Es un jueves polar en Buenos Aires, y habrá que seguir una larga cola de dos manzanas antes de poder ingresar al Luna Park. El jodido frío se hace sentir, ¡y de que manera! Pero lo que está por venir es una garantía para sacarse el frío, al menos por dos horas. Dave Mustaine (líder, vocalista y guitarrista) vuelve a su amada Argentina con su banda después de casi tres años.
Una vez adentro del recinto, me ubico cómodamente en una de las tribunas, esperando que los locales de Horcas finalicen su actuación. Finalizada la misma, y con un clima de ansiedad más que respirable, comienzo mi descenso hacia el campo para ubicarme lo más cerca posible del escenario, cosa que consigo de una manera extrañamente fácil para lo que esperaba.
Al fondo del tablado cae un manto negro, gigante, que simplemente tiene el logo de la banda. A la izquierda de éste, gracias a unos telones entreabiertos, puede observarse a los músicos con sus instrumentos a cuestas (excepto el baterista por obvias razones), prontos para saltar a escena. Se apagan las luces y en las penumbras puede verse como la versión 2008 de Megadeth toma su lugar en el ruedo, mientras suena la intro que antecede a “Sleepwalker” (igualito que en el disco). El júbilo estalla. Desde la primer nota queda al descubierto esa química que hay entre el carismático Mustaine y los fans argentinos, que no dejan de corear todas y cada una de las canciones.
Es un recital palero desde el comienzo, donde solo uno (“Wake up dead”) de los 5 primeros temas se repite con respecto a la anterior presentación en el vecino país; de hecho casi la mitad de las composiciones difieren de aquel recital. Aún más, la mitad de la banda cambió desde el 2005. Ahora el cuarteto se completa con James Lomenzo en el bajo (ex Black Label Society, David Lee Roth, Slash’s Snakepit, Ozzy Osbourne, entre otros) y Chris Broderick en guitarra (ex Jag Panzer, Nevermore). Lomenzo tiene antecedentes que hablan por si solos, pero que reafirma en vivo con un sonido muy sólido, el bajista que la banda estaba necesitando. Broderick por su parte, si bien no tiene una super trayectoria, hace bastante más que cumplir con creces su función, robando la atención del público en varios pasajes del concierto; uno de ellos fue cuando interpretó un fragmento del himno argentino. Completando la formación está Shawn Drover (baterista), quien ya hace un par de años que acompaña al pelirrojo cantante.
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Como ya he comentado en alguna nota anterior, el Luna no es de mis lugares favoritos para presenciar conciertos, en particular cuando son de música pesada, el sonido no acaba por convencerme del todo. De todos modos el sonido fue bastante prolijo, pero estando tan cerca del escenario, la voz de Mustaine no se apreciaba tan clara (más allá de que las vocales no sean su punto fuerte). Lo que si quedaba en evidencia estando ahí, era que la guitarra del “colorado”, estaba con un volumen un tanto más alto que los demás instrumentos.
Volviendo a la lista de temas, es obvio que no faltaron “Hangar 18”, “Symphony of destruction”, “Peace sells”, “Holy wars”, con la que como ya es costumbre cerraron el show. El repertorio contó con lo más heavy de la banda, no dio respiro alguno. La gente se fue muy satisfecha y agradecida. Un espectáculo de alto nivel, que alcanza la categoría de “muy recomendable”.
Set list
Sleepwalker
Wake up dead
Take no prisoners
Skin o' my teeth
Washington is next
Kick the chair
In my darkest hour
Hangar 18
Gears of war
A tout le monde
Tornado of souls
Ashes in your mouth
Burnt ice
Sweating bullets
Symphony of destruction
Trust
She-wolf
Peace sells
Mechanix
Holy wars |
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