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TEATRO

 

 

 
       

Lo siniestro detrás de la foto

   
       
Leo Flamia      
       

Obra: Aterciopelada

Autor: Adrián Rodríguez

Dirección: Luis Izzi

Elenco: Sofía Ott, Gonzalo Mendoza, Natalia Carrau y Gerardo García.

Funciones: viernes 21:00
Lugar: Teatro del Museo Torres García (Sarandí 683)
Entradas: $ 120

   
       

La obra se llama Aterciopelada, y el grupo que la monta Planeta Azul, inevitablemente si se juntan terciopelo y azul uno piensa en Lynch, más específicamente en Blue Velvet. No hay oreja, pero hay “muñeca frankestein.” Fundamentalmente hay una realidad sórdida detrás de una apariencia de plenitud, hay un resquebrajamiento de la realidad a la que se le coloca una camisa de fuerza que la deja agradable para la foto, que es lo que en primera instancia vemos. No estamos comparando los logros estéticos, pero hay cierto paralelismo en esa intención de mostrar una profundidad siniestra detrás de una fachada aparentemente agradable.
El conflicto ya aparece planteado de entrada, cuando la mamá Isabel monologa apoyada en algunas palabras que repite el sumiso papá Alejo. Luego aparece Aída, la hija de la pareja que está por casarse, intenta contarle algo a su madre, pero nuevamente la personalidad avasallante de la madre impide la comunicación, llevando cualquier apariencia de diálogo a una comunicación unidireccional en donde una persona habla y toma las decisiones mientras las demás solo aceptan. En el transcurso de la obra vamos descubriendo mecanismos de chantaje emocional que utiliza Isabel para manipular psicológicamente a su esposo e hija. César, el novio de Aída, parece ser en principio un escape, pero luego se sugiere que puede contribuir a reproducir el esquema de pareja en donde uno domina al otro, solo que con signo contrario, y aquí la violencia física es más obvia.
Más allá de estos comportamientos puntuales y de sucesos del pasado que han dejado una marca en estas criaturas, no estamos ante una obra con tono realista, ni hay mayor abordaje psicológico de los personajes. Lo que más parece aflorar de esta pieza es lo siniestro que aflora al querer suprimir el pasado doloroso. La negación de sucesos del pasado, el no asumirlos sino negarlos, genera como un tumor que deja inerte el futuro, que solo puede reproducir un esquema enfermizo. “Todos tenemos un pasado, mi amor, pero no hay que dejar que se convierta en un lastre, hay que tirarlo por la borda o el barco se hunde” le dice Isabel a su hija Aída, y agrega luego “Hay que mirar hacia delante, pensar en positivo, mostrar la sonrisa”. Esto fácilmente podríamos trasladarlo a otras situaciones más generales, que exceden el funcionamiento de una familia, y que sin embargo genera conflictos no menos siniestros. El ser humano no es una criatura ahistórica ni asocial, su pasado va con él, lo asuma o lo quiera negar.

Más allá de estos “contenidos” de la obra, el espectáculo funciona como tal, el director logra un crescendo dramático jalonado por algunos recursos interesantes como flashes en donde los personajes expresan en acción, para que el espectador los visualice, los deseos más violentos, y después vuelven hacia la situación original, de esta forma vamos percibiendo la represión de sus emociones. Este recurso no es original, pero está utilizado sin entorpecer el ritmo de la obra, contribuyendo a lograr una tensión casi palpable, pero que no estalla, reforzando la sensación de represión agobiante que viven algunos personajes. La luz y la música se ajustan perfectamente para que la puesta genere ese clima nauseabundo que el director busca y logra eficazmente.
Las actuaciones son lo que más detiene al espectáculo dentro de lo que solemos llamara “teatro joven”, no están mal, pero falta cierto “peso” más sombrío que seguramente estos actores logren generar más adelante. De todas formas Sofía Ott domina a su personaje, crea a una Isabel manipuladora emocionalmente, Gonzalo Mendoza también es capaz de que su Alejo aparezca como un trapo viejo al que Isabel manipula. La otra que se destaca es Natalia Carrau, con su Aída atragantada de sensaciones que no puede soltar.
De todas formas estamos ante una obra inteligente, con más de un plano de significación (uno “familiar” y otro más “arquetípico”) y un gran trabajo de la dirección que merece trascender esta temporada. También habrá que prestar atención cuando un grupo llamado Planeta Azul estrene otro espectáculo.

     

 

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