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Especial Eduardo Darnauchans
     
       

Perdonen la tristeza

     
       

Agamenón Castrillón

     
       

7 de marzo de 2009. El tipo volvió sobre sí mismo como el escorpión que levanta la cola  y se clava la muerte de él: como en el verso del Viejo Beltrán Martinez “están cerrando el círculo en que lloras”...  Eso lo aprendí cuando el Negro Richard Piñeyro (tac tac) escribió en una vieja Reming ton  sus Car tas a la Vida:  “que se mueran toditos, toditos los feos...” mientras se escondía atrás de sus bigotazos de La Paz sin filtro  (sin ninguna Comisión de nadie que lo ampare) y se picó con el veneno mortal para no herir a otros nadie porque de tan feo no tenía otra cosa que ternura para an-dar por este mundo frío y cortante.  Eso ya lo sabía Empédocles  cuando desapareció misteriosamente en el Etna y Ped®o lo sabía, cuando se hundió en el boliche del Barón de Carumbé dentro de la panza de una damajuana de 10 litros de vino harriague, ahora tan cepa. Y Li po, más empedo cle yo, lo sabía,   fundiéndose en el río para atrapar la luna que se miraba en la gris hermana de azogue que se reflejaba en el vasto cristal azogado de la lámina del cielo de zinc. Todo eso ya lo sabíamos... que podía pasar... en Sansueña... y que podíamos hundirnos en el sombrero del Darno como en un tren que desapareció por el agujero del tiempo en los bebederos de la estación Colón: cosa de locos: lo juro, yo no era así... todo fue por una noche que se ha empecinado en mí.

Perdonen la tristeza, pero hoy es 7 de marzo sobre las orejas de mi burro.... me voy a encontrar con Eduardo en la Plaza Juan de la Cruz,  para terminar de traducir  aquella canción de Belchior que nos quedó inconclusa: Galos, Noites e Quintais :
   
       

Quando eu não tinha o olhar lacrimoso,
que hoje eu trago e tenho;
Quando adoçava meu pranto e meu sono,
no bagaço de cana do engenho;
Quando eu ganhava esse mundo de meu Deus,
fazendo eu mesmo o meu caminho,
por entre as fileiras do milho verde
que ondeia, com saudade do verde marinho:

Eu era alegre como um rio,
um bicho, um bando de pardais;
Como um galo, quando havia...
quando havia galos, noites e quintais.
Mas veio o tempo negro e, à força, fez comigo
o mal que a força sempre faz.
Não sou feliz, mas não sou mudo:
hoje eu canto muito mais.

     
       
Afectuosamente, Agemón.
     

 

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