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Todo ser humano es un artista
Marcos Ibarra

 

 
       

Esta es la concepción que desarrolló y legó Joseph Beuys, el alemán que fue piloto en la Segunda Guerra Mundial, cuyo avión fuera derribado en Crimea y que fuera curado por nómadas tártaros que lo protegieron del frío con grasa y fieltros.

Este episodio pautó su obra artística en la que la grasa, el fieltro, la medicina, el chamanismo y la sanación estaban siempre presentes junto con el sufrimiento y la destrucción. Sus concepciones pedagógicas fueron revolucionarias y llegó a fundar la Universidad Libre Internacional junto al Nóbel de Literatura Heinrich Boll, universidad sin sede en la que principalmente se desarrollaba su concepción educadora muy diferente a la concepción clásica,  que aún nos rige.

   
       
Como artista visual, Beuys proponía que cada acción humana era una obra de arte y enfocó gran parte de su actividad con el lenguaje de la “acción” que, a diferencia de los happenings, buscaba que el público protagonizara la obra; en general se instalaba una tarima donde el público era invitado a subir y actuar. Fluxus se llamaba el grupo que Beuys fundara y que destacara en este lenguaje. Sus esculturas utilizaban un lenguaje neodadaísta y fue uno de los principales precursores de las instalaciones y performances, modalidades que hasta nuestros días son controvertidas y polémicas, despertando el rechazo de mucha gente y el encanto de poca. Es muy recomendable indagar en Joseph Beuys para encontrar claves para la lectura de estas modalidades que se enmarcan en las artes visuales.
 
 
       
En 1962 Beuys estuvo 24 horas en una caja de naranjas donde, particularmente, explicaba el arte a una liebre muerta; era la primera vez que una acción artística incluía un animal muerto y en el que un artista insistía con tanta elocuencia en las dificultades de la educación y traslado de los conceptos artísticos, en particular, de la plástica. Diez años después Beuys permanecería durante 4 días en una galería neoyorquina con un coyote, esta vez vivo, en la acción llamada “Coyote, I like America and America likes me”.  
 
       
El compromiso con su filosofía especial de vida se trasladó a la política y fue uno de los fundadores del Partido Verde en Europa; en sus discursos políticos invitaba a los alemanes a no votar por ningún partido y a buscar su auto gobierno; el plebiscito fue su prédica fundamental para enfocar los grandes temas sociales. Una de sus obras póstumas fue un proyecto llamado “7000 robles” y que consistía en plantar 7000 robles lo que no había terminado de hacer cuando murió en 1984; seguidores de su pensamiento culminaron la obra.
   

 

     

 

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