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M'hijo el lector

     
       
Los poemas de Aleš Šteger (Eslovenia, 1973)      
       
* Aleš Šteger (1973) nació en Ptuj.. En poesía publicó: Šahovnice ur [Ajedrez de los relojes] (1995), Kašmir [Cachemira] (1997), Protuberance [Protuberancias] (2002), Knjiga reči [El libro de las cosas] (2005). En español: Protuberancias (Arlequín, México, 2005) y El libro de las cosas (Casa de Poesía, Costa Rica, 2007). Su poesía abre la cuestión de “yo” en el poema. Poeta de imágenes clínicamente agudas y extáticas que practican una incisión afilada en la sociedad actual. En prosa publicó un libro sobre el Perú: Včasih je januar sredi poletja [A veces enero es en pleno verano] (1999) y Berlin (2007), en el que siguiendo las huellas de Walter Benjamin, los párrafos van conformando la estructura de una ciudad que tiene que ser nuevamente encontrada en el texto. Entre 1996-2004 fue cofundador y director del festival internacional de poesía Días de poesía y vino de Medana. Trabaja para la editorial literaria Beletrina, una de las más prestigiosas en Eslovenia. Beletrina, debe su fama al hecho de ofrecer a los lectores eslovenos las obras más destacadas de la literatura eslovena de hoy.
   
       

EL HUEVO

Cuando en el borde de la sartén lo quiebras, no te das cuenta
De que al huevo en la muerte le crece un ojo.

Es tan menudo, que no satisface
Aún la escasa hambre de la mañana.

Pero ya mira, ya enfoca en este mundo tuyo.
¿Cómo son sus horizontes, mirado desde qué perspectivas?

¿Ve el tiempo, que indiferente se traslada por el espacio?
¿Ojos, ojos, las cáscaras cuarteadas, el caos o el orden?

Grandes preguntas para menudo huevo
A hora tan temprana. Y tú, ¿de verdad quieres la respuesta?

Cuando se sientan, ojo a ojo, en la mesa,
Con la corteza del pan a tiempo lo ciegas.

*
LA VENTANA

A veces se acuesta en tu regazo y te sorbe.
A veces te refleja sólo con el globo ocular derecho. De hito en hito.

En la noche desaparece. Entonces oyes, alguien se inclina por lo desvanecido
Y vomita sobre ti todas las horas, vomita todas las escenas.

Nunca te le acercas más que hasta el lado opuesto del espacio.
A pesar de la curiosidad te deja ver más, de lo que puedes digerir.

Las persianas parten sus entrañas en flacas rodajas.
Sólo lo que queda quieto detrás de las emociones, a veces las recompone en la luz
atardecida.

El don y el castigo de los dioses del aire corriente. ¡Ciérrala! ¡Ciérrala!
Para que no se precipiten también estas nubes en ti.
*

EL TORRE DE EINSTEIN (*)

Desde que en las investigaciones astronómicas
En saludo nazi la derecha extendida
Empezó a sustituir incluso al telescopio,
Los cigarros de mi prima no me agradan más.
Aunque, gracias a Dios, no me llama Johonzel
Y con cuidado se encarga de mi ordenada alimentación
Y los calcetines limpios, que no llevo,
Al lado del descuidado Albertazo a ella aún no se le ha ocurrido,
De que la mujer y el violín sí tienen semejanza en la forma del cuerpo,
Pero que el atardecer, pasado en compañía
De aún tan ronca voz del instrumento, es incomparablemente más bello.
Al matrimonio lo tuvo que inventar
Algún malintencionado sin un pedazo de imaginación.
¿Por qué la gente en vez de vivir de la lógica
ciega sigue su corazón negro?
¿Y porqué mi pequeño Hans Albert nada me escribe?
Ayer todo el día en mi torre observaba
Las espectrales líneas, perseguía la confirmación de la hipótesis,
De que nada, ni la luz más clara, por completo huye de la gravedad        del origen.
Las líneas rojas del espectrograma resplandecían como
Mermelada de fresa en las galletas,
Que mi madre me enviaba en los días festivos,
Cuando todavía era estudiante en Zürich.
Después calculaba hasta muy tarde en la noche.
Como si estuviera calculando las leyes fundamentales de la oscuridad,                 que me
rodeaba.
Sólo cuando trabajo, me olvido de todo.
Lo único que deseo es tener mi propia paz.
Pero para esto debería elegir la profesión adecuada.
Hacerse mecánico. O portero.
Mientras ahora mi mente ve demasiado.
Ve y te dice:
El éter entre tú y yo nunca existió.
Nosotros dos es relativo.
¿Por qué mi Eduardo no me escribe más?
¿A quién se parece Liserl?
Me da miedo, lo que dice Bohr,
Que soy relativo incluso yo.

