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Capítulos del tiempo (*)      
Marianella Morena      
       

Si uno se relaciona con el tiempo, y como ser vivo se relaciona, empieza a conocerle los vericuetos, las trampas y hace alianzas.

Una de las alianzas que hace es la de la representación.
La representación es una estrategia por excelencia, una convención, un juego de que hacemos como.

Y llega la representación a convertirse en un espacio vivo que establece duelos con el tiempo.

Los duelos con el tiempo son escrituras, habladurías, sistemas de aprendizaje desandado. La representación empieza a rebelarse y a no respetar los acuerdos con el tiempo, y mucho menos con el espacio. Entonces la representación sale del campo restringido para su desarrollo y se expande. La representación empieza a no representar sino a SER.

Ni la memoria ni la verdad escapan de la representación.
La representación se ha convertido en la secuencia tangible del tiempo. El tiempo en objetos y sujetos, quietos y dinámicos.

   
       

Ausentes y presentes en un instante acordado. Juntos y evitando la masa. Es la desesperación. La representación amortigua el dolor del deseo, el dolor fijo de la muerte. Agudiza la razón de la muerte pero nos hace conscientes de que ese y único milagro es válido por las restantes miserias.
Hay que aceptarla sin resignación, seguir peleando para quitarle aristas, capas y maquillaje, pero ella, seductora, huidiza se va, como se va la vida y a pesar nuestro llega la muerte.

Los capítulos del tiempo son infinitos. Tajadas y planos en la perpetua construcción del volumen, de la sensibilidad, de la comunicación y de los significados.
Nadie llega, ese es el resultado de la representación.

 (*) Fragmento de una ponencia para APU

   

 

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