En el número de octubre de 2007 anunciamos la aparición del libro de Inés Trabal, “Alloiosis” publicado por la editorial Yaugurú. Recordábamos entonces las publicaciones de Inés, en 2003 “Cartas”, en 2005 “Otras cartas” y en 2007 “Alloiosis”. En esta conversación con ella, planteamos algunas preguntas que puedan servir para acercarse a la obra. Como siempre, las respuestas de la autora no son las únicas y definitivas, sino solamente las de quien escribió el libro.
1. Inés ¿ hay una suerte de coincidencia en publicar estos libros con una frecuencia bianual?
Años impares… Parecería haber un ritmo. Luego de la primera incursión con un proceso mucho más largo, un año de escritura, uno de decantación y creación del libro como objeto que cierra con la publicación. Me pregunto cómo continuará.
2. La sonoridad poética, la prosa poética, el libro-objeto, son presencias en tu trabajo, la palabra “alloiosis” que alude a “cambio cualitativo” o más en general a “movimiento sin desplazamiento físico”, ¿está señalando un aspecto clave del libro al que titula?
Sí. Se trata de algo que se me hace cada vez más patente. Encontré la palabra e inmediatamente tuvo resonancias; mi apellido materno, lo allo, siempre tuve un tactismo por lo otro, lo diferente, la exogamia. Ahora te podría decir que alloiosis es para mí una palabra-poema. Se trata de una transformación que, a diferencia de la metamorfosis, conserva la huella de lo que fue, y es también disolución. Quizás haya allí un lazo entre lo que llamamos materialidad y espiritualidad
3. “Alloiosis” comienza con “querido desconocido”, ¿se puede pensar en una alusión a un lector al que nunca se conocería?
A un lector al que nunca se conocería, a un futuro que no se conoce, a la muerte, a uno mismo, un no mismo, que se desconoce.
En contrapunto hay un final que dice,
juntos supimos together w e n e w
jugando con la transposición del castellano al inglés: “nosotros supimos” (“we knew”) es homofónico con “nosotros los nuevos” (“we new”); el modo como ha sido dispuesto en la página hace que funcione como palíndromo, es decir, un texto que, se lea como se lea, siempre dirá lo mismo, en contraste con el planteo del resto del libro, donde las opciones de lectura son manifiestamente múltiples.
4.
En tu proceso de trabajo, ¿hay un lector imaginario determinado?
No. O sí. Uno nuevo, empezando por mí misma, creada a nuevo por la lectura. Ese sería el deseo.
5.
En nuestra cultura uruguaya la presencia de otros idiomas fuera del español es constante, sin embargo los antecedentes de literatura que integre idiomas no es común. En tu trabajo es una característica y he visto que llama la atención de los otros, ¿por qué será?
Nací en un ámbito multilingüe: padres uruguayos en una comunidad internacional en torno a Alcan, Aluminio Canadá; en mi casa se hablaba español, inglés y francés. Recuerdo con claridad uno de los primeros días de clase en un colegio inglés: la consigna era aprender a escribir nuestro nombre según la clave fonética: I (ai) , n (en), e (i), s (es). Me resultó cuando menos extraño darme de frente con dicha complejidad.
6. ¿Creés que incluir otros idiomas en el texto general del libro discrimina lectores?
Sin duda problematiza una lectura inicial, y puede hasta resultar antipático. Con suerte y, eventualmente, sería una puerta de entrada al juego, y a una perplejidad y asombro capaz de extenderse más allá de la propuesta específica.
7.
¿Hay un narrador omnipresente en “alloiosis”?
Creo que en principio no, hay muchas voces. De haber un narrador omnipresente, éste se constituiría en y por el libro, cada vez.
8.
Es insoslayable la cualidad de objeto visual en tus libros, tanto que se puede ver como objeto plástico y leerse también en ese contexto. ¿Te sentís afín a la cualidad de artista plástica a partir de estos libros?
