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Intertexto Nº 5      
       

La luna llena de luna, estaba detrás del cielo estrellado, (nunca estresado). Como si detrás de ese cielo, todo fuera un plano de luna y lo que se viera fuera por un agujero en el cielo. Sin volumen, lejana y desbordante.

la vigilia es una puerta peligrosa “ estaba diciendo Laura Alonso, vestida de blanco luna y ensimismada en sus hojas llenas de poemas. El poema que leyó es parte de un libro a salir en breve. Vamos a pedirle que nos diga algo sobre esa noche en el Mojo de Solymar y sobre ese libro a punto de aparecer.

Laura- Sin dudas, la noche toda, el entorno, conspiraron para que el Mojo haya adquirido un clima particular. A la propuesta sumamente variada se sumó un público silencioso que acompañó con particular atención. Algo bastante difícil con grillas tan abultadas. La escucha suele darse de manera más accidentada y dispersa. Los presentes, todos, estuvimos bastante compenetrados con los haceres del otro. Con los decires y cantares de cada uno de los que fueron pasando por el entarimado en “ele”. Las noches de verano son ideales para actividades así y sin embargo, con la costa generosa que tenemos, no abundan.  También por eso creo que fue un acierto. Todos estamos un poco más despejados por estas épocas; no tan a las corridas. Quizás, con mucha más capacidad de silencio y disfrute.

Muy buena la presencia de gente bien bien joven. Gente que está haciendo sus primeras incursiones en poesía. Siempre me parece que cuando eso pasa alguien se está “salvando” de algo. A juzgar por lo que se ve alrededor, todos los días, bien cerquita, es esperanzador. Es como acceder a una pequeña contracara.

La música matizó especialmente. Por ejemplo, me gusta mucho la voz de Mariana Figueroa; lo que hace. También, todo un descubrimiento para mí, el chico que cerró, Jantos. ¡Y gente que cantó a capella!

Me parece que hubo propuesta musical, poética y visual con inflexiones de clima (algunos textos de humor, muy buenos, agregaron los quiebres, tan necesarios). Bien variado. Hasta un narrador tipo narrador oral, como esos que uno quiere encontrarse en los fogones. Además, el espacio invitaba a la reunion, a la comunión. A veces esta clase de eventos se vuelven demasiado  contracturados y a la vez, tan dispersos. Me parece que junto con el lugar y la noche, el hilván de Miguel Ángel Olivera jugó un papel bien importante para darle entrada a la variedad y esa escala casi de comadres y compadres. Esa cosa de entre nos.

A mí me generó mucha comodidad a la hora de leer. Tal vez por eso preferí no usar el micrófono. Casi se me apaga la voz, muy al principio. Escogí leer unos fragmentos agrupados bajo el nombre ángel eléctrico. Poseen una velocidad y abigarramiento que exigen bastante de la lectura en voz alta. Es la segunda vez que los leía en público.  Constituyen la primera parte (algo así como un primer capítulo) del libro que proyecto publicar en alguna fecha del próximo otoño.

   
       

Para ser precisos, el libro es un libro y una plaqueta. Ésta es parte de la misma “trama” pero el poema que contiene no podia leerse pasando las hojas en horizontal. Pedía una lectura vertical, un desplegable. La plaqueta ya está editada con ed. Yaugurú y sale por su sistema de suscriptores este año.

El nombre del libro es “espejismo en reiteración real” y fue escrito en un tiempo casi alucinatorio, medio demencial. Es la primera vez que me decido a publicar tan rápido. O sea, sin bien tuvo corrección y un agregado casi al final de 2010 (en realidad, ahora estoy en eso: corrigiendo) tengo la profunda convicción de que tengo que dar este salto al vacío. Ponerlo entre dos tapas y a la vista. Eso tan movilizante, que me mantuvo varias madrugadas escribiendo, no puede quedar encajonado. Ya lo he hecho y es medio funesto. No sé, hay una voz interior que hay que respetar. Si está diciendo “dale”, bueno, hay que hacerlo. Y además, ahora tengo la oportunidad. Después, nunca se sabe. Últimamente creo mucho en el proceso de escritura y lo que va dictando. Corregir es necesario y hasta diría, obligatorio. Pero tampoco irse al otro extremo, cosa que he hecho ya muchos años. Después de todo, ningún poema es un poema “perfecto”, salvo un puñado de ese infinito que es la poesía de todos los tiempos. Además, este año vamos a seguir con el proyecto DECERRADORES, que es un colectivo entre banda de música y puesta oral de poesía. Ya hemos hecho algunos textos de este libro en público pero queremos agrandar la propuesta, incluso con textos de otros poetas y canciones de los demás integrantes.

No pude ir al Mojo en Guambia pero recibí muy buenos comentarios. Sin dudas, la version veraniega es una muy buena idea a seguir. Incluso, como dijo Agamenón, para cerrar con un fueguito en la playa, ahí nomás, a una cuadra. Ojalá se repita.
   
       

 

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