1979, descubro Sansueña entre los discos de mis hermanos, canto sus canciones y veo pasar el mundo desde un pueblito de Canelones. El tren demora 3 horas y media en llegar a Estación Central.
1981, me topo con Zurcidor en el Palacio de la Música, me encierro en las cabinas
a escucharlo, me tienen que pedir que me vaya. Saco sus temas en la guitarra: Balada, Pago, etc. Lo veo en el Sorocabana, voy a recitales, el Teatro del Notariado. Empiezo a leer al Darno, más que a escucharlo.
1999, nunca imaginé que nuestra primera conversación fuera a raíz de un afiche que le hice para un recital: “el mejor que me hicieron hasta ahora” un cumplido raro, yo quería hablar de literatura. El pánico artificial de fin de siglo. Le hago escuchar El trigo de la Luna a un catalán, le describo al Darno como un trovador elegante y genial que ha sostenido su “capricho” frente a cualquiera. Amanece en Barcelona, sale el sol pero hace frío.
2003, largos encuentros en el Mincho, escribimos dos canciones verso a verso, cada vez me quedaba más claro que lo había conocido personalmente, tarde.
2008, un amigo revisando mis mp3 me pregunta porque tengo cosas tan diferentes como: Peter Murphy, Zitarrosa, Anthony and the Johnsons y Darnauchans, le contesto que principalmente por sus letras… y por su elegancia… y por sus caprichos. |
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