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Lo que hago mal, me sale bien      
       
Marcos Ibarra      
       
Así, puse una trampa sin cebo y una presa cayó en ella. También regué una planta de plástico (una que tenía en el living porque quedaba bien); la regué durante años porque en aquellos días yo era joven y caprichoso y me seducía la idea de los físicos indeterministas que sostenían que podía ocurrir que el vaso roto y desparramado en el piso, juntara sus pedacitos y se elevara otra vez hacia la superficie de la mesa. Claro que el ejercicio de regar la planta de plástico no era la acción más importante, sino que la convicción que me movía a hacerlo lo era. Confieso que aún hoy riego la planta de plástico, y no por ser pajero (como sostiene alguna persona que al leer una nota que se publicó en 45rpm en el número anterior, concluye. Claro que sin atreverse a explicitar esa palabra porque se trata de una mujer coqueta, y cualquiera sabe que las mujeres coquetas no dicen palabras feas… y si no, pregunten a Sara Mago). También sé -yo y mi planta de plástico sabemos- que siguen habiendo físicos indeterministas y que en el macro cosmos tanto como en el micro cosmos, sus ideas han encontrado asidero y la visión del Cosmos va cambiando, a partir de revisar aquellos conceptos y leyes que antes se aplicaban al Caos. Así es que confío en flores de azúcar que brotarán de mi planta de plástico y solamente porque en mi proceso de regarla, pongo intención de que salga de lo imposible, lo posible y en la convicción que lo posible o imposible, no son más que atributos culturales (o trabas) que nos definen en un proceso
   
de cambios evolutivos. Vuelvo al comienzo de esta conversación en que narraba que puse una trampa sin cebo y una presa cayó en ella. Los tramperos y trampeadores más relevantes me consideraban solamente un  tramposo y me decían: poner trampa sin cebo es un despropósito ya que todos sabemos sobradamente que la clave de la trampa es el cebo. De alguna manera, trampa y cebo se confundieron porque había una variable que mis referentes no consideraron: la presa. Hay presas que son atrapadas en trampas con cebos fabulosos y estudiados; cebos calificados para engañar, atraer, provocar y llevar en esa hipnosis seductora, a la trampa. Pero mi trampa sin cebo demostró que hay presas que nacen como tales, aún sin cebo, ellas se acurrucan en las trampas, y ya estudiará alguien el por qué verdadero, pero mi parecer es que tales presas desean ferozmente que los ciclos hayan terminado. O como dicen los confusionistas (es decir aquellos que generan confusión), los mensajeros que golpean a tu puerta, tú los llamaste.
   

 

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