 |
| Albert Collins en Madrid 1987 |
|
|
|
| |
|
|
|
| Ramón del Solo (Madrid) |
|
|
|
| |
|
|
|
Un Otoño Helado |
|
|
|
| |
|
|
|
El sábado 7 de noviembre de 1987 era un día frío y lluvioso en Madrid: un día apropiado para el directo de alguien que representa la máxima expresión del cool sound. Se inauguraba con blues el festival de jazz de Madrid y, aunque ya lo hubiese hecho con anterioridad en el ‘82 en Vitoria, era la primera vez que la famosa Telecaster de Mr. Albert Collins tenía la oportunidad de dejarse oír en la capital. La gira de ese año había comenzado en Barcelona el día anterior y continuaba en los sucesivos por Almería, Valladolid, Zaragoza y Santiago. En Madrid el Teatro Albéniz ofrecía dos sesiones, a las 19 y las 22 horas.
En España, por aquellas épocas -y probablemente por estas también- Albert Collins no era un ídolo de multitudes. La discografía editada en España se reducía a un doble LP, que incluía “Frostbite” y “Frozen Alive” y a la edición española de “Don´t lose your cool”, ambos en el sello Guimbarda. Otras dos circunstancias nefastas conjuraban contra el evento. Por un lado, ese fin de semana ofrecía un largo puente, de esos que dejan la ciudad vacía; por el otro, esa tarde se televisaba un Real - Atlético y eso ya son palabras mayores... ¡Con el fútbol hemos topado! Durante su primera cita madrileña Albert se encontró con un Teatro Albéniz en el que el público brillaba por su ausencia: el maestro, decepcionado por una acogida tan fría, se limitó a tocar menos de una hora, recoger los bártulos y retirarse al camerino. Una parte del escaso público acudió rápidamente a protestar a la organización que, ante la imposibilidad de canjear las entradas por otras para la segunda sesión (ya que esta tenía el aforo cubierto) se vio obligada a devolver el dinero. Ya que breve, al menos, gratis. Así estaban las cosas cuando a las diez de la noche dio comienzo el segundo concierto. Esta vez las cosas iban a ser diferentes.
Albert Collins nació en Leona, Texas, en 1932 y sus primeros contactos con la música vienen por vía familiar, un tío reverendo de la Iglesia Bautista que tocaba gospel con la guitarra; otro primo, más laico y guitarrista también, y un parentesco lejano con Lightnin’ Hopkins, que animaba como nadie las fiestas y barbacoas familiares. En 1950 consigue la Epiphone que sería su primera guitarra eléctrica y debuta en un pequeño club de Houston, dando lugar al nacimiento de una carrera que cambiaría el rumbo del blues contemporáneo. |
|
 |
|
| |
|
|
|
Músico autodidacta, Collins desarrollar un estilo propio, basado en una afinación muy particular del instrumento y en el empleo de la cejilla mecánica que tomaría de Clarence Gatemouth Brown. En toda su carrera se ha negado a utilizar una púa, ya que según el mismo, tiene las yemas de los dedos tan duras que no la necesita para nada. Durante años alterna la música con otros trabajos. Ejerció como capataz de un rancho, trabajador en una fábrica de pinturas, camionero... Su primera grabación se registra en 1958 para el sello Kangaroo, y le crea una modesta reputación entre los aficionados tejanos. Dos años más tarde vuelve a grabar, esta vez en el sello del productor Frank Scott, quien, de paso, aprovecha para registrar los temas a su nombre y robarle los royalties. En esa época, durante una gira invernal y ante la visión del parabrisas congelado, surgió la comparación con el sonido chirriante y gélido de la Telecaster de Albert. La metáfora le acompañaría hasta el final de sus días y daría pie a una larga lista de temas con títulos relacionados con el hielo y el frío.
