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CINE      
       
El Planeta Rojo      
       

Pablo Martín Cerone (Mar del Plata)

     
       

Gracias a los increíbles archivos de mi amigo Darío Lavia, hace unos días me encontré con una película soviética de ciencia ficción de 1924 (!) en la que, en un momento dado, hay una revolución de trabajadores marcianos que termina con la constitución de ¡una república socialista en el Planeta Rojo!

El más que bizarro filme en cuestión es "Aelita, Reina de Marte", pertenece obviamente a la época anterior al cine sonoro, y es un pastiche de ciencia ficción, melodrama, cine costumbrista, policial y un particular mensaje político... pero no particular por las razones obvias. Fue dirigida por Yakov Protazanov, y fue uno de los grandes éxitos de público de los años '20 en la desaparecida URSS.

La película se hace muy larga (1 hora 53 minutos) y no solamente porque el cine mudo acompañado por música tocada en un piano no es para cualquiera: también hay demasiados argumentos secundarios que no se ensamblan bien con el principal. Hay que destacar que las actuaciones son extrañamente realistas para la época, o sea, bastante modernas, y merece un párrafo aparte el aspecto visual, que es la segunda razón por la que hay que ver esta película (la primera es la ya citada declaración del socialismo en Marte, a esta altura, debo decirles, uno de mis momentos inolvidables de la historia del cine). Los decorados y las vestimentas cubistas de Marte, la estética constructivista de algunos escenarios (obra de Aleksandra Ekster - clic aquí para ver algunos ejemplos) han resistido mejor el paso de las décadas que el arte visual pretendidamente futurista de la alemana Metrópolis, y mucho mejor que el de los involuntariamente hilarantes seriales norteamericanos de Flash Gordon, ambos casos posteriores a "Aelita" en algunos años.

El argumento, siendo bastante sintético, es algo así: en 1921, plena reconstrucción de Rusia tras la guerra civil, un ingeniero llamado Loss recibe un extraño mensaje proveniente de Marte y dedica sus energías a idear una nave interplanetaria que le permita llegar allí. En realidad, dedica a ello sólo una parte de sus energías: la otra se consume en los celos que siente por el cortejo que un corrupto funcionario menor del Partido Comunista, Ehrlich, dedica a su esposa Natasha. Mientras tanto, la reina de Marte, Aelita, aprovecha un telescopio recién construido para espiar la ida en la Tierra, y termina enamorándose de Loss. Con la ayuda de un idealista soldado del Ejército Rojo, Gusev, y de un torpe policía amateur, Kravtsov, Loss escapa de una situación desgraciada rumbo a Marte, donde los tres desatan una revolución en un estado esclavista que recuerda a los imperios de la Antigüedad (Egipto, Babilonia, Roma) y que, en directa alegoría del desempleo en el sistema capitalista, congela a los trabajadores cuando no los necesita. La enamorada Aelita (que reina pero no gobierna) apoya a Loss pero en realidad pretende usar la revolución para hacerse con el poder absoluto, y cuando éste se da cuenta de cuales son sus intenciones... Mejor no anticipar nada.

Decía que el mensaje político dista de ser el obvio porque la revolución socialista marciana sucede en un sueño, del cual el protagonista termina abjurando. (Para una película con claras connotaciones de propaganda ideológica, o se trata de un desatino mayúsculo o es una manera elegante de sabotear esa propaganda). Tengamos en cuenta además el aprovechamiento que Aelita hace de una revuelta popular para asumir el poder absoluto (¿una crítica a la Revolución de Octubre?), y las características de los personajes principales. Ehrlich, funcionario del Partido, aprovecha su posición para mejorar su situación personal. (Que no se pase por alto que el apellido del funcionario infiel no es ruso, sino judío o, en todo caso, alemán del Volga). Loss viaja a Marte, pero este viaje es una manera de escapar de la realidad: de hecho, huye de que intentó matar a su esposa (¡qué extraño héroe!). Natasha es una comunista compasiva con los pobres, pero cede a la tentación de los lujos burgueses. El policía es un payaso torpe. El único que sale ostensiblemente bien parado es Gusev, el soldado cuyos ideales lo hacen un ejemplo del "hombre nuevo" que buscaba el comunismo: en este contexto ¿no parece ser el peaje ideológico que se pagó para poder pasar el resto?

Aquí van enlaces a los informes sobre Aelita en Wikipedia e IMDb (en inglés). Y aquí, a una parte del filme que se puede ver por You Tube.

 

   

 

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