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Marilyn Manson en su tinta

     
Marcos Ibarra      
       
Recientemente se inauguró en la sala Romero Britto de San Paulo, Brasil la muestra titulada “Las flores del mal” con 29 acuarelas de Marilyn Manson. Sin dudas que el interés de itinerar esta muestra tiene que ver más que nada con el autor y el interés plástico queda supeditado principalmente a esta circunstancia. Aún así, el trabajo de Manson como artista plástico es bueno. El Doctor Prejuicio apostaba a que la técnica que usaría el roquero sería el collage con fotografías y materiales densos, con mucha textura, materia y expresionismo de formas, y otra vez se equivocó. La acuarela es una técnica generalmente asociada a la escena delicada, al lado femenino del ser; los pigmentos que pueden venir como pasta en pomos o como pastillas sólidas, son solubles en agua y el soporte indicado es el papel. Los pinceles tienen cerda blanda y la modalidad de aguadas permite la mezcla sutil de colores que aparecen en el papel con un característico aspecto de transparencia. Usualmente la imagen acuarelada es pequeña y también acá Manson rompe esquemas y realiza algunos trabajos en formato grande. Los dibujos son precisos y de trazo delicado; alguno de ellos son bastante grandes y en todos se ve la impronta marilynmanseana con escenas sencillas pero dramáticas; un adolescente y un viejo parecen estar detrás de la propuesta en la que él se propuso ilustrar
   

aspectos de la mutilación del cuerpo, la muerte, las enfermedades, el vicio y en general temas de lo que Manson denomina “la edad de oro de lo grotesco” donde la alusión a ciertos crímenes reales que el artista “ensambla” con personajes de la fantasía infantil, me parece que ha de ser lo más destacado (“Elizabeth Short como Blancanieves”; “Joan Benet Ramsey como la Bella Durmiente”) así como los trabajos que buscan satirizar novelas yanquis de éxito por estos días. Cuando esta muestra fuera inaugurada en Los Angeles, asistieron varias figuras de la farándula intelectual estadounidense; allí se vendieron algunas acuarelas por U$S 30.000 y las ofertas iban desde los U$S 1.000 hasta U$S 50.000. Lástima que agarramos un momento en el que colgar acuarelas en las salas oficiales “es cosa del pasado”, porque es/habría sido una linda oprtunidad para mostrar algo interesante y, por ahí, cobrar unos mangos de comisión

   

 

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