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Los discos del abuelo

QUEEN – A Night At The Opera (1975)

Jorge Bonelli

   

 

 

 

 
El despliegue de talento es la característica principal del cuarto álbum de la que era, allá por el año ’75, una de las bandas más importantes e influyentes del planeta.      
       

“A Night At The Opera” (que lleva este título por una de las películas de los Hermanos Marx)es una joya del rock, así como del disco como concepto de arte y como objeto de culto. Compartió los charts con otras obras gigantescas como “Physical Graffiti” de Led Zeppelin, “Born To Run” de Springsteen, “Wish You Were Here” de Pink Floyd, “Blood On The Tracks” de Dylan,Horses” de Patti Smith, “Tonight’s the Night” de Neil Young… ¡Qué artistas! ¡Qué discos! Cualquiera de ellos y tantos otros de ese gran año merece un lugar en Los Discos del Abuelo… pero hoy le tocó el turno a Queen, y de esta forma homenajeamos a Freddie Mercury, que hubiera cumplido 61 años el 5 de setiembre próximo pasado.

   
       

El álbum presenta una gran variedad estilística, pero no sería forzado encuadrarlo en el art-rock tan en boga en ese entonces. El art-rock (o rock sinfónico) era ambición, superproducción, exageración, música bien escrita, buenas líneas melódicas, experimentaciones sonoras, armonías y líricas contundentes, y la banda liderada por Mercury se deja definir perfectamente por ese concepto.

No hay muchos casos de bandas de rock en las que, como en Queen, todos sus integrantes compusieran, cantaran, ejecutaran instrumentos, y todo lo hicieran muy bien (por supuesto que el liderazgo era de Freddie, pero todos tenían su lugar). Así, para esta placa, el bajista John Deacon compuso e interpretó en piano You’re My Best Friend, una hermosa balada. Brian May aportó e interpretó vocalmente una pieza de music hall como Good Company y otra cercana al country (’39), además de la épica The Prophet’s Song, con aires arábigos y un gran juego de voces. Y el baterista Roger Taylor escribió y cantó la metálica I’m In Love With My Car. Y nos quedan las creaciones de Mercury.
   
       
De él son el tema que abre el álbum, Death On Two Legs (Dedicated to…), una canción de cabaret como Seaside Rendezvous, o una de las baladas de amor más famosas del rock, como Love Of My Life. Y claro, Bohemian Rhapsody. El gusto por la música clásica de Freddie (quien logró acercar este género a las masas juveniles al fusionarla con el rock) hace de este tema algo único. Es la pieza central del disco, con un sonido sofisticado, infinidad de pistas vocales superpuestas, y un increíble riff de Brian May. Un tema operístico que por siempre será el emocionante emblema de Queen.
   
       
Queen continuaría produciendo hasta poco tiempo antes de la muerte de Freddie Mercury, dejando un legado importante en la música, así como destacándose por sus presentaciones en vivo, con un Mercury que se distinguía no sólo por su espléndida voz, sino por su gran manejo de la escena y por su teatralidad incomparable.
   
       

“A Night At The Opera” marcó una época y un estilo con un sonido muy particular y una elaboración artística rigurosa, para lo que los cuatro Queen no necesitaban nada más que sus propios talentos: como lo declaraban en el álbum, “No Synthesisers!” (“¡no necesitamos usar sintetizadores!).

   

 

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