(*)           Hans Albert y Eduard: hijos del segundo matrimonio de Albert Einstein con su prima Elsa Einstein. El primer hijo, con quien Einstein mantenía una relación muy distanciada, más tarde llegó a ser profesor de hidráulicas en la Universidad de California en Berkeley. El otro, el preferido de Einstein, después de su temprano intento de suicidarse, terminó mentalmente retardado en un manicomio, donde pasó la mayor parte de su vida. Lieserl, aparentemente la hija de Einstein de su primer matrimonio con la serbia, Mileva Mariæ. Ya antes del nacimiento Mileva y Einstein habían tomado la decisión de poner en adopción al niño, dado a luz a escondidas. Niehls Bohr, el físico danés, gran competidor de Einstein.

     
       

*
ADEN

Es medianoche y todavía está caliente como en el infierno.
Mientras hacías el amor oíste el jadear de los perros,
Que bajo la ventana se refrescaban en la arena.
El cuerpo candente de tu esclava negra
Acercándose al orgasmo cambió el estado volátil
Y llegó a ser lava líquida.
Por un instante se te ocurrió de nuevo,
Que por ella pudieras trepar del cráter,
Al que en ti apuñalaron las explosiones de las palabras,
Pero cuando te despertaste por la mañana, la sombra
De sus bordes mudos ya te había cubierto los ojos.
La mortaja.

El desorden por todas partes.
Y la poesía venía sólo como un maleficio,
Cuando después de las horas del opio y las horas del ron te acostabas en la costa
Y observabas las barcas, que con sus cascos borrachos mecían el océano,
Sin tener la razón de nombrarlas.
Rodeado del bramido tormentoso de la lengua, morías de sed.

Sobrio el juego te parecía interesante
Sólo cuando la tinta se cambiaba por sangre. Más y más sangre.
Por eso preferías, en vez de participar en las vanidades de saloncillos
Y batallas gimoteadoras para obtener el prestigio vano de tus contemporáneos parnasianos,
Virilmente engañar con los precios de cartuchos y la calidad de la pólvora,
Sacar los naipes de la manga, combatir con los marineros.

Como mercader fatal invertiste todo el dinero en las armas,
Pasados los meses de la desesperanza africana las vendiste por limosna,
Al regresar a Marsella contrabandeaste Abesinia
En tu rodilla derecha.

Al pensar en el olor apestoso
Que durante las últimas semanas espiraba de tu pierna coja,
Aún hoy silenciosamente se indignan muchos,
Que a voces celebran el radicalismo de tus actos,
Predican la libertad del espíritu rebelde
Y proclaman tu nombre.
Muerto no puedes quejarte de nada más.
Un siglo después de la salida del innominado
Saben todos en Aden por el francés
Llamado Rainbow. O Rambo.
O algo por el estilo.

Fue como si sobre la puerta de la putería
Ataras el jarro y en él vertieras el agua envenenada,
Todo hasta que la cuerda, en la cuál está colgado, no se rompa,
Y luego tarden dieciocho años
Para que el jarro choque con el umbral y se destroce

Y los cristales menudos del hielo se dispersen por el tiempo.
   

 

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