Página anterior
11
Página siguiente
James Cotton      

La noche que no pudo ser

     
Ramón del Solo (Desde Madrid – España)      
       

James Cotton venía precedido por el tópico de ser "el último de los grandes armoniquistas"; por la leyenda de que, en sus noches más brillantes, había que separarle del escenario con agua caliente; por la reputación de un directo agotador y contundente y por el aval de una discografía tan selecta y extensa como pueda  desearse.

El 15 de junio de 2002, un poco antes del concierto, Javier Rodríguez, de la revista "Solo Blues" y yo rondábamos por las inmediaciones de los camerinos del teatro Albéniz con la esperanza de entrevistar a Superharp, él para la revista y yo para mi programa de radio. Cuando localizamos al guitarrista Michael Coleman (tomando cerveza con otros miembros de la banda),  nos enteramos de que el jefe "no se encontraba bien" y, por el momento no concedía entrevistas; no estaba el horno para bollos. Coleman parecía sincero, un hombre afable y simpático que hacía lo posible por disculpar a Cotton. (Coleman nació en Chicago en 1956. Tocó con Junior Wells, Eddy “The Chieff” Clearwater y Jimmy Dawkins, y luego estuvo diez años con Cotton. Ha grabado algunos discos en solitario que han pasado desapercibidos. Mantiene una buena fama como back side man en el circuito de Chicago). Estuvimos un buen rato con él y con los otros músicos. De vez en cuando, uno de ellos desaparecía tras una puerta y regresaba con cara de susto. Evidentemente "Superharp" no estaba para bromas; y el caso es que algo sabíamos. La gira española había comenzado en el Prado de San Sebastián, en Sevilla y los comentarios no podían ser peores "Cotton está acabado...", "Cuatro puñetitas con la armónica y se cree que ya ha cumplido". Para colmo de males, pocos días antes, en algún lugar de Francia el teclista Tomas O´Heindal -el único blanco de la banda- había sido despedido con tan poca antelación que su nombre aún figuraba en los carteles y los programas de mano del concierto. Cuando intentamos sonsacar los motivos al bajista Tim Green nos contestó evasivamente que no se encontraba a gusto con el grupo y que había discutido con James.

Así estaban las cosas cuando comenzó el concierto. La banda comenzó a calentar el ambiente dejando constancia de que sabían hacer algo más que tomar cerveza, pero los temas se sucedían y de James Cotton no teníamos noticia. Comenzaban las protestas y el ambiente se caldeaba, pero de una forma distinta a la que hubieran deseado nuestros amigos del bar. Por fin apareció el jefe y aquello pasó de concierto a desconcierto.

"Muchas veces la gente viene esperando música triste. Pero a mí me gusta hacerles cambiar su punto de vista sobre los blues. Quiero también que conozcan mi época, por lo que mezclo canciones antiguas que el público joven no conoce. Me siento con el deber de enseñar la música blues para que siga viva.", nos decía Cotton desde el interior del programa de mano; pero por desgracia lo triste no era la música sino el espectáculo y el que parecía no conocer las canciones era él que se empeñaba en destrozar los esfuerzos del grupo. No contento con eso se dedicaba a embroncar a sus músicos y a los técnicos de sonido.

   
       
James Cotton había nacido el 1º  de julio de 1935 en Tunica, Mississippi; hijo de un predicador bautista, creció junto a sus ocho hermanos trabajando en los campos de algodón. Su primer contacto con la armónica fue cuando su madre imitaba con ella el ruido del tren y de los pollos para entretenerle: durante años pensó que eso era todo lo que podía hacerse con ella. Escuchando a Sonny Boy Williamson (Rice Miller) en la radio descubrió que las posibilidades eran más amplias, y al poco tiempo era capaz de tocar nota a nota todos los temas de Sonny. A la edad de nueve años, cuando sus padres habían muerto, conoció a Sonny Boy, que se mostró encantado con tan precoz discípulo. Como James no tenía la edad requerida para entrar en los juke joints donde actuaba su maestro, tocaba en la puerta del recinto, recibiendo, a veces, más dinero que el propio Sonny. Después estuvo tocando en las calles de Memphis, donde conoció a Howlin´ Wolf con quien realizo sus primeras giras y grabaciones a la edad de 17 años. 

En 1954 tocaba en el Dinette Lounge de Memphis, cuando un desconocido le estrechó la mano "Hola soy Muddy Waters...". Muddy necesitaba un nuevo músico porque Junior Wells había dejado la banda repentinamente, y había querido conocer a ese joven del que tanto le habían hablado. Cotton permaneció en la banda de Muddy Waters durante doce años, hasta 1966. Luego, James creó su propia banda en uno de los mejores momentos del blues: en la segunda mitad de los ’60, toda una generación de melenudos se acercaba con respeto a una música de la que se sentían tributarios. Cotton tomó contacto con Grateful Dead, Led Zeppelin, Santana, Steve Miller, Freddie King, B.B. King y muchos otros. Según la leyenda, en sus buenas noches, soplaba tan fuerte que la armónica se deshacía en sus manos. El resto ya es historia, una buena lista de excelentes grabaciones para los mejores sellos y todos los premios habidos y por haber.

Pero esa noche James Cotton metió la pata hasta el cuello. Cuando se retiró -o le retiraron- del escenario, y mientras el respetable pateaba, bufaba y exigía la devolución de sus mil pesetas; me llegó el soplo de que algunos miembros de la banda habían sido convencidos para pasarse por "La Coquette".
   
       

"La Coquette" era, y sigue siendo, el mejor lugar de Madrid para escuchar blues. Un tugurio al que se accede bajando unas escaleras llenas de humo, y que normalmente se encuentra abarrotado de gente charlando, bebiendo y escuchando música en el más propicio de los lugares. El lugar ha sido escenario de los mejores momentos de Ñaco Goñi, de la Tonky Blues Band y de tantas otras bandas del panorama español. Esa noche, era noche de concierto y el local, milagrosamente, estaba casi vacío cuando Coleman, el bajista Tim Green y los tres músicos de la sección de viento hicieron su aparición. Tras pasar un rato bebiendo y fumando se enredaron en una jam con Tonky de la Peña y Ñaco Goñi, que demostró que su armónica no tenía nada que envidiar a la de Cotton. Al final, esa noche hubo blues en Madrid y una vez más, vino de las ganas de tocar y no de los eventos oficiales. Los pocos afortunados que estuvimos allí hasta altas horas de la noche, descubrimos que un rato de feeling vale más que una discografía millonaria y todos los premios Grammy y W. C. Handy del mundo.

James Cotton siguió con su carrera, grabó buenos álbumes y cosechó triunfos como rosquillas; pero esa noche el éxito fue para los hombres de su banda, que acabaron encantados con los músicos españoles, deshaciéndose en elogios a Ñaco y agradeciendo a todos el buen rato que pasaron, tocando con unas ganas que no habían tenido desde el principio de la gira.

   
       
Página anterior
11
Página siguiente