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Especial Eduardo Darnauchans
     
       

Muchos somos Darnauchans

     
       

Sara Mago

     
       

En el Universo Mágico, intangible pero contundente, hay diversas rutas de navegación y estancia. Por ejemplo, la Ruta Mágica Intelectual, que no es la de la lógica cartesiana, sino otra que junta en su camino todo el polvo de la sensibilidad que suministran los sentidos, cuando estos se proponen hacer sentir, (otra función de los sentidos es guiar). Andar ese camino puede ser traducido por frases como viaje duro este que vamos haciendo desde una fecha… Esa Ruta no se aleja del plano Real sino que se acerca a ese plano y hasta con peligro, amenaza la falsa paz del mundo realizado hasta ese momento, que se institucionaliza como Real. Lo amenaza de poesía.

Transitando esa ruta hay naves integradoras, que también son agujeros negros, avioncitos de papel y pompas de jabón, que se conforman de almas de individuos. Por ejemplo, Eduardo Darnauchans es una nave conformada por Washington Benavídes, Circe Maia, Eduardo Milán, Víctor Cunha, Carlos Da Silveira… Cada uno de ellos, a su vez, son los otros y otros. La nave es nave y tripulantes a la vez, sin embargo, se podría decir que hay una gestualidad en el timón de los Carlos Max, los Sartre, los James Joyce, los Neruda. Las partes o almas de la nave van cambiando y permaneciendo à la Circe, y así son partes de la nave-darnauchans, Sergio Ferrando, Juan Carlos Seoane, Eduardo Lavadí, César Caorsi, entre otros, quienes intercambiaban combustible esencial a través de charlas, libros, cartas y madrugadas de filosofía y cigarrillos en la Plaza Colón de Tacuarembó. La nave es Fidel Sclavo, Gustavo Alamón, Agamenón Castrillón, Esteban Klisich, Inés Trabal, Fernando Cabrera, Shyra Panzardo, Alejandro Ferradás, Roberto Genta... La nave es Atahualpa Yupanqui, Bob Dylan y Leonard Cohen.  La nave es Tancaleano, el Chichí, el Pavita, el Yayo, María, Maneco y todos los parias vagabundos, estetas decadentes. La nave es Chichila, mujer-amiga-amante-madre-hermana.

Y así todo. Eduardo Darnauchans no es aquella foto, aquella huella digital, sino la sempiterna nave que transita la Ruta Mágica Intelectual, a veces con rumbo hacia Sansueña, otras hacia la luna del siempiés. Nunca llega para cumplir con las leyes de gravedad del romanticismo.

La nave-darnauchans es un dulce niño que pone el sentimiento en su pompa de jabón. Yo pongo el corazón.
   

 

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