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Steve Vai en Buenos Aires – 12.11.07 – Gran Rex      

Maxi Aulet

     
       
Un grande en las teorías del sonido      
       

Lunes 12 de noviembre: no por casualidad estoy en el centro de Buenos Aires. Luego de superar el escollo de olvidar las entradas, me dirijo hacia ese recinto que tantos buenos recuerdos me trae, el Gran Rex. Una vez más la excusa es ver a Steve Vai, que en esta ocasión presenta Sound Theories, su último disco.

El concierto está pactado para las 21.30. La corta espera se torna interminable, pero por suerte la cosa ahí es muy puntual, y pocos minutos después de la hora señalada se apagan las luces. Si forzamos un poco la vista, podemos observar subir al lúgubre escenario a la banda que lo acompaña en el tramo sudamericano del Tour: Philip Bynoe (bajo), Alex DePue (violín eléctrico y teclados), Ann Marie Calhoun (violín, teclados y coros), Jeremy Colson (batería) y Dave Weiner (Guitarra). Acto seguido, la figura alta y delgada de nuestro héroe de la guitarra, se materializa en el escenario. Entra en escena arqueándose de un lado al otro, vistiendo una suerte de ¿sobretodo? futurista negro, con algunos vivos de colores. La guitarra que escoge para hacer delirar con  su arte al público es una Ibanez transparente de seis cuerdas.

Así nomás nos hace prisioneros de sus sonidos, interpretando temas de Sound Theories y Real Illusions: Reflections. En cuanto a la última parte de su discografía, y por suerte para los nostálgicos, dedica una buena parte del repertorio a su brillante Passion & Warfare. ¡Vaya si habría tiempo para repasar su carrera, si el tipo da un show de más de dos horas y media! Es realmente un showman: no pierde una oportunidad de ponerse al auditorio en el bolsillo, como cuando recordó que uno de los temas que interpretó fue compuesto en ese mismísimo Gran Rex.

   
       

Luego de tocar un puñado de sus excelentes canciones, decide que es momento de ir a quitarse su abrigo y quedarse con una no menos extravagante camisa, que tiene la manga derecha corta y la otra larga. Pero claro, como para que la espera no sea aburrida nos deja ese lapso de tiempo disfrutando de los músicos que lo acompañan. Obviamente que son todos excelentes músicos, por algo tocan con Vai, pero son dignos de destacar Alex DePue y  Jeremy Colson. Al primero es imposible seguirle los dedos cuando los coloca sobre su violín eléctrico, y por eso es que se puede dar el lujo de mantener un duelo de cuerdas con el dueño del circo. El otro posee una combinación envidiable de técnica y fuerza, lo que explica por qué hace tanto que toca la batería con el experimentado guitarrista.

La estrella de este espectáculo hizo, en este cierre de gira mundial, que la entrada valiera cada peso, no sólo por el tiempo que tocó, sino por la total entrega para con sus seguidores. Por supuesto que, como ya es costumbre, ondeó su pelo al viento (de un potente ventilador), tocó la guitarra con la lengua y con el pie, y conversó con el público. Pero también incluyó un más que interesante set acústico, donde también se sacó las ganas de cantar. Fue en ese momento cuando también tuvo un lugar protagónico Ann Marie Calhoun, la violinista, que los uruguayos tuvimos el gusto de ver cuando se presentó en Montevideo con Jethro Tull.

En lo que se refiere a lo que hace con la guitarra eléctrica, está más que claro que sería mucho más fácil comentar lo que no hace con ella. Steve Vai llega al punto de robarle notas a los acoples, sale de esas situaciones más que bien parado. Como dijo alguien por ahí: “…lo que pasa es que Vai maneja el caos…”.

Si alguien fuera muy atrevido (pero muy), podría criticar la falta de originalidad a la hora del cierre, que como no podía ser de otra manera, le perteneció al tema For The Love Of God. Pero en vista que soy una persona muy respetuosa, simplemente me dediqué a disfrutar de ese orgásmico y esperado final, que no hizo otra cosa que confirmar la teoría de que Steve Vai no es de este planeta.

   

 

     

 

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