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Dream Theater

     
Maxi Aulet      
       

Bs. As. , Luna Park – 3 de marzo 2008

     
       

La subjetividad del caos

     
       

Dream Theater... Sí, sí, esa banda que muchos no conocen, que algunos consideran aburrida y otros tantos piensan que es una de las mejores del mundo, tocó nuevamente en Bs. As. Más allá de gustos musicales, la calidad técnica de esta gente es incuestionable, y lo dejaron bien claro en su paso por Sudamérica (que, obvia y lamentablemente, no incluyó a Uruguay).

Se arrimaron por estas sureñas tierras para presentar su último disco de estudio “Systematic Chaos”. (1).

Para ser sincero (y nada objetivo): al show que dieron en el 2005 lo disfruté mucho más. ¿Por qué? Porque me gusta bastante más su anterior disco de estudio (“Octavarium”, que de hecho me parece que está entre lo mejor de su carrera), porque me gustan mucho más los recitales en lugares abiertos (en aquella ocasión, el estadio de Pepsi Music, la parte abierta), y porque además los tenía a tres metros y pude ver que Petrucci (guitarrista) no se había cortado las uñas.
   
       

Pero claro: lo que cuenta, en realidad, es cómo se sienta la banda en el momento de la verdad, o sea arriba del escenario. Era más que evidente que los “neoyorquinos” se sienten mucho más cómodos en el formato teatro (auditorio cerrado), que en los grandes estadios de ambientes abiertos. Se notó en cada movimiento, en cada gesto. Mike Portnoy se encargó de tirar al público todos los palos de batería que no había lanzado en su presentación anterior en Argentina. John Myung (bajista) y James Labrie (cantante), se molestaron en saludar cuanta mano se extendiera para intentar tocarlos. Claro, era lo menos que podían hacer, ya que cada una de esas manos había abonado unos 80 dolarucos para poder sentirles la respiración.

La escenografía que rodeaba el escenario simulaba ser la tapa del disco del caos. Unos cuantos retazos con autopistas impresas, una columna cual alumbrado publico, un par de hormigas tamaño perro y el isotipo de la banda enmarcado como una señal de transito. Por último, colgando bien alto había un semáforo con el orden de los colores invertidos (al estilo de la tapa de la edición especial del mismo disco).

A las 21.10 el semáforo pasó de rojo al amarillo, y comenzó a sonar An Ant Odyssey (la banda de sonido de “2001: A Space Odyssey”, el film de Stanley Kubrick, versión Dream Theater). Los músicos saltan a escena y con la luz verde suenan las primeras notas de Constant Motion, tema emblema de la placa promocionada. El segundo tema es el notable Never Enough, que da paso al clásico Endless Sacrifice y posteriormente a Dark Eternal Night. Con sólo estas cuatro canciones ejecutadas, el concierto había superado los cuarenta y cinco minutos. La audiencia estaba extasiada y solo tenía palabras de agradecimiento hacia la banda. Para mi asombro, el más ovacionado de la noche fue el calvo tecladista, Jordan Rudess, a quien no paraban de dedicarle el muy porteño “pelado... pelado...”.

   
       

Con el correr de los minutos se fueron sucediendo Home, Misunderstood y Erotomania. Luego, otro de los grandes clásicos de la noche, Voices; que fue acompañada por Forsaken, otro de los puntos altos de “Systematic Chaos”, en donde Labrie más luce su voz. Take the Time fue el preámbulo de un leve descanso previo a los bises.

El final del recital no podría haber estado mejor. Lejos de los facilismos de cerrar con alguna canción ya consagrada, escogieron terminar con In the Presence of Enemies, partes 1 y 2, dejando esos más de veinticinco minutos finales (eso es lo que duran las dos partes juntas) a la altura del resto del show.

Se despidieron del auditorio del Luna con una sonrisa de oreja a oreja, y habiendo cumplido con lo que habían prometido durante las dos horas y cuarto del espectáculo: “tocar un montón de música”.

(1) Nota: por estos días editaron un disco recopilatorio llamado “Greatest Hit (...and 21 other pretty cool songs)

   
       
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