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| ¡Ay!, cultura, hay cultura |
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| Raquel Diana |
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Definición va, definición viene, es tan asunto de todos que es de nadie. Deberíamos hacernos cargo, incluso el gobierno. |
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Paralaje (según la Real Academia) es la diferencia entre las posiciones aparentes que en la bóveda celeste tiene un astro, según el punto desde donde se supone observado. Supongamos que “la cultura” es el astro, la paralaje es lo que va desde la definición antropológica (es todo lo creado por el hombre), a la visión arácnida de Max Weber (“el hombre es un animal suspendido en tramas de significación tejidas por él mismo” siendo la trama la cultura), a la de superestructura marxista, a la definición sociológica que refiere al conjunto de formas y expresiones de una sociedad determinada (que ha dado pie a la tan bien intencionada defensa de la diversidad cultural, y que el mercado global ha aprovechado desarrollando nuevos “nichos de mercado” para vender), a las visiones más restrictivas que refieren solamente a las expresiones artísticas. Las cientos de definiciones formuladas ofrecen su punto de vista y su consiguiente error de paralaje. Yo elijo, aunque esté quizás un poco viejita y huela a Sartre, la de la UNESCO de 1982: “La cultura da al hombre la capacidad de reflexionar sobre sí mismo. Es ella la que hace de nosotros seres específicamente humanos, racionales, críticos y éticamente comprometidos. A través de ella discernimos los valores y efectuamos opciones. A través de ella el hombre se expresa, toma conciencia de sí mismo, se reconoce como un proyecto inacabado, pone en cuestión sus propias realizaciones, busca incansablemente nuevas significaciones, y crea obras que lo trascienden.” Contribuyo entonces con el error de paralaje, pero hay que convivir con él y sobre todo tomarlo en cuenta, como apunta Zizek.
Véase el siguiente dibujo tomado de la Wikipedia. |
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Divagando un poco y siguiendo con la consideración de la cultura como una estrella, siendo O la definición elegida, y A y B los individuos con su punto de vista, resulta que para unos está a la izquierda y para otros a la derecha.
Abandono la esfera celeste y aterrizo estrepitosamente en Uruguay. Para la izquierda, la cultura, sin grandes definiciones que la sustenten o en la confusión de muchas, forma parte de su patrimonio y se ha expresado siempre como su principal defensora y promotora. Esto tiene que ver, supongo, entre otras cosas, con que en sus proyectos políticos de emancipación, justicia y libertad, en la proyección de las utopías de todos los sectores, aparece como ideal de realización del ser humano la posibilidad de ser creador y artista, de disfrutar de la cultura universal, y desarrollar la propia. Además durante gran parte del siglo pasado y en especial en la década del 60, la mayoría de los artistas han integrado sus filas, en forma militante o en relación de simpatía. Quizá por eso está tan extendido en estos días lo que se me ocurre llamar “síndrome de príncipe de Florencia”: cada Ente del Estado, o gobernante de más o menos poder, llevado por la buena intención y el amor al arte, ayuda o financia a su artista o arte favorito. No los critico, al contrario, agradezco, pero prefiero las políticas culturales.
Algunas políticas culturales se han empezado a esbozar y/o implementar desde el Ministerio de Educación y Cultura, con un enorme y loable esfuerzo. Sin embargo tenemos muchos una sensación de insatisfacción, insuficiencia y desconcierto. Porque estamos lejos de poner a la Política Cultural, en el centro del Estado. No digo en su ombligo, pero por lo menos en el nivel de importancia que merece. Es sabido, por ejemplo que en todos los países del mundo donde la cultura comparte ministerio con la educación, la estrella es la educación. Ni que hablar del nuestro que tiene además tanta cosa que parece que ha mandado para allí todo lo que no han sabido ubicar en otra parte. ¿No será hora de instrumentar para el próximo período de gobierno un Ministerio de Cultura? ¿No serán estos tiempos los mejores para proceder revisar los marcos jurídicos? Si se va a estudiar una reforma constitucional ¿se podrán introducir modificaciones que tengan en cuenta, por ejemplo, los “derechos culturales” de las personas? ¿Podríamos por fin dar existencia legal a los artistas, tener leyes que los amparen? ¿Podríamos promover instrumentos más eficaces para el desarrollo económico del sector, en el que ya trabaja mucha gente y podría trabajar más? ¿No será ésta la oportunidad para revisar los organismos e instituciones culturales del estado? ¿Podríamos incluir el tema en la proyectada reforma del estado? Porque además de atender las urgencias, tenemos que proyectar acciones a largo plazo y tener planes estratégicos. Me parece. |
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No voy a fundamentar aquí la necesidad de hacer todo esto: me he pasado la vida en eso. Y el Frente Amplio y cada uno de los sectores que lo integran han realizado miles de encuentros, simposios, mesas redondas y cúbicas, y han elaborado cientos de documentos. Además también desde el Partido Nacional y el Partido Colorado ha habido aportes teóricos y acciones de muchas personas, de enorme valor. Porque quizás sea la cultura un sector desde el que con menos dificultades se pueda construir una política de estado.
Pero volviendo al asunto de la paralaje y la cultura-estrella, lamento decir que la estoy viendo del lado derecho. La definición de la UNESCO se está cumpliendo al revés en la cultura dominante en nuestro país: nos cuesta reflexionar sobre nosotros mismos, somos cada vez menos humanos, menos racionales, usamos la crítica como elemento de destrucción y no de desalienación y libertad, estamos cada vez menos comprometidos éticamente. No discernimos los valores y aceptamos las opciones que el mercado nos impone. No tenemos un proyecto para nuestra vida, vivimos el momento. No buscamos nuevas significaciones: todo parece más bien carente de sentido. No creamos obras que trasciendan, consumimos actos de consumo que se consumen en el acto de consumir. La gran derrota de la izquierda es cultural, la filosofía del mercado se nos ha metido dentro y soñamos lo que el shopping dice que podemos soñar. El proyecto de cambio progresista que está en marcha tiene muchos enemigos poderosos, pero uno es la cultura dominante. Pensemos en los conflictos que tenemos. ¿Será que el pensamiento de la era neoliberal, el “hacé la tuya”, se transformó en la era progresista en el “dame la mía”?
¿Qué vamos ha hacer con eso? Política. Política cultural. Es el momento del cambio. Se puede. |
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