Es también, a principios de los ‘60, cuando adquiere la costumbre de incluir en sus directos un número que va a ser como una marca de fábrica. Provisto de más de 100 metros de cable, se pasea entre el público por todo el recinto sin dejar de tocar la guitarra. El recurso lo hemos visto muchas veces, pero parece ser que Collins fue el primero en utilizarlo y que lo aprendió de Big Jay Mc Nelly, un saxofonista de la Costa Oeste que solía tocar tumbado sobre una tabla con ruedas, que el público desplazaba por todo el local.
En 1965 sustituye ocasionalmente a un jovencísimo Jimi Hendrix en la banda de Little Richard. Años más tarde, Hendrix diría de él: “Hay un tío que deberían conocer en todo el país. Su nombre es Albert Collins. Debe de estar tocando por ahí en una banda de carretera en el sur profundo. Es bueno, muy bueno, un guitarrista muy fluido y melódico”.
A finales de los ‘60, en pleno blues revival, Henry Vestine y Bob Hite, del grupo Canned Heat, preguntan a Lightnin´Hopkins sobre el paradero de su primo y toman contacto con él. Según palabras de Albert Collins: “Yo estaba tocando entonces en un local de Houston llamado “The Ponderosa Lounge” y Bob Hite vino a verme allí. Había hablado con Lighnin´ y éste le dijo dónde tocaba, porque solía venir a verme todos los miércoles. Bob llegó con su barba y sus pelos largos y yo me dije: “¿Dios, que es esto? Había oído hablar de él, pero no sabía que tuviese ese aspecto”. Albert se deja convencer por el peludo Bob y parte a California. El apoyo de otros músicos blancos, como Janis Joplin y Johnny Winter, rinde frutos: las subsiguientes grabaciones y conciertos sitúan a Collins en el Olimpo de los grandes guitarristas del blues contemporáneo. Tras múltiples vicisitudes, coqueteos con el jazz, retiradas de la música, periodos como guitarrista mercenario y grabaciones en diversos sellos, Dick Shurman le ficha para Alligátor en 1978. A partir de esa fecha, su carrera es sobradamente conocida. |
|
 |
|
| |
|
|
|
En la gira española de 1987 encontramos a un Albert Collins en la plenitud de su carrera: varios premios W. C. Handy y el reconocimiento internacional por “Showdown”, grabado para Alligator con Johnny Copeland y Robert Cray (que reconoce que decidió dedicarse al blues después de escuchar a Collins). El disco ha sido considerado por algunos críticos la mejor grabación de la historia del blues.
Durante el segundo concierto en el Teatro Albéniz, Albert Collins consiguió quitar -al menos a los que asistimos a los dos conciertos- el mal sabor de boca producido durante la tarde. Durante un buen periodo de tiempo recorrió su discografía pasada y reciente y nos obsequió con el baño de multitudes y el numerito de los 100 metros de cable. Esta vez no hubo decepciones y sí la sensación de haber asistido a uno de los mejores shows que el momento podía ofrecer. La banda estuvo a la altura y Johnny B. Gayden demostró que no es gratuito que se le considere uno de los mejores bajistas de blues que han pisado un escenario.
Collins visitó España en otras ocasiones: en julio del ‘91 actuó en Madrid y Barcelona; en octubre del mismo año le pudimos ver dentro de las “leyendas de la guitarra” en Sevilla, junto a B.B. King, Robert Cray y Bo Diddley. Por último, volvió a Madrid en julio del ‘92. Tras un concierto en Suiza durante el verano del año siguiente se siente enfermo, y los médicos le detectan un cáncer de pulmón en un estado tan avanzado que hacen imposible cualquier operación. Su muerte se produce el 24 de noviembre. El maestro de la Telecaster quiso morir con las botas puestas, y continuó tocando mientras tuvo fuerzas para ello: un excelente disco póstumo recoge grabaciones en directo desde el verano del ‘93 hasta un mes antes de su muerte. Desde entonces ocupa su puesto en la historia de la música popular afroamericana y en la galería de los grandes instrumentistas del siglo pasado. |
|
 |
|
|