Artista plástica por la mano maestra del editor, diseñador, poeta y artista plástico Maca, y otros. Aprendiz. Primero le acerco mi material y espero, la clave de pase será “hay un libro”. Luego le digo cómo lo imagino, y él me cuenta su visión, y se establece un diálogo, donde mi falta de conocimiento me da la libertad de pedirle a él, conocedor cabal del soporte y sus límites que pueden ser insalvables, y en ocasiones también abrir vías insospechadas.
Agrego algo interesante que ocurrió con el segundo libro (¿o los segundos, o el segundo y el segundo prima, o el segundo-tercero?). La respuesta fue “me parece que no hay un libro” y temblé. Luego de una leve pausa continuó: “creo que son dos”. No estaba para nada de acuerdo. Lo interesante es que desde el inicio yo tenía dos títulos posibles, y estuvimos meses en ello. Teníamos claro que en cierto momento había un corte que debía quedar señalado, él proponía dos libros muy vinculados y yo uno con un corte neto; el objeto fue madurado lentamente hasta que le di la razón. Cada vez que lo miro ahora me doy cuenta que así debía ser.
Mientras armábamos otras cartas / pasajes me escribía con Fidel Sclavo. Surge el tema de un lugar altamente significativo para ambos y menciona la ermita de Sant Elm, patrono de los viajeros perdidos, en un lugar de la Costa Brava que había visitado en forma repetida. No la logro situar, de hecho sueño con una playa que se corta abruptamente del lado derecho. Le pregunto si tendrá algunas fotos porque las quiero para el libro. Allí están, y son perfectas. La decisión de incluirlas fue tomada sin verlas. La mirada de Fidel es de una particularidad tal que durante un tiempo no reconocí el emplazamiento; lentamente me volvieron algunas imágenes de un lugar que podría ser, aunque el recuerdo era bien diferente de lo que sus tomas me mostraban. La ermita está justamente del lado derecho de la playa de San Feliz de Guixols con la cual había soñado, [d]el [lado] que había quedado cortado en el sueño.
Sigo con ejemplos, y podría continuar con muchos más. Me cruzo con un cuadro en una galería de arte que me remite a las ideas que tengo dificultad para escribir. Se trata de un Musso; me pongo a explorar en su obra porque sé que trabaja en series y siento que en alguna variación puede haber algo de lo que busco. Encuentro un cuadro que no se parece a ningún otro y que captura imágenes soñadas previamente y que no logro plasmar en palabras. “Alloiosis” incluye y dialoga con dicha obra. |
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9. En otra nota que te hiciera Nancy Banchero en El Eco de Nueva Palmira, en enero de este año, decías que no creías en la lectura “entre líneas”. ¿Cuando las páginas del libro son traslúcidas y la letra plateada, no hay un “entre líneas”?
¡Touché! Con ello quería subrayar que la apuesta fuerte está en lo escrito, que incluye cada uno de los detalles formales, y hay que verlo con los ojos del alma, exponerse. La materialidad de cada obra es vehículo; en el caso de un libro, cada letra, su tamaño, su color, la fuente elegida, la disposición en la página, la textura del papel. Hay capas y capas de cultura integradas y son a leer. Como la tinta plata, que puede verse con mayor o menor nitidez e incluso desaparecer según la luz y lo que se refleja en ella. La intención es marcar que lo que más me interesa en la lectura es lo que está de algún modo contenido en la obra toda. Lo que contiene, eso sería lo esencial, no tanto aquello a lo cual remite. Lo que la lectura produce de allí en más es otro asunto.
10.
La 10 es la más difícil, ¿hay una especie de boicot inconsciente a las traducciones de textos cuando, por su poliglotismo, tus libros serían casi imposibles de traducirse adecuadamente?
La invitación es a abrirse a la riqueza que nos ofrecen las diferentes lenguas humanas. Me afilio a la antigua corriente que postula la ausencia de equivalencia total en la sinonimia, y ese concepto sirve de sustento para lo que quiero plantear: habiendo dos palabras, siempre podremos encontrar un matiz. Una sola letra puede ser determinante, una coma, una mancha, un doble espacio.
Es lugar común la pérdida que puede darse en la transposición de un texto de una lengua a otra. Sin embargo, y con cierta frecuencia, el trasvasamiento no puede evitar un extrañamiento que nos abre a otros mundos. |
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