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TEATRO      
       

Arturo Fleitas - Reportaje

     
       

Entre Paraguay y Montevideo, “Amor de invierno”

     
       
Leo Flamia      
       

“Yo me largo mucho a que el actor sea el centro y que cree todo lo que haya que crear” Arturo Fleitas

Arturo Fleitas nació en Paraguay, llegó por primera vez a nuestro país cuando tenía 24 años y desde ese momento ha vivido la mayor parte de su vida aquí. De todas formas nunca rompió lazos con el Paraguay, de hecho volvió a vivir diez años allí antes de volver a Uruguay definitivamente. Fue el propio autor de la novela “Amor de invierno”, Mario Halley Mora, quien lo consideró la persona idónea para adaptarla al teatro. “Me sorprendió mucho cuando el autor me envió su novela, con una dedicatoria en la que decía que le gustaría que yo hiciera la versión teatral” cuenta Fleitas y agrega que en ese momento “no la hice porque teníamos divergencias políticas e ideológicas muy fuertes y entonces lo dejé ahí. Hasta que un día Sara Larocca me preguntó si tenía algún material como para ella, le di esa novela para que la leyera y le encantó, hice la versión para Sara y la presenté en El Galpón pero no gustó. Después me puse a trabajar con estos muchachos como ejercicio de escuela, con Carla (Brum) y con José (Iglesias), hice una versión con dos actores, nos pusimos a trabajar, salimos a algunos festivales en Argentina (en Formosa y Montecaseros) y funcionó tan bien que sentimos que era el momento de que se largaran con un espectáculo para el público en general. Ahí llamamos a Carolina Piñeyro y a Gustavo Rodríguez y armamos esta versión para cuatro actores. Y dio este resultado, desde las primeras funciones las localidades se agotaban, hacíamos solo los jueves, y las entradas se agotaban desde el mismo lunes que habríamos la boletería. Por eso El Galpón decidió darnos un día más y tenemos el mismo resultado, el lunes se agotan las entradas del jueves y el martes las que quedan para el viernes. Es un fenómeno que creo que tiene que ver con la ternura del espectáculo, lo bien escrito, lo bien dialogado que está, debo decir que la mayoría de los diálogos son de la novela original, lo respeté muchísimo.

Algunos capítulos están comprimidos en una misma escena.

Si, sobre todo la parte final, y eso le gustó mucho al autor, porque después sí lo conocí, cuando tuve la versión fui ha hablar con él para que me diera la autorización, y a él le gustó mucho la solución esa del final en que se une todo, el juicio, la enfermedad y la muerte de ella en una sola gran escena. Y me dio inmediatamente la autorización para hacerla, que es muy excepcional, porque me autoriza ha hacerla en cualquier medio, en teatro, cine o televisión, y en todo el mundo. Él murió hace algunos años, pero los herederos, que armaron la fundación Halley Mora, están felices con todo esto, yo les mando los recortes, todo lo que sale y están muy felices porque es un autor que ya no se estrena más en Paraguay, se usan muchísimo las obras de él como ejercicio de escuela para teatro juvenil, pero profesionalmente no se estrena más, y estaban extrañando el hecho de que su padre, o su abuelo, no estuviera más en los escenarios.

La psicología de los personajes es muy sencilla, son muy simples y a partir de allí me pareció interesante la zona de actuación que manejan, que no intenta ser realista. Porque además el hecho de que sean dos actores jóvenes los intérpretes dificultaba más eso, no iba a funcionar una interpretación más realista. Y ese manejo de la actuación es totalmente acorde a la simpleza de los personajes y forma parte de que funcione como espectáculo.

Si, si, y hay que adaptarlo, en la versión para dos ellos ni siquiera tienen maquillaje, en esta versión sí decidimos caracterizarlos un poco, pero en la versión para dos ellos actúan con su color de pelo natural y sin arrugas, sin nada de eso, incuso hacen varios personajes. Tenemos una versión para dos, una versión para tres y una versión para cuatro. Y el desafío de que actores jóvenes hagan de viejos es fuerte incluso para actores ya profesionales y de experiencia. No es fácil hacerlo sin caer en el clisé del viejo arrugadito y hablando tembloroso, y fue un trabajo muy lindo, nos llevó mucho tiempo hacerlo.

Este tipo de espectáculos parece ideal para revisar la visión de mucha gente de que el teatro aburre, llevarlo a lugares en donde no haya hábito de asistir al teatro puede ir generando nuevos públicos.

Esto no aburre, es más, haciéndolo fuera del teatro es muchísimo más eficaz, porque le gente se siente en su lugar, se mete, interviene, ya lo hemos hecho, es muy interesante el fenómeno que ocurre. Y además son nada más que dos sillas que pueden ser del lugar. Acá lo hemos hecho en cooperativos de vivienda, en Punta de Rieles, en Nuevo París, en un aniversario del Sindicato de la Aguja…

   
       

¿El que la escenografía consiste solo en dos sillas fue algo pensando en un espectáculo que fuera fácil de trasladar?

