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Lo Bueno, Lo Malo y Lo Feo

     
Marcos Ibarra      
       
1. LO FEO

Los desfiles de carnaval que, a mitad de semana (y no importa si es enero, la actividad sigue aunque esté reducida en cantidad), obligan a poner el vallado en 18 de Julio ¡y desde la Plaza Independencia hasta Vázquez! Encima lo hacen desde temprano en la tarde, alterando el tránsito, lo que provoca más bocinazos, más puteadas de los conductores y peatones, y gente que no sabe para dónde ir a buscar su ómnibus bendito que los lleve salvos y sanos a sus casas, lejos del mundanal ruido y el despelote. Luego arrancan los parlantes a gran volumen, con la propaganda de chorizos Ottonello (que desde ya digo, jamás consumiré nada más que tenga esa marca) y alternando unas grabaciones de murgas. Yo vivo ahí, donde el desfile se manifiesta; el carnaval no me gusta (yo soy de afuera ¿vio? y allá estas cosas no existen, lo menciono por aquello de las tradiciones que tanto les gusta decir a unos), el carnaval no me gusta y no tiene nada que ver conmigo; yo pago mis impuestos, cruzo con la verde, tiro la basura en el container, en fin, hago aquello que se espera que un ciudadano haga. Exijo (a la divina providencia, claro, porque acá no hay dónde dirigirse) que por lo menos se pida disculpas a quienes nos molestan que se metan en nuestras casas (en este caso a través del ruido), o bien que prime la sensatez y se busque un lugar menos residencial y critico para la circulación para que la parodia tenga lugar, o que se construya un desfilódromo, que me parecería la idea más acertada. Desde las 4 de la tarde hasta las 3 de la mañana, los tambores y las voces se metían en mi casa, el gato debajo de un sillón y yo atrapado por el sonido mezquino, invasor, irrespetuoso, invitador a la calentura. Quiero que quede claro: las actividades públicas invasoras son las que ataco acá; ocurre que solamente el carnaval tiene este privilegio y por ello no puedo referir otros casos. Oigo dos cosas feas, una, “no hay plata para el arte” y dos, el ruidaje infame de los desfiles de carnaval, que parece estar eximido de culpas y agraciado con recursos económicos y la permisividad del poder “permisividor”. Apenas lo anoto porque es un tema que se junta con éste: las altas horas en que esto ocurre son una invitación a un público que luego, borracho hasta las patas, mantiene el ruido propio de sus puteadas y botellas que se rompen, containers destrozados, etcétera, sin autoridad que lo impida. Feo y muestra demasiado grotesca de una falta de sensibilidad que explica mejor por qué no hay recursos para el arte (excepto para el carnaval, claro).
   
       
2. LO MALO

También cultural-urbano: la nueva señalización de calles de la rambla (por ahora es donde las vi, esperemos que no sigan hacia el resto de la ciudad). Unos cartelitos con un formato de letra que es el formato letrita, bien chiquito para que no se pueda leer, objetivo que se cumplió porque no se leen.  ¿Quién hace esas cosas de corte “aberranteril”? ¿Quién propuso, quién aprobó, quién por Dios, está tan desubicado!? Hay derecho a preguntar porque lo pagamos todos los que vivimos en Montevideo, y hay derecho a patalear porque los carteles ya están puestos. Hay derecho que hemos ganado desde el Frente Amplio, desde aquel Frente Amplio que había nacido desde la participación popular organizada en comités de base y que generó monstruos como yo, que rompemos las pelotas y según sé que se dice.

   
       
3. LO BUENO
  • El dramaturgo Mauricio Kartún trajo al Solís “El Niño Argentino”, una obra genial que todos deberían ver. Además, y en el mismo Teatro Solís, el dramaturgo dio un seminario de tres días, tres horas por día, acerca del  proceso de escribir teatro. Es más, no sé si el título del seminario era ese, deja de importar el título cuando la performance que realizó Kartún fue de una brillantez excepcional, de una generosidad digna de apreciar, sencillo, claro, imponente. Algo para agradecer y destacar, algo para que los entendidos en el tema aborden con seriedad, la punta de una madeja con la que se puede tejer mucho poncho. Yo no soy entendido en el tema y solamente diré que un seminario que en apariencia (acaso por la forma del discurso) iría dirigido a gente de teatro, redundó en un aporte personal importante; yo estoy más cerca de la plástica y corroboré que el abordaje que propone Kartún tiene todo que ver con la el abordaje que muchos maestros de plástica plantean. Bueno, y muestra de una actividad viva en el Solís, en enero (antes siempre se decía que en enero no había nadie) con teatro lleno. ¡Bien por los gestores! En cuanto a la obra “El niño argentino”, me llevé una sorpresa porque los afiches que había en la calle anunciando la obra no me gustaban y el título de la obra tampoco. La verdad, fui porque a una amiga le sobraba una entrada. Y qué suerte! Las actuaciones, la resolución escenográfica, la música en vivo, todo potenciaba la genialidad del texto en verso con rima consonante. Pasamos de lo desopilante a lo dramático así, de golpe. El niño argentino, el Isidoro Cañones de la historieta, o el niño argentino gauchito inocente y noble que tiene sus demonios o el niño argentino vaca de la que se abusa para obtener los placeres de una clase media europeizada, contaminada de holgazanería, hedonismo, traiciones, engaños y desengaños. Aunque las similitudes con lo uruguayo son muchas, la vi como una obra típicamente argentina, polémica, espejo donde muchos de los que se verán reflejados, negarán la imagen. Los actores: Mike Amigorena, Osqui Guzmán María Inés Sancerni y Gonzalo Domínguez. La escenografía de Héctor Calmet y Miguel Morales. Dramaturgia y dirección de Mauricio Kartún, obra de 2006 presentada en el Teatro Solís en Enero 2008.
    • La BCG en la Sala Zitarrosa y su espectáculo “La Divina Comedia Humana”. Otra vez la mirada mordaz de Jorge Esmoris recorre la pantalla de la TV de la vida cotidiana. Te hace reír y no te hace pensar, sino que te muestra que te reís porque ya pensás. Acaso uno de los artistas más creativos de nuestro medio, que escribe con letras grandes para que se pueda leer bien. Muy recomendable ir a verla mientras está en cartel.
 
 
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