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Especial Eduardo Darnauchans
     
       

Los discos de la abuela

Eduardo Darnauchans - Sansueña (1978)

   
Raquel Diana      
       
"Si alguna vez me pierdo, que vengan a buscarme aquí a Sansueña", dijo el poeta Luis Cernuda      
       
30 años después, ver el disco me hace sentir mal. Es culpa del nombre y la ilustración. Sansueña es un lugar maravilloso que existía en alguna parte, que no era Montevideo en 1979. “En el bosque” de Henri Rousseau, acomete desde la carátula. Tras su máscara cándida, la pintura desnuda el terror de una mujer perdida entre los árboles. Un bosque representa, dicen, lo peligroso del inconciente devorador y ocultante de la razón. Es el lugar de los demonios, las brujas y los enemigos, reflujo medieval. Cada uno en su aldea o su castillo, rodeado por el misterio y el espanto.

Una mujer perdida en el bosque éramos en 1979.
Las primeras notas de acero hieren, me dicen “cuando te sientas sola frente a la oscura puerta”, ¿hablabas de amor Víctor?, si, he cantado tus versos toda vez que hubo desamor, pero “solo el árbol y el aire en la plaza sombría” era el país, y la “rosa imaginada” sería la vida que estaba y no.
Las “cápsulas” para morir eran una opción disponible, que el Darno ofrecía en su forma más letal el “blues”. No elegirlas era la decisión de cada día.
     
       

Los niños en “su pompa de jabón” eran dulces, y poníamos el corazón, el sentimiento y el contento. Acunábamos la ilusión.
La paloma se fue, mirábamos bajo del llanto, poeta Benavides, escapábamos.

Cuando decidieras marcharte, Darno, nadie, creías, te iba a esperar y le erraste viejo: todavía te esperamos. Y vinieron las flores y te seguimos, escuchamos. Aunque no tengas pituitaria, ni puedas alegrarte, te celebramos, somos felices de haberte tenido.

De soledad todos somos incurables. Eso ya se sabe, no tenías porqué repetirlo con dulce voz, maldito encantador.
Bamboleantes hacia Sansueña, la noche se empecinó en nosotros y no podíamos llegar.

No hay nada más antiguo que lo que acaba de envejecer, como una canción de Los Beatles, pero dice poeta Benavides que eso viejo da fuerza para doblar a la vida como a un toro en la arena. ¿Por qué habría que doblar a la vida? Había un toro en el bosque al que doblegaríamos con la fuerza de la música.

En medio del disco el oasis del amor, o en todo caso no importa que no me quieras, miente, el amor, miente piadosamente y acaricia.

Para desatar enredos, un poema mayor, otra vez de padre Benavides. ¿Por qué siempre te sentiste tan viejo, Darno? No es justo, no tenés derecho a cantar con voz de juventud, ese tango disfrazado de rock and roll. No habías perdido todavía.
Ahora si, me habla un muerto. Lo sé. No me asustaste hace 30 años con ese poema más bien espantoso.

Ahora si. Muerto. Eterna estola gris en mi cuello. No puedo perdonarte la muerte.

Cuando me pierdo voy a Sansueña. Cualquier día de estos nos vemos.
   

 

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