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Los discos del abuelo

Oktubre


Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota

Pulga Pavlovich

   
       
       
       
       
Mi único verano semi-puntaesteño coincidió con la epóca en que el cd estaba llegando al Uruguay.  Un domingo a la noche, en una disquería cercana a la rambla revolvía esas cajas cuadraditas, de las que solamente tenía en mi poder “The Soft Parade”, de los Doors. Tras pasar mis ojos por varios lugares, se estacionaron en dos joyas que no había visto en formato de origen hasta el momento: “Gulp” y “Oktubre”, de Patricio Rey y sus redonditos de Ricota. Mangazo al viejo mediante, pasaron a ser el segundo y tercer integrante de mi escasa cdeteca. “Gulp” es un discazo, pero “Oktubre” me conmovió, y aún hoy logra seguir haciéndolo.
   
       

Grabado en 1986 – el librillo reza que fue entre los meses de de agosto y septiembre – en los estudios Panda de Buenos Aires y con una esté tica que obviamente recuerda a la revolución rusa, el disco contiene nueve canciones, que en el formato LP se distribuirían casi a la mitad: las primeras cinco al lado A, y las restantes cuatro al lado B.

Lo primero que se escucha, en medio de una especie de marchita, son los sonidos de un bombardeo, que bien podría ser a la Catedral de La Plata, que aparece en llamas en el arte del disco, a cargo obviamente de Rocambole. Fuegos de Octubre posee una letra cruda, corta y directa, que homenajea la primer gran revolución del siglo XX, pero sin llegar a embanderarse con ella, ni con sus conceptos agregados posteriores:

De regreso a Octubre
(desde Octubre)
Sin un estandarte de mi parte…
te prefiero…igual, Internacional
   
       

Tal vez sea la segunda canción la que mejor refleje la tónica del disco en materia musical, con las guitarras de Skay y Tito “Fargo” D’aviero cruzándose y sacándole filo a los puentes. Preso en mi ciudad nos recuerda la ilusión de la libertad en nuestra sociedad, donde el rock a veces aparece como pañuelo contiene-lágrimas.  En esa línea va la muy sensual y adictiva Semen-Up, y también la maravillosa Canción para naufragios, que será la antesala del cierre del disco.

En una línea más rocanrolera y picadita, se alinean la hermética Música para pastillas, la evidente patada al ojo idiota que significaba Divina TV. Fuhrer y el himno que terminaría cerrando la mayor parte de los recitales redondos, aún los del siglo XXI: Jijiji.

Párrafo aparte para Motor Psico, que “… es por ahí el lugar más Pop al que ha llegado Patricio Rey”, en palabras del Indio Solari. Una canción en cierto sentido lenta, pero que no cae en la baladita común, una canción de amor que tal vez no hable de amor…
   
       

El disco cierra tal vez con el mensaje más claro bajado por el Indio, encerrado en un título cuasi impenetrable: Ya nadie va a escuchar tu remera. Lo que vivimos es efímero, así que por favor, cuidemos el estado de ánimo, para que no nos secuestren lo último, tal vez lo más valioso.

Fue la última formación en sexteto de la banda. Ya en el siguiente disco, no estaría Tito Fargo dándole a la viola y el Piojo Abalos y Willy Crook en parches y saxo serían reemplazados. Obviamente, Semilla Bucciarelli estaba a cargo del bajo, Skay Beilinson en la guitarra y las voces a cargo del Indio Solari. Aparecieron como invitados Daniel Melero en teclados y Claudio Cornelio en percusión.
   
       

Después de haberse sacado buena parte del viejo repertorio – que venían tocando desde el 78’ – en “Gulp”, Beilinson y Solari compusieron especialmente para este disco. Y quedó Redondo.

Disco concepto, obra memorable, el mejor disco de los Redondos, el más jugado. Todo eso se ha dicho de “Oktubre” y no tengo por qué estar de acuerdo o discrepar. Sí creo que, de los discos que han llegado a mis manos, es aquel en el que mejor dialogan música, poesía e imágenes contenidas en la tapa y librillo interno. No me canso de escucharlo, de intentar comprender sus letras, de admirar como me sigue haciendo vibrar.

 

 

 

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