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La celebración del cadáver (2º Parte) |
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Guillermo Baltar
Fotos de Marcel Loustau |
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| Noches de tormenta |
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“Otra vez las voces se callaron, todo vuelve a la normalidad…
Seguridad, seguridad, para que quiero la seguridad”
Los Estómagos |
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Todo lo cercano al rock o a las nuevas formas de manifestación artística, comenzó a ser inspeccionado bajo el influjo de una poderosa lupa censora. Se las asimilaba a los tópicos, no ya de agentes del imperio, sino a estandartes de la droga y la violencia. Algo que se fue acentuando desde 1986 luego de que tanto la izquierda como la Administración Colorada intentaran un acercamiento al fenómeno. Basta recordar las políticas ignorantes y fascistas que durante años mantuvo el entonces Consejo del Niño, como así también el desconocimiento del Ministerio de Cultura bajo la Dirección de la Dra. Adela Reta, que llegó incluso a manifestar públicamente que el punk “era un mal a erradicar”. Promoviendo de una u otra manera, una sistemática represión policial manifestada en los últimos años de los 80, cuando las razzias estaban a la orden del día y los locales para realizar conciertos o performances volvían a ser cada vez más escasos y limitados. Debemos recordar la muerte de Guillermo Machado (24/7/1988) luego de haber sido detenido en una razzia y pasar toda la noche en una comisaría, o el procesamiento del cantante del grupo Clandestino tras uno de sus conciertos en el Festival Parque Rock-do.(18/5/1988) Condenado por injurias y agravios al parlamento y a la policía, bajo el influjo de una legislación vigente. Así como también a integrantes de la red de Teatro Barrial por satirizar la acción policial.
El aparato represivo de la dictadura aún estaba en pie pero no ya dirigido a los militantes políticos, ahora el enemigo eran los sujetos que concurrían a los conciertos de rock o portaban estéticas que los identificaban con él. La persecución se expandió hacia los colectivos de diversidad sexual. Las incursiones policiales también se realizaban en bares o establecimientos donde comenzaba a nucleares miembros de la comunidad gay. El acoso a los grupos homosexuales fue constante. Las políticas conservadoras volvían a retomar ímpetu inusitado, bajo la administración de Sanguinetti. Las razzias y los abusos policiales fueron frecuentes amparados por la administración colorada. La acción arbitraria de la Brigada de Narcóticos con una política represiva y abusiva y con unas leyes que nunca diferenciaban al consumidor del traficante, daban pie a la indefensión ciudadana. Estos desmanes llevo a la instauración de un Movimiento Antirazzias impulsado desde el Foro Juvenil y IELSUR. Al poco tiempo se unirían otras organizaciones y se conformaría una nueva Coordinadora Antirrazias. La mayor parte de la prensa, en un alarde sensacionalista, condenaba todos aquellos hechos vinculados al rock. El tema “Razzia” de Guerrilla Urbana se convirtió en un reflejo de esos hechos: “Yo siempre pienso lo que no debo pensar / y es por eso que me van a re-educar / Esta noche no salgas a la calle / esta noche porque hay razzia”. |
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Cuarteto de Nos en el Notariado 1986 |
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En agosto de 1986 el ridículo y la soberbia estrenan obra. El entonces Intendente Jorge Elizalde, censura la exposición de dibujos del artista plástico Oscar Larroca por considerarla pornográfica. La muestra había sido aprobada por el Departamento de Cultura de la Intendencia y se iba a llevar a cabo en el Centro de Exposiciones del Palacio Municipal. Curiosamente, la única oposición llegó desde el Ministerio de Cultura a través de su ministra, la Dr. Adela Reta. Los partidos políticos callaron o apoyaron la medida de Elizalde. La acción cultural aún tenía respuestas. Algunos de sus “terroristas” cubrieron al David de la explanada municipal con ropa interior y pusieron corpiño a una de las figuras femeninas del monumento a El Gaucho. En el primer Montevideo Rock, el intendente al entregar a Guerrilla Urbana el primer premio de bandas nóveles, debió retirarse ante la caída de una lluvia de piedras y monedas.