Yo tiendo mucho a que todo sea ínfimo, esto tenía más escenografía cuando empezamos, y se fue suprimiendo. Hace 5 años que venimos trabajando con estos muchachos y todo lo que estamos haciendo lo hacemos con dos sillas, es un experimento, a mi me parece que con esas dos sillas basta, que se pueden usar de otra cosa además. Yo me largo mucho a que el actor sea el centro y que cree todo lo que haya que crear, entonces entran solamente los elementos imprescindibles, aquí optamos por tener un vestuario frondoso porque es necesario hacer esos cambios de tiempo, además se habla mucho de la ropa, pero hemos hecho cosas en las que hacemos todo con la misma ropa y esas dos sillas nada más.

 

LAS FRONTERAS CULTURALES DE AMÉRICA LATINA
Alguna vez escuché decir que el cine latinoamericano es el que menos se conoce en Latinoamérica. Pasa también con la literatura, la literatura paraguaya en Montevideo casi no se conoce, se conoce a Roa Bastos pero no mucho más, con Brasil pasa lo mismo. Con Argentina sí tenemos un intercambio más fluido, pero de lo que está pasando en Paraguay, en Chile, en otros países de Latinoamérica no tenemos mucha idea. ¿Cómo ve eso?

Por un lado esto del aislamiento tiene que ver con la industria de la publicación y con la distribución, pero también tiene que ver con el poco interés que hay en el Río de la Plata con lo que pasa en países como Paraguay o Bolivia. Realmente el rioplatense mira muchísimo más a Europa o a los Estados Unidos, los grandes centros de cultura, que a los países más cercanos. Y además, yo lo puedo decir con toda propiedad, hay bastante subestimación de lo que se produce en estos países chicos, y una subestimación que no tiene razón de ser, porque en literatura el Paraguay es muy rico, tiene una industria editorial enorme, es más fácil publicar allá que acá por ejemplo, porque los costos son más bajos precisamente por esa enorme cantidad de editoriales. Y si habláramos de cine Bolivia nos lleva décadas de adelanto, hace muchísimo que Bolivia está haciendo cine, y buen cine. La característica que tiene Uruguay, y a mi me asombra realmente y admiro mucho a los uruguayos, es que teniendo tan poca producción cinematográfica esta sea de tanta calidad. También me pasa con Paraguay, que está empezando a producir cine ahora y las tres o cuatro películas que han salido para afuera han obtenido premios en festivales internacionales, acá llegó solo una. “Hamaca paraguaya” (de la directora Paz Encina, año 2006). Yo hace poco estrené un corto en Paraguay llamado “Karaí Norte” (de Marcelo Martinessi, año 2009), que se presentó en dos festivales y en el segundo ya obtuvo el premio al mejor corto iberoamericano (en la edición 24 del Festival Internacional de Cine en Guadalajara), compitiendo con un centenar de cortos más, o sea que no hay que ser tan subestimador con estas cosas. Y después creo que la misma historia ha llevado a estos países, por su encierro en el fondo del continente, a un autoaislamiento. También es cierto que nunca vas a ver a un paraguayo tratando de llamar la atención. Son gente realmente modesta, por ejemplo Roa Bastos era un tipo de enorme timidez, el asunto es que su obra superó aquella timidez y se hizo universal, sobre todo con “Yo el Supremo”, pero ya antes Roa Bastos tenía una carrera larguísima de grandes novelas. “Hijo de hombre” por ejemplo, para mi es una obra que da para 5 o 6 obras de teatro o películas, solo esa obra, imposible que en las artes escénicas podamos agarrar una de las obras de Roa Bastos en un solo producto. Es muy rico todo esto. Y creo que si, que llega muy poco.

Yo vi “Hamaca paraguaya” en Cinemateca, casi el único lugar donde se exhiben ese tipo de películas, pero en general llegan justamente después de que ganan un premio en Europa, lo que vemos hace ese circuito, tienen que venir premiadas para recién poderlas ver acá.

(Se ríe), en el 2007 cuando pedí permiso en El Galpón para ir ha hacer esta película conté todas las características, que iba ha ser filmada en el medio del Chaco paraguayo, en 16 mm, en blanco y negro, y me decía una compañera “¡Pero Arturo por favor!, ¿Irte al medio del Chaco a filmar un corto en blanco y negro? ¿Porqué no te quedás acá mejor?” Allá fui, y cuando se vieron los resultados realmente esta compañera quedó muy sorprendida. Sorprende que el Paraguay produzca cosas buenas, no se espera. En cambio no sorprende, eso se lo ha ganado el Uruguay, que aquí se hagan buenos productos artísticos o culturales. No sorprende porque efectivamente tiene ya una larga carrera de autores literarios, en cine está teniendo muy buenas cosas. En teatro ya tiene un largo prestigio ganado. Nos critican algo que seamos poco audaces en las formas, pero reconocen sí la calidad del teatro uruguayo, la calidad técnica, los actores, aunque somos un poquito criticados por ser un algo conservadores en las formas.

   

 

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