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CINE      
       

Por qué hay que verlas, o volver a verlas

     
       
Maxi Aulet      
       

O Brother, Where Art Thou? (2000)
Titulo en español: ¿Hermano donde estas?
Dirigida por Joel Coen y su hermano Ethan (este último no figura en los créditos).
Actúan: George Clooney, John Tuturro, Tim Blake Nelson

Definida por los propios directores como una mezcla de “La odisea” (debido a que coinciden deliberadamente muchas de las situaciones, personajes y sus nombres) de Homero, con los tres chiflados, es esta una de las comedias más simples, efectiva y al mismo tiempo inteligente de la última década.

Hay que admitir que Clooney (Ulysses Everett McGill) se sale de los límites, se come la película, plasmando al máximo ese comediante que tiene dentro; pero sus compañeros de aventura John Tuturro (Pete Hogwallop) y Tim Blake Nelson (Delmar O’Donnell), también están a la altura de las circunstancias.

   
       

Everett, Pete y Delmar, son tres convictos en el Mississippi de 1937. Un buen día se fugan y van tras un botín escondido tiempo atrás por Everett. Esa misión no será tan sencilla como esperaban, ya que los servidores de la ley los siguen de cerca. A esto se suma la carrera contra el tiempo, debido a que en cuestión de días, el terreno donde deben buscar estará cubierto por agua gracias a la construcción de una represa hidroeléctrica.

En el transcurso de la narración, descubriremos una galería de diversos personajes tan terrenales como fantásticos (sirenas, cíclope, etc.), que no hacen otra cosa que aderezar la historia.

Hay además dos elementos que se destacan notablemente en la película, y que colaboran con el traslado del espectador a ese punto en el tiempo y el espacio. El primero es la corrección digital del color, consiguiendo unos matices sepia que logran, según palabras del propio director de fotografía (Roger Deakins), “…el aspecto de una vieja fotografía entintada a mano…”.

El otro elemento que cobra vital importancia incluso dentro del relato, es la música. Mezcla exquisita de folk, blues, country. Una banda de sonido muy disfrutable (dicho sea de paso tuve la suerte de escuchar antes de ver el film), que termina de redondear este impecable trabajo de los hermanos Coen.

   
       

The Straight story (1999)
Titulo en español: Una historia sencilla
Dirigida por David Lynch
Actúan: Richard Farnsworth, Sissy Spacek, Harry Dean Stanton

Lamentable pero inevitablemente en este caso, se pierde parte de la gracia con la traducción del título, ya que Straight, además del significado que se le adjudica, es el apellido del protagonista.

Esta película basada en hechos reales, cuenta la travesía de Alvin Straight. Un hombre de campo de 73 años, con dificultades para caminar, que al enterarse del delicado estado de salud de su hermano Lyle (con el cual no se ha comunicado por varios años), decide visitarlo. No tiene mejor idea que utilizar como medio de transporte una podadora (de esas que parecen un tractor en miniatura). El problema es que debe recorrer más de 500 kms. desde Laurens, (Iowa) hasta Mount Zion (Wisconsin).

En esta suerte de “road movie”, Alvin se topa con mucha gente “normal” con la cual comparte experiencias de vida. Gente de las que aprende y al mismo tiempo enseña cosas. Cosas de las que todos deberíamos sacar apuntes.

Se dice de este largo, que es el trabajo “menos Lynch de Lynch”. Justamente por no tener esos personajes extravagantes, a los que el director nos tiene acostumbrados. Solo aparece gente real, en situaciones reales. Muestra de eso son: la adolescente embarazada que huye de su hogar, por miedo a la reacción de sus padres; la mujer que se baja muy alterada de su coche al atropellar un venado en la carretera, y diserta acerca de las cosas que no se pueden cambiar; y quizás una de las mejores frases de todo el film, se da cuando comparte campamento con un grupo de ciclistas. Encontramos a Straight reflexionando acerca de ser viejo, diciendo que lo peor de serlo es “…recordar cuando eras joven.”
Aleccionadora, calma, tierna, pero nunca empalagosa.

   
       

Gigante (2009)
Dirigida por Adrián Biniez
Actúan: Horacio Camandulle , Leonor Svarcas, Federico García, Fabiana Charlo

La sinopsis que encontramos en el sitio web oficial del film, dice: “Jara, un guardia de seguridad del turno de la noche en un hipermercado, se enamora de una limpiadora del lugar a la que espía a través de las cámaras de vigilancia. Pronto la vida de Jara se convierte en una serie de rituales y rutinas alrededor de ella y su deseo de conocerla.”

El gran merito de la película, o mejor dicho de su director (Adrián Biniez), es la construcción de los personajes, donde también aportan un gigante grano de arena los protagonistas, tanto Camandulle (Jara) como Svarcas (Julia). Es obvio que todas las miradas recaen sobre el primero, ya que sobre el y sus actos gira el largometraje, y lo hace más que convincentemente. Svarcas por su parte cumple con la tarea de transmitir sin dialogar.
Hay quienes se han puesto a discutir si un guardia de seguridad puede ser así o si una limpiadora puede ser asa. Sin embargo no hay lugar para ese debate, los personajes tienen las características que tienen, y sí, pueden existir.

El “security” es un fanático del metal, como lo documentan la música que (se) escucha y las imágenes que cuelgan de la pared de su cuarto. Un tipo grande con corazón de púber, con ética y códigos particulares, pero validos. Como bien dicta la sinopsis, un buen día se enamora de una chica con la cual no ha intercambiado palabra alguna. A pesar del surgimiento de esa “…serie de rituales y rutinas alrededor de ella…”, la condición timidota de Jarita (así lo llaman algunos compañeros de trabajo) no le permite comunicarse con el objeto de su deseo, de quien no se sabe demasiado. Es justamente esa ausencia de comunicación, el no dialogo al que hacíamos referencia, lo que alimenta la imagen mística de la coprotagonista; esa sensación que (supongo) todos hemos tenido al enamorarnos, poniendo a un simple mortal de carne y hueso en un pedestal.
Es también digna de resaltar, la labor del “hipermercado”, siendo testigo estático pero no intrascendente de gran parte de la crónica. No porque si, un lugar tan común, sirve de nexo entre gente tocable, que perfectamente se pueden encontrar en la puerta de enfrente.

   

 

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