A fines de 1987 el movimiento artístico gestado en torno al rock comienza a decaer y a sufrir todo tipo de persecución. Su marginalización se hace evidente. La sociedad ya había involucionado tras la aprobación de la Ley de Caducidad. El sistema educativo del estado -vapuleado por el gobierno militar- comienza su descenso a los infiernos. Con reformas y presupuestos inadecuados e ineficientes. La irrupción de la universidad privada comienza a dividir la calidad de la enseñanza y las posibilidades de sus egresados. Las corrientes neoliberales comienzan a fragmentar el tejido social. En el plano internacional la “perestroika” de Gorbachov anticiparía el fin de la Unión Soviética y el fracaso del socialismo real.
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Cara mas Caras, Radiomundo 1987 |
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Desde 1988 la persecución contra el rock y sus entornos se generaliza. Se lo reprime sistemáticamente. La sociedad vuelve a su pasado de estatismo y sesgo burocrático. Se radicaliza su conservadurismo y pierde el impulso renovador de los años precedentes. Los agentes culturales no supieron potenciar sus mensajes y la crisis creativa se ahondo entre estos. Existió inmadurez e inexperiencia de sus protagonistas. Productos de la desorientación y los cambios, no supieron modificar el discurso, ni generar un espacio propicio en la opinión pública. De la asimilación del fenómeno por los medios se paso a su indiferencia. El comienzo de la uniformidad mediática estaba gestándose. Comenzó a despuntar una nueva “sociedad del espectáculo”. Muchos de aquellos músicos, periodistas y artistas, comenzaron a dividir sus intereses. Para algunos el medio se fue haciendo cada vez más estrecho. Emigraron o fueron asimilados por el ámbito tradicional del espacio laboral o administrativo, cuando no del desempleo. Otros acataron las políticas de asimilación y comenzaron a buscar la aceptación y el reconocimiento de la cultura “establecida”. Muchos de los jóvenes de la segunda camada de los 80 provenían de entornos de clases medias en desbandada y clases medias altas. Algunos vivieron el influjo de la efervescencia ochentera, como una mera reivindicación de la iracundia adolescente. El hecho cultural en sí dejó de ser sustantivo. El disfraz de la modernidad les permitió vivir el sueño de una juventud irreverente. Expulsados del universo eléctrico de las guitarras, irrumpieron en los ámbitos de las nuevas tecnologías. También en los publicitarios y económicos, en los mediáticos y académicos, y fueron constituyendo una especie de avanzada que delinearían en parte, las nuevas estratificaciones sociales y económicas del país. |
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Traidores y Puti Club Ciudad de Pando 1986 |
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Bombardeado por todos lados, la inconsistencia de aquel ímpetu renovador comenzó a aflorar. Aquel movimiento, aquel estado de opinión, nacido a influjos del rock fue perdiendo poco a poco el impulso motivador. La disgregación fue paulatina, así como también lo fue la pérdida de su carácter. Dejó de ser combativo y murió tal como nació, a la vera de Los Estómagos. Si Los Traidores con su “Montevideo Agoniza” realizaron la crónica exacta de la desorientación de esos años, de la melancolía y las expectativas acotadas de su generación. Dando al rock nacional algunas de sus más brillantes canciones (“Flores en mi tumba”, “La lluvia cae sobre Montevideo”). Fueron Los Estómagos quienes mantuvieron en alto la bandera de la dignidad y de la acción. Su primer disco y el último tienen esa correlación, ese marcado inconformismo. Con “No habrá condenado que aguante”, la banda certificó el fin de la utopía adolescente y también la de aquellos mayores, condenados por siempre a vivir fuera de tiempo. Prisioneros eternos del desfasaje psicológico y temporal que la dictadura creo. A la desazón de “Invierno”, la melancolía tardía de “Los Seres Vivientes”, o la irreverencia de “Fuera de Control” (de “Tango que me hiciste mal), se llega a la pesadumbre y la interrogación como constante de la existencia nacional. Que son sino: “Errantes”, “Seguridad”, “Mucho alcohol y borrachera”. Un disco eléctrico porque aún la furia era eléctrica. Un puñado de brillantes canciones que sentenciaban el fin de ese breve sueño ochentero. Si “Te vas” es la despedida, “Avril” es el réquiem por una época, basta con escucharla y saber que la ilusión se perdía indefectiblemente, así como la inocencia del sueño trasgresor. |
