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Biblioteca 45      

Presenta:

     
       

El escritor y el otro, Carlos Liscano

     
Editorial Planeta, Montevideo 2007, 190 páginas.      
       

Inés Trabal

     
       

Donde la voz del narrador nos cuenta que hace ya muchos años no logra interesarse por la ficción, que quiere reducirse a la nada; de la dificultad para volver a empezar nuevamente, de la ambición; que ya está cansado y ha perdido la curiosidad, de la muerte buscada.

Que hay cosas, como el sexo y la tortura, sobre las que no escribe porque resultaría obsceno; solamente caben en la intimidad, o en la terapia.

Y que al mismo tiempo está intentando escribir una novela.

¿En qué podría ser El escritor y el otro una novela?  Me digo que ésta podría no tener ni inicio ni fin, que requiere desarrollo.

El uno y el otro nos llevan de la mano por un camino que nos hiere, terrible por momentos. Nos pasean por asuntos respecto de los cuales uno se pregunta qué lo habrá llevado a insistir en publicar, llevar sus palabras al ágora.  

Y en medio de la repetición constante y el balbuceo, el anacronismo, la sensación de déjà lu a lo largo de la obra de Liscano, nos topamos con breves destellos, escenas recordadas, la división, lo que no se podía decir.

Algo más queda escrito. En el vaivén de las contradicciones propias de la vida y la literatura, aparece la piedad. En un texto que carga con mucha muerte, dolor y soledad.

Nos cuenta que sabe que no escribirá el libro que hubiera querido, esa obra maestra a la cual aspira desde que se eligió escritor: verdad cruel y luminosa que surge del tanteo. Y todo en la intimidad de un libro que, hoja tras hoja, parece no funcionar.

Luego de cerrarlo no deja de interrogarme, como hace tiempo no me ocurría. ¿Qué es escribir? Algunas, pocas veces, un triunfo; que no corresponde medir.

Hacia el final nos confía que ha vuelto a leer por placer. Ese es también nuestro deseo, volver a querer leer los libros. No es fácil. El esfuerzo ha sido para crear un espacio de posibilidad.

“Hacía veinte años que no sentía el azar del gusto al abrir un libro”, cito de las últimas páginas.

¿De la imposibilidad de escribir una novela, a permitir dejarse ir en una posible novela sobre la imposibilidad de escribir?

   

 

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