ahora que todo gira
vamos a cantar un rato
el niño está en la pradera
la madre lo está llamando
ahora que todo gira
vamos a reír un rato
los gatos con los ratones
y el hombre con sus zapatos
ahora que todo gira
vamos a dejar los llantos
que se bautice a los perros
a las cabras y a los patos
ahora que todo gira
vamos a cantar un rato
que afuera todo es manzana
y adentro todo es naranjo (1)
Casi como decir busquemos girar sin esquemas, a ver si nos atrevemos a asir lo que tenemos a mano y lo saboreamos como fruta… Si no podemos encontrar una llave con Humberto Meggett nos estaremos perdiendo abrir puertas diferentes. El cambio, el cambio, reclamamos todos, y hasta la manera de reclamarlo explica por qué el cambio no está, se esconde, se escabulle; manera vetusta la de andar reclamando siempre y apuntando para cualquier lado, manera torcida que acaso arranca de los cuentos de hadas de que tanto habla Raquel Diana, nuestra dramaturga entrañable. Capaz que estamos esperando la varita con una estrellita en la punta que, una vez sacudida, logre un efecto modificador desde la nada, o mejor dicho, desde la sacudida de vara. En estos días la palabra entra en riesgo, está condenada a amordazarnos porque es difícil coincidir y discrepar; nuestro ejercicio es de hacer una cosa por vez. Para no caer en tal ejercicio, a veces ensayamos discursos ordenados que detallan, “esto está bien” versus “esto otro, en cambio, está mal” y nos quedamos satisfechos de haber ejercido la democracia de la palabra. Ahora que todo gira (porque gira y da más vueltas (2) vamos a jugar un rato que el déspota está en la cárcel y nadie lo está llamando. Vamos a reír un rato, que el déspota está en su lugar natural y todo gira más liviano. Sin hacer la vista gorda al drama social, tampoco hagamos la vista flaca al momento histórico en que se ensayan maneras diferentes, que acaso fracasarán, acaso prosperarán, pero ese testimonio es fruta para saborear, luego de tantos siglos de mentiras, qué placer manejarse con algo más cercano a la verdad. A mi la Navidad ni me va ni me viene, en general me deja un sabor feo, pero que un déspota sea metido en prisión es más que una estrella arriba de un pino, es señal que, acaso lejos, el niño está en la pradera y la madre lo está llamando, afuera todo es manzana y adentro…adentro el Goyo sabrá.
- (1) Poema de Humberto Meggett
- (2) Alude a la canción de L.A.Spinetta, “Las manos de Fermín”
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