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La Tabare con Andrea Davidovichs Cabaret Voltaire Anglo 1988 |
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El fin de los héroes
“la limosna estatal, no nos pudo transformar”
Los Estómagos. |
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La sociedad se volvió rígida y conservadora. Plana de pensamiento. Atemorizada ante la posibilidad de sumar perdidas en lo económico y social. El impulso liberalizador de la democracia fue perdiendo fuelle, y la catarsis colectiva duro no más que un breve período. Luego se ha visto, tras las impunidades y las condenas recientes por la violación de los derechos humanos, que las heridas aún perviven. La izquierda trazo estrategias políticas pero no culturales. No obstante, asimilo a muchos de aquellos protagonistas dada la escasa posibilidad de opciones. Una vez más la sociedad no acompañó los cambios culturales y estos devinieron en meros productos abandonados. Parte de ella vivió ajena a esas transformaciones y hasta años más tarde no asimilo sus cambios. Esos sectores más conservadores se vieron representados por estéticas mucho más próximas a la idiosincrasia nacional o al costumbrismo. En la actualidad, el rock es acogido como un discurso propio de la juventud. Para un país atrasado, acoger el fenómeno roquero cuarenta años después (y que intelectualmente aún no ha aportado ninguna persona relevante. Alguien de la estatura de Gieco, Nebbia, Spinetta, Paez o Solari -por poner un ejemplo vecino-, salvo que en él incluyamos a Eduardo Darnauchans (nuestro genuino e irrepetible Leonard Cohen), Fernando Cabrera, y los textos de Roberto Musso y Sebastián Teysera) resulta pueril cuando no estúpido, en boca de comunicadores celebrar la masividad de sus conciertos. Tras su futbolización, su influjo como actividad transgresora y generadora de ideas ha perdido su poder sustancial. Se vive el festejo, la realidad de un posible entorno que hasta ahora pervive por que suma dividendos. Se asume el simulacro posmoderno en las adyacencias del lunfardo plancha. Desde cierta perspectiva, la actualidad nos dice que el verdadero punk es él plancha. Es este quién genera rechazo y asco. Para Lennon el sueño había acabado en los 60 y Los Ricoteros decretaron su final, cuando las turbas se volvieron indeseables. A través de la MTV, la irrupción vía Miami de los “géneros latinos, (al los cuales el Cuarteto de Nos ridiculizó), las ingenierías de tendencias y la manipulación mediática, el ímpetu del pensamiento y la acción instigadora han sido excomulgadas. Hay excepciones (Martín Buscaglia, Vela Puerca, Motosierra, Los Buenos Muchachos…), pero estas han sido siempre una constante nacional. En su conjunto son manifestaciones escasas, aunque algunas sean extremadamente valiosas. Dudo que dentro de diez años muchas de estas pervivan, así como dudo de la capacidad del público para generar un ámbito cultural, un circuito en torno a determinados patrones culturales y no sólo a la ingesta alcohólica. La Universidad fue perdiendo su injerencia como centro generador de ideas y principios, lo cual no es un dato menor. No hay grupos de art-rock (salvo el Cuarteto, nuestro único grupo de art-rock. ¿Lo serán Los Sinatras?) y la pasividad parece ser la tónica que hoy asemeja a las diferentes generaciones. La displicencia del país, ha hecho que los discursos vitales tiendan siempre a disolverse.
Aquella irrupción juvenil de Los Estómagos en el espacio humorístico “Plop” que emitía el Canal 12, cantando La Barométrica, fue el irrumpir público de la modernidad que por entones se avecinaba. El Uruguay que quería ser contra el que otros querían que fuera. La realidad dice que este Uruguay no es una cosa ni la otra.
(*) “La Celebración del Cadáver” pertenece a la serie de artículos, documentos, recopilación de entrevistas y fotografías inéditas del libro “1984-1989. Bailando en la oscuridad” Cinco Años de rock nacional. En el que trabajan el periodista Guillermo Baltar Prendez y el fotógrafo Marcel Loustau. |
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El Puticlub y Apagon Albin Arte en la Lona 1988 |
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