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Las apelaciones a la masa      
Pulga Pavlovich      
       

Entre mis más graves defectos, se encuentra el de prestar oídos a casi cualquier cosa que hay en la radio; en muchos casos, programas deportivos. Y allí me indigno de tanto en tanto, aún sin largarme a mandar mensajes que retroalimenten la farsa ni realizar grandes protestas al aire. En uruguayo clásico: me caliento pa’dentro.

Sabido es que la masa, entendida como aquel grupo uniforme y deforme de seres humanos que, sin grandes distinciones particulares, corren detrás de un objetivo común que a veces ni siquiera conocen de manera consciente, ha ganado – y por goleada - presencia en los medios masivos, y esto a su vez tiene su traducción en determinadas acciones sociales, populares o como andemos con ganas de llamarlas.

Alcanza con encender la radio y medir los espacios dedicados a los mensajes de la audiencia (a través de SMS, correo electrónico o directamente la llamada telefónica al aire), con hacer un conteo de los programas televisivos que dan lugar a lo que tiene que ver con los reality shows (me niego a realizar la traducción de ello como “show de la realidad”, pues eso haría una directa alusión a los informativos y no otra cosa) o, de repente, si somos aún más osados y tecnológicos – y los lectores de 45 RPM deberían serlo, por propiedad transitiva – entrar a las noticias del portal Montevideo.com y vichar los mensajes de los lectores debajo de cada información.

En cierto sentido, parece una estrategia de marketing brillante: podemos notar rápidamente si nos leen, escuchan o miran, y además, sin ningún gasto neuronal o económico en producción: el espacio se llena con “lo que la gente quiere”, y punto. Podríamos entrar en un análisis de las causas de este fenómeno, característico de una posmodernidad donde el medio es el mensaje, sin que importe otro contenido: en la relación emisor-mensaje-receptor, solamente importa la dupla inicial o, si me apuran, tan solo el emisor, que carece de mensaje para dar a un receptor inexistente, pero aún así se siente en la necesidad de un rol protagónico.

   
       
Pero, análisis de causas de lado, prefiero oponerme directamente a la apelación a la masa, a la ponderación de lo cuantitativo sobre lo cualitativo, a los métodos de elección que igualan los conceptos “razón” o “verdad” a la palabra “mayoría”.
     
       

Y de lo conceptual me voy directamente a los ejemplos, llanos y lisos, directos y tontos. Sabido es que la Liga Uruguaya de Básquetbol fue ganada por Biguá, que barrió en los playoffs finales a Hebraica Macabi. Pues bien, han abundado las quejas respecto a que éstos son cuadros sin hinchas, y por tanto las finales de la Liga no tenían el marco que la misma “merecía”. Dediquemos a cada concepto el cuchillo de afilar. Por un lado ¿por qué el concepto de “bueno” o “mejor” de  las finales de un evento deportivo debe ser directamente proporcional a la cantidad de gente que lo va a ver? Es decir ¿tan poco interesa si el deporte que se práctica ese día es bueno, regular o malo?

Si lo que queremos es el aliento, el grito y que el color de los equipos tape las tribunas del lugar donde se desarrolla el evento, hagamos como los japoneses en las viejas finales de la Copa Intercontinental: dividamos el estadio en dos y repartamos banderitas y demás artefactos  de ruido y color, obliguemos a llenar el estadio y a alentar a uno de los dos equipos.

Por otro lado, ni hablar de lo que pueden sentir los hinchas de esos dos equipos: en algún caso, debido a ese tipo de expresiones, se sienten disminuidos, simplemente por… ser menos cantidad de individuos que los otros. Parece además, que debe haber otro espectáculo que el que se brinda dentro de una cancha: las tribunas tienen la obligación de dar su espectáculo, y deben ganar una especie de partido aparte.
Obviamente, a nadie le importará si una pequeña minoría está interesada en disfrutar del espectáculo – entendiendo esto como ser observadores de un evento, sin la necesidad de tener una participación activa en el mismo -  sin que le griten cosas al oído u otras cosas que pueden provocar su incomodidad. Total, son minoría.

