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TEATRO      
       

“Ser” en el otro

     
       
Leo Flamia      
       

Obra: Las sirvientas

Autor: Jean Genet

Dirección: María Varela

Elenco: Cecilia Baranda, Pelusa Vidal y Pilar Cartagena.

Funciones: viernes y sábados a las 21:00, domingos 19:30.
Lugar: Teatro Victoria (Rio Negro 1479)
Entradas: $ 150.

   
       

Como se indica en el programa de mano, Jean Genet nació en 1910 y, abandonado por sus padres, fue educado hasta los 8 años en asilos públicos, iniciando desde los 10 una vida vinculada al delito y a la reclusión en prisiones para jóvenes. Es en la cárcel que empieza a escribir, mientras su vida lo lleva a la Legión Extranjera, a experiencias homosexuales que lo terminan desvinculando del ejército y a una regular visita a las cárceles. Luego de diez sentencias hacia 1948 Genet estaba apunto de ser recluido en cadena perpetua, pero la intermediación de varios intelectuales le valió el indulto del presidente De Gaulle, quien tendría una posición similar en los sesenta cuando decía que “no se puede encarcelar a Voltaire” cuando le pedían que encerrara a Sartre. Genet Murió en 1986.

“Las sirvientas” se representó por primera vez en 1947 en el Ateneo de París bajo la dirección de Louis Jouvet. Si bien el autor había reclamado que fueran actores adolescentes quienes interpretaran a los personajes, Jouvet montó la obra con actrices. Sobre esto indica Sartre “La verdad es que Genet quiere enseguida “radicalizar la apariencia”. Una actriz puede, sin duda, representar el papel de Solange, pero la irrealización no será radical porque no necesita representar que es mujer…”

El disparador anecdótico de la pieza fue un hecho policial real en que dos hermanas empleadas domésticas asesinan a sus patrones. El pasado del autor explica en parte el interés por volcar esto al teatro. Pero el mismo Sartre da algunas pistas más “Genet cree que hay que lanzarse al mal para llegar al bien”… “solo cuando el hombre ha sido reducido a su más bajo nivel –cuando está condenado a muerte o a prisión perpetua, o es despreciado por el mundo como traidor, etc.- puede comenzar a reconstruir la humanidad”.
La obra comienza con una “representación” de las dos hermanas que juegan a ser señora y sirvienta. Aquí encontramos una de las motivaciones que Genet tenía para que fueran hombres quienes hicieran estos papeles, tenemos representación dentro de la representación y Genet era radical en su propuesta. Porque estas hermanas han perdido su identidad, son “Puras emanaciones de sus amos”. La propuesta de esta versión atiende especialmente esta pérdida de la identidad, la misma María Varela indica “dos mujeres que han perdido su imagen, en forma desenfrenada tratan de encontrar su identidad”.

El espléndido trabajo de Osvaldo Reyno en la escenografía y de Soledad Capurro en el vestuario se combinan no solo para que Clara y Solange en tanto personajes se manifiesten sin identidad, sino para que parezca que son hasta orgánicamente una emanación de esa escenografía que parece estar en descomposición. Los personajes que interpretan Cecilia Baranda y Pelusa Vidal no son más que ese juego que representan y que ya nos va mostrando que sus identidades se definen en relación a la señora. “Existes gracias a mi y me desafías. No puedes saber lo penoso que es ser la señora, Clara, ser el pretexto de tus melindres” le dice la misma Clara a su hermana en ese juego inicial. Aman a la señora y la odian, quieren convertirse en ella y aniquilarla. Claro que aniquilarla puede ser aniquilarse a si mismas en el planteo de Genet.

La directora, quizá llevada por el diseño de la escenografía, omite algunas acciones, la llamada del marido de la señora, el envenenamiento final. Pero logra la representación de esa falta de identidad con una gran fuerza visual. Quizá lo que falte sea agresividad. O terminar de explotar la “ritualidad” que se promete al inicio, con el simbólico y sugestivo “telón” que al elevarse da comienzo a la obra. Es verdad que esto sería traicionar en algo a Genet, al que le interesaba explotar lo “irreal” del teatro, pero aquí parece haber algo que queda a mitad de camino.

Las actuaciones se adecúan al tono “trágico exacerbado” que pedía Genet, y obviamente se destacan Pelusa Vidal como Clara y Cecilia Baranda como Solange, en quienes recae el mayor esfuerzo actoral de la pieza. De todas formas el espectáculo se valida fundamentalmente por una de las puestas visuales más imaginativas e impactantes que hemos visto este año.

     

 

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