueno muchachas y muchachos, lamento decepcionarlos pero eso no es nada en comparación de lo que me paso a mi. Yo fui un verdadero pirata en la noche.
Febrero de 2004. Carnaval en Uruguay. Yo, integrante de un conjunto de carnaval, llego al club donde ensayamos temprano para ultimar detalles del desfile inaugural del Carnaval. Ese año desfilábamos vestidos de piratas.
Previo a la salida siempre corre algún whisky, vino y cervecita. Yo tome de los tres.
Al llegar a la plaza Independencia, como todavía teníamos un rato de espera hice lo que toda mi vida y me costó más de una penitencia, me fui con “los peores de la clase” al bar que se encuentra en Andes y 18, a seguir criando lo que desembocaría en un lindo pedo. |
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Durante el desfile, de quienes pensaba en ese momento eran mis amigos del alma o sea “los peores de la clase”, me siguieron arrimando alcohol que habían encanutado en el camión del desfile. Al cabo de unos minutos parecía una gaviota moribunda buscando pista por 18 de Julio. No bailé ni canté una sola vez en todo el desfile pero me la pasé arengando al público, creyéndome una especie de personaje carismático.
Todo siguió en el club después del desfile con mi “grupete” hasta que decidimos ir a la Ciudad Vieja......................................
De ahí en adelante un vacío.
Me despierto en mi cama. Me levanto y me doy cuenta que la ropa de pirata estaba ahí. Trato de recordar y se me hace casi imposible. Me parecía muy extraño que estuviera la ropa de pirata en mi casa.
Llego al club y ahí las puteadas. ¿Que donde me había metido? ¿qué había hecho? ¿qué como me desaparecí así?, etc. Ahí empecé a recordar algunas cosas.
Al llegar a la Ciudad Vieja me perdí de los demás al bajar del auto, me camine toda la calle Bartolomé Mitre y me metí en una discoteca. Creo que en ese momento me hubiera gustado ser otra persona para ver a un flaco vestido de pirata entrando a una discoteca totalmente en pedo. El disfraz me poseyó y me sentí en una taberna intentando abordar a la fuerza a todo ser bípedo. Supongo que el disfraz no funcionó con las mujeres pero si con los hombres ya que evitó que me cagaran a trompadas.
Salí de la discoteca mal, desalineado y solo, ya que no me dio bola ni la gorda más peluda. Caminé unas cuadras y me tomé un galeón en forma de ómnibus hasta mi casa.
La imagen es patética pero quién más que yo puede decir que fue un verdadero pirata de la noche. |
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