Siguiendo con el mismo deporte, se escuchan lamentos respecto a que las dos hinchadas más grandes estarán en el Torneo Metropolitano y no en la Liga Uruguaya: Aguada y Goes perdieron la categoría – Goes antes que Aguada – y, por tanto, hasta el año 2009 como mínimo, no participarán del mayor evento. El problema, según Alberto Sonsol es “que los que tienen gente no tienen guita y los que tienen guita no tienen gente” (1). O sea, deberíamos pedirle a algún mecenas de Biguá o Hebraica que aporten sus fondos a Aguada o Goes, o bien pedirle a las hinchadas de estos últimos que se dejen de jorobar y vayan a ver a los que tienen plata. Como esto último es imposible, la idea de ese panel periodístico es que a los cuadros con hinchada grande les vaya bien.

Y entonces se llama a “ser creativos”, a “buscar novedades” para que la Liga no se caiga. Y entre ellas se escucha la convocatoria a “gestos de grandeza” de las instituciones, para que inviten a Peñarol y Nacional a volver a participar del mayor evento basquetbolístico (2). Yo me pregunto dónde está lo novedoso de apelar a Peñarol y Nacional…
 
 
       
Creo que podríamos proponer otro tipo de soluciones. Por ejemplo, darle el partido ganado al equipo que haya vendido más entradas, de forma tal que a lo largo del torneo, el equipo con más hinchada será el campeón. Si se quiere, podríamos ponderar a las hinchadas “que más apoyan”, y conformar una paramétrica entre los decibeles dejados por las gargantas y las entradas que se hayan vendido. Tal vez, con ello además podríamos ahorrar en los sueldos de los jugadores, dándole el premio de defender los colores del equipo a los más gritones de la hinchada en el partido anterior. Podríamos ahorrar también en los salarios de los jueces, pues podría arbitrar algún integrante de la tribuna más numerosa por sorteo (en algún caso, la diferencia con lo que hoy sucede no sería demasiada, tal vez solamente en cuestiones de sutileza).

Es probable que alguien me conteste: ¿por qué no cambias el dial? Y yo responderé, con un movimiento de cabeza comprensivo, que está en lo cierto. Pero aún cambiando el dial, la expresión de la tiranía de la mayoría queda ahí expuesta, incólume, de pie.
     
       

A veces me pregunto si mi ingenuidad no ve que son tan sólo técnicas de marketing que apelan a la masa, como aquel contribuyente que solucionará problemas económicos varios (3). ¿Será que buscan una especie de aplauso o redención por parte de la mayoría? ¿O será simplemente que forman parte de ella y sus dichos son sólo una expresión de la misma?
Ortega y Gasset, en “La rebelión de las masas”, su obra más famosa, decía lo siguiente: “Masa es todo aquel que no se valora a sí mismo- en bien o en mal- por razones especiales, sino que se siente ‘como todo el mundo’, y, sin embargo, no se angustia, se siente a salvo al saberse idéntico a los demás”. Habemos algunos que no nos sentimos a salvo. Muy por el contrario, a veces nos sentimos amenazados, desprotegidos e incómodos, muy incómodos con las expresiones de la masa y con las apelaciones a ésta por parte de los comunicadores.
Están aquellos que se sienten incómodos con la invasión del desfile de carnaval,  como mi amigo Marcos. Están aquellos que les molestan los espectáculos musicales de estadio, pues prefieren escuchar al músico que van a ver y no a la multitud. Están aquellos que les gusta la historia de David y Goliath, por más que Goliath sea cada vez más feroz, y ya no nos queden piedras.

 

  1. Escuchado en “Básquetbol de primera”, Sport 890, mediodía de los días 24 y 25 de marzo (no es que el programa haya sido repetido, lo que se repitió fue el concepto). Suerte para ellos, esto no sucede en fútbol, donde en términos absolutos, no relativos, tanto Peñarol como Nacional tienen “la gente y la guita”.

  2. En tanto Peñarol literalmente desapareció del básquetbol, Nacional ha sido últimamente un equipo de mitad de tabla en el Torneo Metropolitano.

  3. Hay algo que es claro. En fútbol, cuando van primeros Nacional o Peñarol, se venden más diarios, se miran y escuchan mucho más los programas deportivos. Si a alguno le llegara ir bien en lo internacional, habría más sponsors. A nivel de básquet pasa algo similar, con el ingrediente añadido de que, en los partidos televisados, la recaudación es de Tenfield y, por lo tanto, le convendrá mucho más un Aguada-Atenas que un Hebraica-Biguá.
   
       
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