Muchas veces he dicho que no me identifico con los movimiemtos de acción social o política. Tuve mi lejana experiencia allá en los ochenta, cuando se reinstauraba la democracia y en los últimos años de la dictadura pero no me fue bien, me aburrí, me hastié. Claro que pudo haber sido mi culpa. ¿A que voy? a que repetidas veces siento un poquitín de culpa por no haberme comprometido en ninguna acción militante, cuando digo militante me refiero a trabajar coordinadamente con otras personas para conseguir objetivos que mejoren la calidad de vida de mis semejantes a través de organizaciones.
Y no lo he hecho aunque tengo que reconocer que todos disfrutamos, luego, de las conquistas de los que equivocados o no, se quejan en voz alta. La relación entre un movimiento social y los cambios es real. El que no llora no mama.
Las "libertades" de las que hoy gozamos son en parte gracias a que otros las reclamaron, los beneficios sociales, los servicios, todas áreas donde la acción coordinada de organizaciones tiene sus frutos que todos discretamente masticamos luego.
Pero esto no explica todo ni todos los gremios u organizaciones sindicales o sociales tienen tan buena intenciones, en mi opinión modesta muchos de ellos funcionan internamente como corporaciones o logias o mafias que presionan a sus cuadros para conseguir un respaldo monolítico a decisiones elitistas que después defienden como sectoriales y que no son otra cosas que el deseo de más remuneración o sea más plata para sí mismos. Los dirigentes de organizaciones importantes son personas dedicadas full time, deben recibir un sueldo, comisiones y gastos, están en la casi misma línea social que los dirigentes a quienes combaten, comparten con ellos fiestas y agasajos y no tienen contacto real con la tarea que representan.
Las ONG son organizaciones de caridad que tienen una superestructura burocrática que, como en el caso del estado uruguayo, absorbe la mayoría de los recursos que se agotan además, en viajes, publicaciones, películas, gastos de representación, viáticos, etc. es decir que sus mayores beneficiarios suelen ser sus empleados.
Claro que hay de las otras, en silencio mucha gente se dedica a hacer el bien a los demás y rompo una lanza por los educadores, asistentes, que aunque manejen una política asistencialista, funcionan de alguna manera como retenes para que esta sociedad no se hunda definitivamente en el caos, dicho en bestia, defienden nuestro modo de vida burgués conteniendo las pasiones de los marginados dentro de ciertos límites para que no amenacen nuestro patrimonio, ellos no lo hacen por eso pero da igual.
El mundo es una superestructura burocrática que justifica con discursos y disparates legales hasta las brutalidades más infames. El 99 por ciento de la población cumple su papel de espectador anónimo, sea de los asuntos claves de la política, de los deportivos, de los del espectáculo. Es decir que estamos frente a un panorama donde la inmensa minoría determina el modo de vida de los demás, una vez hecha la costumbre o el hábito el individuo lo siente como algo suyo y peleará con quien quiera quitárselo. Este barco lo dirigen unos pocos, los que moldean gustos y opiniones de la mayoría, preferentemente desde pequeños, los hábitos, los códigos de ética, la oficial y la real, etc. |
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Dibujo de Auramante |
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Sin embargo cuando uno se pone filosófico el tiempo corre y las necesidades de los desposeídos no esperan, se hacen más grandes. Hay cosas que requieren soluciones reales y fuera de los discursos, es verdad, yo no soy indiferente a la pobreza, a la marginación, a la explotación, a la ignorancia, a las condiciones degradantes en las que viven miles de personas en mi país, en mi ciudad. Pero honestamente: ¡no sé qué hacer!
Todo está íntimamente relacionado, la historia y la política y la sicología humana funcionan coordinadamente, hay que provocar el cambio desde el único lugar que el sistema no puede vigilar: el cerebro.
Todos tienen derecho a vivir dignamente, a alimentarse bien, a tener una casa decente, a lavarse y bañarse, a tener los dientes en buen estado, a estar informaos de todo lo referente a la salud y cómo cuidarla, a saber de las ventajas de vivir en una sociedad regulada y entender que respetar las reglas no es un síntoma de debilidad de carácter sino una actitud de respeto hacia mi semejante o vecino así no me guste su cara.
La historia del mundo está unida a otra que es la de la lucha entre la civilización y la barbarie, hombres sabios y carismáticos han llevado a los pueblos a mejores condiciones de vida en base a sistemas políticos estables y apoyados en el desarrollo de la ciencia y la tecnología.
En un vaivén interminable la humanidad parece aproximarse en zig zag a lo que sería su estado ideal, aunque sea en forma de muestra, para unos pocos.
Eso no está mal, pero la civilización entendida como el establecimiento de condiciones que mejoren la calidad de vida de los seres humanos no es necesariamente exclusiva de los países ricos y opulentos, con sus ciudades de ciencia ficción, que han confundido el esplendor material con la verdadera riqueza del ser humano que es el desarrollo de sus propias potencialidades en armonía con la naturaleza.
La civilización solo puede ser la sumatoria de un número grande de personas civilizadas, pero eso ya es ciencia ficción acá no se trata de cuestionar el valor del estado y de su garantía, las fuerzas armadas. Se trata de educar a las personas para que gradualmente dejen de depender de otras, sean instituciones, religiones, estados, padres, o madres, proveedores de servicios, energía, comida, etc.
Ése es el gran desafío de los hombres de ciencia. Enseñar a las nuevas generaciones a pensar por sí mismos, de un modo global, es decir no es lo mismo pensar por sí mismos que para sí mismos. Las religiones, los mitos, les estereotipos de vida caducos tienen que dejar paso a una sociedad autorregulada desde la solidaridad, el conocimiento y el respeto por el medio ambiente.
Pero esto empezó de otra manera, de cómo me aburría solemnemente en las asambleas de parroquia universitaria, de la incipiente Asceep, de los cotilleos del comité de base, los discursos elípticos y contaminados de envidias pasiones y apetitos personales, las contradicciones de la democracia representativa, los delegados, pedir la palabra, el cuarto intermedio, la comisión, el debate, los juegos de poder.
Hoy estoy tranquilo porque lo que me sale mejor lo hago seguido y sé por experiencia que hago más llevadera la vida de algunos centenares de personas, a la vez que creo contribuir a que entiendan en que clase de mundo vivimos. Igual quisiera poder hacer más, pero como me pasó una vez en aquel comité de base donde se discutían acciones para el barrio y se ponía en el debate la posibilidad de mejorar cierto espacio público etc. , me puede volver a pasar como entonces, cuando propuse que nos dejáramos de hablar y pasáramos a hacerlo, ya que era tan simple, y nadie apoyó mi propuesta. |
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